Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio tercero. Nace el Parque Nacional Santa Rosa

Santa Rosa

Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios del Parque Nacional Santa Rosa:

Luego de regresar de los cursos teórico prácticos realizados en Estados Unidos, en Diciembre de 1969 conocí a Arthur “Tex” Hawkins, miembro voluntario del Cuerpo de Paz, quien formaba parte del departamento de pesca y vida silvestre dentro del MAG. Dicho Departamento no tenía una clara orientación conservacionista y su función era básicamente el control de proyectos de acuicultura y la entrega de licencias de cacería. Tex y yo comenzamos a trabajar juntos y redactamos una publicación para La Nación. El artículo era ilustrado con dibujos de la famosa pintora norteamericana Mary Paul, quien actualmente exporta sus obras a Estados Unidos y a Europa.

Posteriormente Tex y yo nos trasladamos para Santa Rosa en Guanacaste, ya que 10,000 hectáreas de la hacienda de Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua, recién habían sido adquiridas por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) por 4 millones de colones, con el fin primordial de crear el Parque Nacional Santa Rosa. El área incluía un enorme rectángulo desde la carretera interamericana hasta el Océano Pacífico. Este fue el primer cuadrito de Santa Rosa, que paso de 10,000 has a 111,000 has del Área de Conservación Guanacaste de hoy. Para un análisis detallado de cómo ocurrió este proceso es interesante leer el libro “The Green Phoenix” de William Allen.

Al ingresar a Santa Rosa experimentamos la cruda realidad que se vivía. El primer problema  era que la parte baja de la hacienda, conocida como el Valle del Naranjo, que se le había comprado a Somoza, había sido invadida por 36 familias, previo a la creación del Parque y los últimos bosques altos de bajura que le quedaban a la hacienda, los estaban socolando para cortarlos. El segundo problema, era que el vecino Sr. Carlos Acosta había corrido la cerca dentro del Parque como 60 hectáreas para acceder a un ojo de agua y el tercer problema, las vacas del Señor Carlos Acosta y otros, pastaban libremente en el Parque.

El ICT había contratado un peón, pero el instituto no la estaba administrando y prácticamente tenía a Santa Rosa en abandono total. Lupo Espinosa, hijo del antiguo telegrafista de la Hacienda Santa Rosa era el trabajador contratado, quien junto con su esposa Juanita y sus hijos, algunos de ellos actualmente botánicos, vivían en la casona. Lupo me enseño la realidad de las 10,000 has en posesión del estado, sin manejo y con frentes de batalla por doquier. Tex y yo le escribimos a Mario Boza, (quien se encontraba en el seminario de parques nacionales en Estados Unidos) explicándole la situación y Mario reacciono con una carta excelente a los medios de comunicación. La Carta de Mario, describía en detalle como el primer parque establecido en el país estaba por desaparecer debido a unos pocos precaristas que estaban destruyendo la herencia natural de todos los costarricenses y de las futuras generaciones. La llama se encendió y se generó un escándalo a nivel nacional que al final tuvo repercusiones positivas para la consolidación del primer Parque Nacional de Costa Rica. Debido a la situación que prevalecía, yo asumí la administración ad honoren de Santa Rosa.

En aquel momento, el Servicio de Parques Nacionales era solamente un papel, con un jefe fuera del país y dos voluntarios promoviendo alborotos. La dirección general forestal, que apenas estaba naciendo me brindo vehículos para ingresar a Santa Rosa y de Diciembre a Mayo trabaje como voluntario para el sistema, constituyéndome en el primer voluntario nacional del Servicio de Parques Nacionales. El primer voluntario extranjero fue Tex.

Un día me fui a caballo hasta el Valle de Naranjo, sitio en el cual se encontraban los precaristas y les pedí café, el cual me sirvieron de mala manera. No iba armado y tenía apenas 22 años. Hablando con los señores y señoras, logramos entendernos y a menos de una hora de dialogar, ya estábamos haciendo negociaciones. Recuerdo haberle informado a los señores que Santa Rosa era Parque Nacional. Les explique en qué consistía dicha categoría de protección y luego procedí a informarles lo que la ley establecía, el porqué de mi presencia en el sitio y también les comente que el gobierno apoyaba mis acciones. Los precaristas quedaron convencidos de que ellos debían desalojar el parque y les prometí que yo les solucionaba el problema de tierras y que si yo no tenía éxito me iba.

Recuerdo haber tenido una reunión anecdótica con el Sr. Arnoldo Madriz, Director Forestal, Jefe de Mario Boza. En esta reunión yo le decía a don Arnoldo que si no se solucionaba la situación en Santa Rosa, había que hacer un escándalo y recuerdo que él aprobó el escándalo. “Claro que si Alvarito, tienes todo mi apoyo”. El semblante y carácter amable le cambiaron inmediatamente cuando le dije que el escándalo era contra él mismo, porque no estaba asumiendo responsabilidades ante el caos que representaba la invasión de terrenos del estado por parte de los precaristas, las vacas y los vecinos molestos. Los molinos impulsados por Don Arnoldo al final comenzaron a moler, despacio, pero seguro.

Sin embargo, luego de Mayo del 70, decidí buscar trabajo en la Universidad de Costa Rica, en el Centro de Estudios de Población (CESPO), cuyo trabajo consistía en entrevistar líderes en todo el país. Le comente a Mario que no podía seguir trabajando de voluntario y que iba a trabajar a CESPO. Mario movió algunas de sus piezas vitales y para Julio del mismo año, Don José Figueres dicto un decreto ejecutivo nombrándome administrador de Santa Rosa. A la fecha, creo que los únicos dos nombramientos por decreto que se han hecho son el de Mario y el mío. Gracias a esta acción, al instante comencé a trabajar como funcionario del SPN.

El decreto ejecutivo para la creación de Santa Rosa se firmó en Santa Rosa, el 20 de Marzo de 1971, con la participación del ministro del MAG Fernando Batalla Esquivel, dicho sea de paso, fiel representante del sector agrícola y ganadero. También estaban presentes Doña Karen Olsen de Figueres, José María Figueres, Daniel Oduber y mi persona, entre muchos otros, estudiantes y vecinos.

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El 8 de Mayo de 1970, don Pepe asumió la presidencia y para el día 15 del mismo mes, ya estaba de viaje en Santa Rosa. Nos visitó en la casona y de pronto se fue a almorzar a la casa de Carlos Acosta, a quien le teníamos un interdicto de posesión, ya que se había adjudicado ilícitamente 60 hectáreas del estado. La visita de Don Pepe a Don Carlos fue como un balde de agua fría para nosotros. El juicio continúo y se resolvió a nuestro favor nuestro. Gracias a ello, la finca fue restablecida al límite del Parque original.

A pesar de las solicitudes múltiples que le habíamos hecho al Sr.  Acosta, su ganado continuaba pastando dentro del parque y luego de la aprobación judicial, procedimos a tirar el ganado. Se repartió carne a los asilos, escuelas y hospitales de Liberia, hasta que los ganaderos dejaron de meter ganado al parque. En resumen, se dio solución al problema de los precaristas, se restituyeron las cercas, se sacó el ganado y nació Santa Rosa como el primer parque nacional, con pasos firmes.

Cuando nos enteramos que los precaristas querían tierras y estaban dispuestos a negociar su traslado, iniciamos el proceso de avalúos y el proceso fue tan bien coordinado que para Junio de 1970, ya habíamos trasladado 35 de las 36 familias fuera del parque, a la finca San Luis, propiedad del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) en Cañas, Guanacaste. Esta fue la primera alianza interinstitucional que produjo un resultado concreto en un parque nacional y que sentó un precedente. El IDA asumió las familias del Parque Nacional de Santa Rosa.

Un jeep tapa baja del 54, de la guardia rural de Liberia, fue el que desafió el invierno torrencial y venció los canjilones de barro camino al Valle Del Naranjo. Los ríos de poco caudal, estaban crecidos y el tapa baja recorría los 24 Km, desde El Naranjo hasta la Interamericana, cargado de personas, chanchos, gallinas, perros y tiliches, para posteriormente conducirlos hasta Cañas. Cuando el IDA analizo el perfil de los precaristas, definió que de las 35 familias, solamente 13 tenían derecho a tierras, sin embargo, como el IDA no administro el recibimiento, las 35 familias se metieron en la finca. Luego de muchas vicisitudes, el Parque se inauguró.

En el traslado de los ocupantes a hacia San Luis de Cañas, nos ayudaron mucho la Procuraduría y la Notaría del estado, que básicamente eran dos viejitos. El Notario era don Enrique Ocampo y el Procurador Agrario era don Víctor Aguilar Bulgarelli. Ambos señores eran como dos leyendas vivientes que contrastaban con la juventud de Mario y la mía. Un día viniendo a caballo, salíamos de Naranjo y nos estaba llegando la noticia de que el presidente de la Asamblea Legislativa,  Lic. Daniel Oduber Quirós, acababa de presentar un proyecto de ley para trasladar Santa Rosa al ICT. Lo irónico era que el Parque ni siquiera había nacido legalmente como tal y apenas acabábamos de sacar a los precaristas y las vacas. Oduber pensaba crear impuestos a los cigarrillos y al licor con el fin de generar fondos al ICT para que Administrara Santa Rosa. El Señor Ocampo y el Sr. Aguilar nos dijeron que estábamos perdidos porque Daniel Oduber era la persona política más poderosa del momento, era el Presidente del Congreso y muy probablemente sería el próximo Presidente de la República.

A pesar de que el ICT había comprado la Hacienda Santa Rosa, no la había administrado adecuadamente y la Ley Forestal establecía que los Parques Nacionales los administraba el MAG y no el ICT y por ello nosotros lo primero que le quitamos al ICT fue Santa Rosa. La herida se volvió a abrir, ya que el ICT no aceptaba el haber perdido Santa Rosa y por ello estaban utilizando la figura política de Don Daniel Oduber para recuperar este preciado territorio tan importante para la historia de nuestra nación, ya que representaba el campo de batalla en el cual los próceres de la patria habían derrotado al filibustero William Walker. La figura de Doña Karen entra en acción. Nosotros acordamos no darnos por vencidos hasta que el Presidente Figueres no firmara la Ley de traslado de Santa Rosa al ICT. Mario y yo tuvimos que dejar botada la biología de la conservación para ver como destruíamos un proyecto de Ley en el Congreso postulado nada menos que por Don Daniel Oduber.

Diplomáticamente, Mario, yo y un grupo de conservacionistas, le expresábamos a Don Daniel los inconvenientes de trasladar Santa Rosa al ICT, sin embargo él no quería ceder ante nuestras peticiones. Mario y yo diseñamos una estrategia de inteligencia para enfrentar la amenaza que se nos venía encima. Nos volvimos agentes para boicotear ese proyecto de ley y tomamos dos iniciativas para iniciar el plan: 1) convertir a Doña Karen en nuestra aliada incondicional y arma secreta y 2) informar a los afectados (cigarrillos y licor) del proyecto de ley, y como les iba a golpear el bolsillo. El Padre de Mario era miembro de la Cámara de Comerciantes y Detallistas y la Cámara se convirtió en un vocero para informar a todas las Cámaras de los impuestos que se les iba a cobrar a licor y cigarrillos. Inmediatamente todas las cámaras se comenzaron a oponer y el frente de oposición ante el proyecto de Ley comenzó a crecer a lo interno y externo de la curul parlamentaria. Además, Doña Karen comenzó a llamar y enviar mensajes a los diputados e informarles de lo perjudicial del proyecto propuesto por Don Daniel.

La labor nuestra fue tan eficiente que la mayoría del congreso se opuso al proyecto y este no salió de comisión. Le ganamos al más grande de la Asamblea una de las primeras batallas decisivas.

Don Daniel era propietario de la finca La Flor, vecina de Santa Rosa y le encantaba venir al Parque. Continuamente visitaba a Carlos Acosta, venía a ver a su ganado y otras veces venía a ver al personal del Parque. Una vez, tome una decisión que se convirtió en un pleito duro. Para llegar a su finca, Carlos Acosta utilizaba un camino que pasaba al frente de la casona histórica. Gracias a la participación del Movimiento Nacional de Juventudes y a un grupo de amigas de Liberia, logramos colectar algunas antigüedades para decorar la casona y prepararla para la inauguración. Además estábamos haciendo el Sendero del Indio Desnudo, el cual aún continúa operando. Durante este tiempo, recuerdo que en una noche escuchamos disparos. Salí a investigar y me encontré con que Carlos venia borracho haciendo escándalo y disparando al aire. Yo me fui detrás de el a pedirle que se comportara ya que se encontraba en un Parque Nacional y tenía muchos voluntarios.

Al día siguiente llego Carlos con Don Daniel Oduber. Carlos venía muy molesto conmigo, porque hacía varios días yo le había abierto un camino de acceso a su finca para que dejara de pasar por el camino que pasaba por la casona. Para evitar más conflictos con Carlos le cerré el paso por la casona y el reacciono furioso trayendo nada menos que a Daniel para que me ordenara a mí habilitar el camino tradicional.

Cuando Don Daniel llego, me lo lleve para que observara a los niños trabajando en el sendero. Él me contó que él había estado presente en las cuevas de Santa Rosa durante la contrarrevolución del 55 y le mostré los arreglos que le habíamos hecho a la casona. Le comente a Don Daniel que yo quería traer turismo a Santa Rosa y que la casona era el centro de interés del sitio. Le mencione que Carlos  perturba la paz y por eso yo le había abierto servidumbre por otro lado. No lo quería transitando cerca de la casona. “Carlos, Alvarito tiene razón, tienes que usar el otro camino”. Fueron las palabras de Don Daniel y murió el pleito por el camino.

La familia de Lupo y Juanita y yo vivíamos en la Casona. Sin embargo, ya el sitio comenzaba a ser visitado por turistas y tuve que tomar la decisión de construir una oficina y viviendas fuera de la casona y luego se inició la construcción de la administración en el sitio actual. Gracias a la asistencia de 20 voluntarios del cuerpo de paz, en 1971 pedí permiso para concluir mis estudios universitarios. Algunos de los voluntarios llegaron luego a tener puestos en Estados Unidos y mi relación con algunos de ellos continuo. Algunos de los compañeros de aquellos días fueron Steve Cornellius, herpetólogo especialista en tortugas, Allan Moore quien trabajo en el Poás y otros Parques y Kurt Frazier y su esposa, quienes estudiaban primates y muchos otros hombres y mujeres más.

La participación de estos voluntarios norteamericanos se dio gracias a nuestros contactos con el director del Cuerpo de Paz y el Departamento de Relaciones Internacionales del Servicio de Parques Nacionales, el cual era muy comprometido con la conservación en otros países. Estas dos instituciones, el AID (Agency for Internacional Development por sus siglas en ingles) y nosotros, negociamos un paquete muy interesante. El AID pagaba el programa, el servicio de Parques de brindaba sabáticos y el Cuerpo de Paz nos los enviaba a compartir la experiencia que habían adquirido en el Servicio Norteamericano de Parques. Había planificadores, administradores, científicos, impartía talleres de interpretación, etc. y nos acompañaron en todo tipo de labores conservacionistas. Era algo así como lo que los norteamericanos llaman un “Win to Win situation”; un programa en el que todos ganábamos.

Alrededor de 1973, el gobierno comenzó a contratar personal y el presidente Jimmy Carter cambió los programas de conservación apoyados por el cuerpo de Paz y el foco de interés de la organización fue dirigido a los Derechos Humanos. Para ese entonces, ya el SNP estaba un poquito más consolidado, gracias a la labor colosal de Doña Karen. Fueron cuatro años de batallas muy duras, en los que sentamos los primeros precedentes donde Don Fernando Batalla, Ministro de Agricultura y fiel ganadero no le veía futuro al turismo.

Alrededor de 1973, una sequía muy severa, llevo a la ganadería a una crisis catastrófica. El ganado empezó a morir y Don Fernando o uno de sus asesores, invento que Santa Rosa estaba llena de heno y que para aliviar la crisis era cuestión de hacer pacas para dárselas a los ganaderos. Desde luego, yo me opuse categóricamente al proyecto. Hasta que un día llego un telegrama del Sr. Batalla ordenándome que me trasladara de la noche a la mañana al Volcán Poás. Me trasladó del calor incandescente al frío pavoroso. Vernon Cruz, un horticultor que se encontraba administrando el volcán Poás, fue trasladado a Santa Rosa.

Desde las cumbres uno ve mejor y por ello, mi paso por el Volcán Poás produjo en mi mente un milagro o un cambio radical. Pase de verme envejeciendo en Santa Rosa, a ver un país que necesitaba un sistema de Parques Nacionales y no solo un Parque o dos. Desde aquí veía otros volcanes, los Bajos del Toro, Sarapiquí, los Océanos. Con esta decisión, sin pretenderlo, Don Fernando Batalla se había convertido en un catalizador para la creación del sistema de áreas protegidas como lo conocemos hoy.

El proyecto de henificación continúo con Vernon. Las pacas se almacenaron en Liberia, pero debido al mal manejo que se le brindo, se calentó y se quemó. El escándalo llego a grandes proporciones, el colegio de biólogos se vio involucrado y finalmente el proyecto tuvo que suspenderse. En 1973, luego del Poás, gracias a una beca de la Organización de Estados Americanos (OEA), salí hacia la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Michigan, USA, para realizar estudios de maestría.

En 1974, estando yo en Michigan, hubo elecciones en Costa Rica y Mario me llamo para darme las noticias de que Oduber había quedado de Presidente. Temíamos que fuera a tomar represalias contra el SPN, debido al incidente en el cual Mario y yo le habíamos boicoteado el proyecto de Ley para pasar Santa Rosa al ICT. En 1974 prácticamente nos escondíamos de Oduber. De pronto un día me lo encontré en las gradas del CATIE y me pregunto dónde estaba trabajando. En voz bajita le dije que estaba en el Servicio de Parques y me dijo que pasara a hablar con él. Antes de la reunión me preocupé mucho por que esperaba lo peor, sin embargo, los relámpagos que yo esperaba, se convirtieron en agua bendita. Sus primeras palabras fueron: “Alvarito, que puedo hacer por usted y que puedo hacer por ayudar los Parques Nacionales?”.

Aquí empezaron los años de oro de Don Daniel. Durante su periodo gubernamental de 1974-78, Daniel pasó de ser del malo de la película, a mi más preciado héroe hasta el día de hoy. Comenzamos a describir crear plazas, ya que no existían. Daniel firmaba todas nuestras peticiones y la institución creció tan explosivamente que se nos volvió un problema manejarla, ya que no teníamos la experiencia. Con respecto a Parques Nacionales, Don Daniel prácticamente nos dijo díganme que hago y como lo hago. Como Daniel era un presidente tan poderoso, lo que él decía se hacía y ello benefició mucho al SPN. Por mandatos directos de Daniel, las viejas instituciones se unieron y le abrieron espacio al SNP que venía naciendo.

Episodio cuarto. Salvando el Parque Nacional Corcovado

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica:Episodio segundo. Nace el Parque Nacional Cahuita

CahuitaEncendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios del Parque Nacional Cahuita:

Tortuguero, junto con Cahuita nacen en 1970 por decretos de Don Pepe, incluso nacieron antes que Santa Rosa, pero Santa Rosa se inauguró primero. Por Archie Carr nació Tortuguero y Cahuita nació gracias a los cursos de vida silvestre organizados por el CATIE, que repetidamente se llevaban a cabo en el sitio. En prácticas de campo durante estos cursos, se hizo el primer plan de manejo del parque. Igualmente, como estudiante de Maestría del CATIE, Don Mario Boza hizo el primer Plan de Manejo del Parque Nacional Volcán Poás como su obra de tesis.

Cahuita tuvo muchos escollos políticos para la comunidad. Primero se decretó Parque Nacional con muchas prohibiciones. En aquel entonces no se les consultaba a las comunidades las decisiones que tomábamos, ya que la ley no lo exigía y éramos jóvenes y sin experiencia.

Nosotros asumíamos que el Congreso representaba a la gente, y el Congreso le había dado poderes al Presidente de la República y si había un mandato, nosotros lo llevábamos a cabo. La prohibición de matar animales silvestres cayó como una bomba y el primer Guardaparques, por más afrodescendiente que fuera, cuando llego a aplicar la ley, lo corrieron a machete. El Guardaparques era el Sr. Ernesto Crawford. Todos tenían cocos y cuando los monos se comían los cocos, ellos los mataban. El año 1973, fue tumultuoso para Cahuita. El congreso paso la ley de creación de JAPDEVA y esta tomo posesión de Cahuita. La Junta Administradora pretendía construir el centro de recreo dentro de Cahuita.

En 1974, ya como director del Servicio de Parques Nacionales, cargo que ocupe hasta 1986, fui a la Procuraduría para que me aclararan si la creación de una entidad como JAPDEVA, significaba eliminar los actos de conservación anteriores. Dichosamente la Procuraduría dictaminó que no, que el parque nadie lo había eliminado y yo dije “con permiso, salgan Ustedes y entramos Nosotros”. La comunidad estaba muy confundida y cuando nosotros entramos con fuerza otra vez, la comunidad nos manifestó que no querían la expropiación.

Recuerdo que firmamos un convenio en el cual los líderes comunales y el Presidente de la Republica, Don Daniel Oduber acordamos la no expropiación. Algunos líderes reaccionaron muy fuertes para eliminar el Parque. Se convocó a un cabildo abierto para pedir que se eliminara el parque. Yo sentía que los diputados y otras figuras influyentes que se oponían al Parque Nacional Cahuita, buscaban que en el cabildo abierto se acordara la eliminación del Parque y entonces, justificar ellos lo acordado públicamente, para presentar un proyecto de Ley y eliminar el parque. Al menos esa era mi interpretación de la situación.

En este cabildo, me toco ser el último orador. Todos los oradores anteriores a mí, habían exhortado a eliminar el Parque por unas y otras razones. Se dijeron muchas mentiras que pretendían asustar al pueblo de cómo su estilo de vida iba a cambiar si se creaba el parque.

Subiendo el tablado que se había construido, cuando me correspondía hacer mi presentación, tuve una iluminación. Había muchas personas de color, algunos representantes de territorios indígenas que habían traído en camiones y unos pocos blancos. Yo no sabía qué iba decir, solo sabía que iba para arriba como Juana de Arco, porque todos allí querían ver sangre, y esa sangre era la mía, ya que Yo era el único que defendía la creación del parque. La visión me dijo “es mejor hablar en Inglés” y empecé a hablar en inglés, idioma que había aprendido años atrás, cuando estuve trabajando en los Estado Unidos, a mis dieciocho años. La mayoría eran personas de color que hablaban inglés, los indígenas entendían poco el español y nada de inglés. Esto significaba que los anglos parlantes eran el voto que en realidad contaba ya que eran los únicos que serían afectados directamente con la eliminación de la categoría de protección asignada a Cahuita. Las caras de sorpresa de los burócratas fue un termómetro que me indicaba que iba por buen camino. La mayoría de ellos tampoco hablaban inglés.

Recordé que cuando pasaba por las iglesias de afrodescendientes, mientras estudiaba en Michigan, siempre se repetía una escena en la cual el pastor dialogaba con los feligreses. Esa imagen vino a mi mente y decidí, no solo hablar en inglés, sino que también a jugar de pastor. Sentí que tenía una perfecta conexión con la audiencia y empecé a hacerles preguntas con la contestación medio incorporada.

La primera pregunta fue:

¿Is it true, that until now it has been your parents that have protected this Paradise of rainforest and coral reef?

YESSSS.

 (Verdad que han sido sus padres los que hasta la fecha han conservado este paraíso de bosques lluviosos y arrecifes de coral?

Siii)

 ¿If your parents have protected this land, and then don’t you think their kids should continue with the mission?

YESSSS.

(Si sus padres han protegido esta tierra, entonces sus hijos deben protegerlo y conservarlo? ¿No es cierto?  Siii)

¿Does the present generation, want Cahuita National Park?

YESSSS.

(¿La presente generación quiere a Cahuita como Parque Nacional? Siii)

La voz que salió del alma y de los corazones de esas hermanas y hermanos, todavía resuena como un eco en mi mente cuando pienso en Cahuita.

Otro mensaje que la gente acogió con gran interés fue cuando les informe que si Cahuita no se protegía bajo la bandera de un Parque Nacional, probablemente terminaría convertido en un complejo hotelero, con marinas y campos de golf y los únicos beneficiarios serían las compañías extranjeras. Así me los fui llevando, comenzaron a aprobar todas las iniciativas de conservación que les proponía y en medio de una euforia, baje victorioso y sonriente, agradeciendo a la multitud su apoyo. Me sentí triunfante porque luego de mi presentación nadie se manifestó en contra de la creación del parque, ni me quemaron como a Juana de Arco.

Episodio tercero. Nace el Parque Nacional Santa Rosa

Referencia

Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

 

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio primero. Los inicios de uno de los pioneros

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Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios:

“Siempre me he considerado una persona muy afortunada, ya que desde muy temprano tuve la suerte de lograr visualizar cual era mi misión en esta vida. Mi padre era topógrafo del Ministerio de Obras Públicas y Transportes. El trazó y diseñó muchas de las carreteras del país, incluyendo la circunvalación de San José y gracias a Él di mis primeros pasos en el mundo natural. Mi padre solía llevarme al bosque mientras trabajaba para el gobierno, e incluso en una oportunidad, durante la insurrección de 1948 en la cual el participo al lado de Figueres, nos llevó por unos días al bosque cuando yo tenía dos años.

Desde que decidí ingresar a la Universidad de Costa Rica, sabía que lo que quería estudiar era biología. Mi sentimiento de estudiar la vida viene desde que cursaba 5to año en el colegio Dobles Segrega. Mi maestra de biología en aquel entonces 1963, cumplió un papel primordial. Sus conceptos de biología eran muy claros y me impactaron mucho. Nidia Abarca era su nombre.

En 1963, gracias a la dedicación y esfuerzo de Olof Wessberg un ciudadano de Suecia y Doña Karen Mogensen de Dinamarca, apoyados por Don Francisco Orlich, se creó la primera reserva natural de Costa Rica, Cabo Blanco. Ellos fueron nuestros “mensajeros del futuro” y definitivamente pilares instrumentales en la creación de nuestros parques nacionales. Por su visión y aportes a la conservación en Costa Rica los considero como los mentores que contribuyeron con forjar mi visión.

Luego de obtener mi bachillerato fui a los Estados Unidos a aprender inglés y cuando regrese a Costa Rica en 1965, ingrese a trabajar al Ministerio de Transportes como asistente de Ingeniería y al mismo tiempo realizaba estudios de generales en la Universidad de Costa Rica. Sin embargo, cuando ingrese a biología, el Ministerio de Transportes no me dio permiso de continuar mis estudios porque mi interés era la biología y no la ingeniería. Aun así, continué mis estudios gracias a un trabajo de asistente de laboratorio y a una beca que obtuve y que cubría mis gastos de matrícula. En la Universidad, tuve la suerte de conocer algunos naturalistas visionarios que también contribuyeron a mi formación, entre ellos, Pedro León, Luis Fournier y Douglas Robinson.

En 1968, mientras era estudiante de biología y miembro del club de montañismo, llego una invitación al club para que enviaran un representante a una mesa redonda sobre los recursos naturales y los medios de comunicación. El club me asigno como representante y la reunión sirvió como un catalítico en mi larga trayectoria. En esta reunión asistieron figuras claves en mi vida. Mi contacto con estos individuos fue como una reacción química. Aquí conocí a Don Mario Boza, estudiante del CATIE y con un puesto en el departamento de Planificación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, (MAG), en donde se encontraba preparando el terreno para el movimiento conservacionista que le iba a corresponder administrar al MAG. En esta reunión también participaron Don Billy Cruz representante de la Caribbean Conservation Corporation (CCC), quien me llevo al Dr. Archie Carr.

En este mismo simposio ingresó a mi vida la prominente familia Figueres, ya que luego de la sección teórica, se realizó un viaje de campo a Tortuguero, al cual Don José Figueres llego con Doña Karen, sus hijos e hijas, José María (quien luego sería presidente de la república de 1994 a 1998), Christiana y los padres de Doña Karen. Billy Cruz y Archie Carr que eran amigos de los Figueres y los invitaron al viaje. Luego de 2 o 3 días de transporte rústico, llegamos hasta nuestro destino en Tortuguero. Durante la travesía, nos hicimos muy amigos, sobre todo, Doña Karen, Don Mario Boza y Billy Cruz. Aquí nació una gran relación de amistad. La relación con los Figueres continúo y se fortaleció aún más. José María era estudiante y yo le ayudaba a hacer tareas y Doña Karen se enamoró de nuestras ideas futuras para crear el sistema de áreas protegidas.

A finales de 1968, José María y yo nos inscribimos en un programa de voluntarios para proteger las tortugas verdes durante la siguiente temporada del desove. En el mes de agosto de 1969, José María, Archie, su esposa Marjorie, su hijo David y yo, pasamos en Tortuguero. Los Carr jugaron un papel vital en mi formación, ya que eran mentores de la conservación a nivel nacional e internacional y fueron pioneros que contribuyeron, en parte a través de la familia Figueres, a que el país avanzara en esa dirección.

En Octubre de 1969, Mario Boza, Billy Cruz y Archie Carr me convencieron de que tomara un curso del manejo de parques nacionales en Estados Unidos. El programa se denominaba “Seminario Internacional de Parques Nacionales y Áreas Afines”. Este encuentro era auspiciado por la Universidad de Michigan, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos y Canadá e iba dirigido a 25-30 personas de todos los continentes. Yo estaba en mi último año de bachillerato de biología y no quería perder un semestre entero. Inclusive mi amigo Pedro León también me aconsejo que participara en este curso y aquel “cartel verde” que comenzaba a nacer, consiguió los recursos económicos para que yo asistiera. Mario se comunicó con el Sr. Carr y el obtuvo los fondos a través de la familia Phips, donantes de la Caribbean Conservation Corporation.

Antes de salir al curso, Mario me encargo una ingrata misión, la cual consistía en perseguir cazadores de tortugas en el mar, frente a la costa de Tortuguero. Fueron tres días de mar encrespado, al que respondí con un vómito continuo. La experiencia, aunque dolorosa, fue muy valiosa, porque me permitió observar la problemática in situ. Influenciado por Archie Carr, la labor de conservación se iniciaba en Tortuguero y giraba alrededor de las tortugas verdes (Chelonia mydas).

Precisamente a menos de 24 horas de regreso de Tortuguero, salía para el seminario de Parques en Estados Unidos y Canadá. El viaje fue intenso y maravilloso y durante 30 días viajamos de Parque en Parque, iniciando en el Parque Nacional de Jasper y Banf en Canadá y continuando en los Estados Unidos por Yellowstone, Snake River, El Gran Teton, Mesa Verde, Petrified Forest, Navajo Nations, Lake Powell hasta terminar en el Cañón del Colorado. Al llegar al gran Cañón, nos integramos a una escuela de entrenamiento llamada Horace Albright Training Center, quien había sido el segundo director del sistema de parques nacionales de Estados Unidos. Precisamente durante los días que terminaba el curso en el cual yo estaba enrolado, empezaba otro en El Gran Cañón, denominado “Park Operations”. Decidí llevar el curso de dos meses cuya agenda intensiva me permitiría poner en práctica lo aprendido en el curso anterior y además, aprovechar mejor el semestre. Era un trabajo en donde se aprendía lo maravilloso y lo feo del manejo de un área tan compleja como el Gran Cañón. Aquí logramos experimentar el hacinamiento, los “shopping center” y en fin todo el desarrollo urbano del borde norte del Cañón. Durante este entrenamiento, estuvimos buscando una niñita indígena que se había perdido y nosotros participamos en las labores de rescate que se prolongaron por tres días. El trabajo fue muy difícil para mí en un abrupto terreno con temperaturas bajo cero.

El instructor durante aquel curso fue Bill Wendt, quien era un tipo muy dinámico, salía a correr todos los días en las mañanas y yo le acompañaba. Posteriormente trabajó como consultor internacional y luego para el Departamento de Relaciones Internacionales del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. Era un hombre increíble y fue un maestro que también se convirtió en uno de mis mentores. Con él aprendí cómo ser un Guardaparques ejemplar.

Estos dos cursos me dieron una gran base práctica. Cuando regrese a Costa Rica en Diciembre de 1969, la ley forestal acababa de ser aprobada por La Asamblea Legislativa, lo cual quería decir que ya en Costa Rica había legislación forestal y un capítulo para el programa de Parques Nacionales. Precisamente en el momento que yo regresaba, Mario Boza, recién nombrado jefe del Departamento de Parques Nacionales, salía para el Gran Cañón a participar en el mismo curso que yo acababa de concluir. Yo estaba sin trabajo, no podía ingresar a la universidad a concluir mis estudios de biología y Mario quien era mi principal contacto en el gobierno, estaba en Estados Unidos.

Hoy, después de todos estos años de labores, puedo decir que, para mí, 1970 fue el año en que la historia dio inicio, al menos para nuestro sistema de áreas de conservación. Sin embargo, ya se venía preparando el terreno desde 1940 cuando Costa Rica firmó en Washington la convención del Hemisferio Occidental para la Protección de Flora y Fauna y las Bellezas Escénicas de las Américas. La conservación volvió a caer en un letargo para tomar fuerza en 1966, cuando el Congreso ratifico esta Convención como Ley y nuevamente se vuelve a hacer historia en 1969 cuando el congreso aprobó la ley forestal. En Febrero de 1970, don José Figueres fue electo por tercera vez presidente de la república, lo cual fue un sueño, ya que yo era amigo de esta influyente familia y ellos estaban dispuestos a apoyar incondicionalmente la agenda conservacionista que venía impulsando el recién creado Departamento de Parques Nacionales.

Episodio segundo. Nace el Parque Nacional Cahuita

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica

Bandera

Esta semana celebramos el 30avo día de los Parques Nacionales del país y el Aniversario 46 desde que nació el Servicio de Parques Nacionales en un momento donde tres proyectos presentados a la Asamblea Legislativa persiguen abrirlos para el desarrollo de infraestructura pública amenazando nuevamente su integridad ecológica. Inspirado por estos elementos y conociendo que mi buen amigo y colega Yamil Sáenz le había realizado entrevistas a otro gran costarricense y colega Álvaro Ugalde solicite permiso para publicar sus remembranzas de como inició el Sistema de Parques Nacionales de Costa Rica y algunos de los primeros Parques del país, memorias recogidas en un libro que nunca ha salido a la luz publica llamado “Memorias de un Héroe Llamado Guardaparques” preparado y editado por Yamil Sáenz.

Duele pensar al leer las peripecias que se pasaron para crear algunos Parques que hoy unos pocos Costarricenses ignorando la historia pretendan disminuir esas Áreas Protegidas sin reflexionar el valor de estas y sin buscar formas más inteligentes de desarrollo que busquen realmente el desarrollo sostenible en el país.

He preparado las remembranzas de Don Álvaro Ugalde en cinco episodios:

 

“Nunca dude por un momento que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos y pensadores, pueden hacer la diferencia. De hecho, esta es la única cosa que siempre ha ocurrido” .Margaret Mead.

 

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Costa Rica mejoró su cobertura forestal. Ahora debe pensar en ecosistemas.

Artículo de opinión con adedum del publicado en Ojo al Clima el 2 de agosto del 2016

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Lo que Costa Rica ha hecho hasta ahora para revertir la pérdida de cobertura forestal es digno de reconocer y, en un mundo donde urgen estas acciones, es una obra monumental. Sin embargo, es hora de que el país empiece a valorar la distribución de su biodiversidad con una visión de ecosistemas de manera oficial mucho más amplia que solo ver cobertura forestal.

Algunos autores han remarcado el hecho de que la mayoría de esa cobertura forestal corresponde a bosques secundarios donde aún queda mucho por hacer para evaluar su calidad ecológica.

Otros han advertido sobre el estado de algunas especies forestales consideradas amenazadas y en peligro de extinción. Aunque protegidas desde 1997, el reciente Inventario Nacional Forestal advierte que de las 18 especies de árboles consideradas en peligro de extinción y vedadas, 11 no fueron encontradas. Esto en alguna medida advierte su crítico estado, pudiendo pensarse incluso en que algunas podrían estar casi extintas en Costa Rica. Otros también han advertido que el país nunca tuvo menos del 40% de bosques como tradicionalmente se ha manejado en círculos políticos oficiales.

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Por otra parte, en 2007 el Sistema Nacional de Áreas de Conservación hizo el análisis de vacíos de conservación utilizando el sistema de clasificación de unidades fitogeográficas, este sistema de clasificación establece que en el país hay 33 unidades fitogeográficas lo que significa que encontramos 33 formas diferentes de composición de la vegetación reflejando así la diversidad de ecosistemas con que cuenta el país a nivel terrestre y que contiene más detalle que cuando simplemente hablamos de bosque y no bosque. El informe  publicó lo siguiente:

“Hay 7 Unidades Fitogeográficas (07b, 9a, 11a, 12a, 13a, 15a, 16a) que no cuentan con parches > 1000 ha del todo (0 % de cumplimiento de la meta de representatividad ecosistémico establecida), ni dentro ni fuera del Sistema de ASP con protección permanente. Estas UF se consideran extintas en Costa Rica. Es necesario realizar esfuerzos muy dirigidos hacia la restauración y recuperación de estas UF usando los fragmentos <1000 ha que aún quedan dispersos en el país. Únicamente de las UF 09a y 11a se encuentran parches > 500 ha. De las otras 5, aunque existe cobertura remanente los fragmentos son aún menores”.

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A lo anterior debemos agregarle que en el V Informe que presenta a la Convención de Biodiversidad en 2014 el país menciona que los ecosistemas de palmas, páramos, aguas subterráneas, ríos y riachuelos, lagos, lagunas y lagunetas así como los manglares mantienen una tendencia a la disminución.

Es claro que el país ya ha tenido la experiencia de poder revertir la cobertura forestal, si bien sabemos no puede ser atribuido a un Gobierno en específico o a una política específica sino al resultado de la combinación de una serie de causas donde ha estado involucrado cambios en los mercados, una legislación más rigurosa, incentivos económicos  y una voluntad de invertir para monitorear al menos su extensión.

Por otra parte la experiencia de más tres décadas de restauración de los ecosistemas de bosques seco en el Área de Conservación Guanacaste refleja que el país tiene todos los elementos necesarios –ciencia, experiencia y recurso humano de alto nivel– para emprender una cruzada de promover una política más integral de recuperación o restauración de ecosistemas en el país.

Esto último –a excepción de la mencionada recuperación  en el Área de Conservación Guanacaste– es un compromiso del país asumido desde hace rato ante la el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y que está pendiente como programa oficial. Ahí se establece que cada una de las partes deberá, tanto como sea posible y apropiado, “rehabilitar y restaurar los ecosistemas degradados y promover la recuperación de las especies amenazadas, más que nada a través del desarrollo y la implementación de planes u otras estrategias de manejo” en cumplimiento a la vez de las Metas 14 y 15 de Aichi.

En síntesis al país le urge cambiar o ampliar su leguaje de cobertura forestal por cobertura de ecosistemas y hacerlo de manera oficial. Con ello podrá guiar las políticas de desarrollo y así lograr el mantenimiento y recuperación de su enorme biodiversidad.

Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente

Nubes

Artículo publicado en la Revista AMBIENTICO #258 de Junio del 2016

El último informe de evaluación sobre el cambio climático (AR5) publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) llega a tres conclusiones básicas: la primera se refiere a que  “el calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes entre los últimos decenios y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado, han ocurrido cambios en algunos fenómenos climáticos extremos y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado”. La segunda conclusión se refiere a que “la influencia humana en el sistema climático es clara. Esta evidencia de la influencia humana es mayor desde que se elaborara  el Cuarto Informe de Evaluación”. Y la tercera conclusión señala que “limitar el calentamiento requerirá reducciones sustanciales y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero” (IPCC, 2013).

Este mismo informe indica que es probable que, para fines del siglo XXI, la temperatura global en la superficie sea superior en 1,5 °C a la del período entre 1850 y 1900 para todos los escenarios considerados de trayectorias de concentración representativas (RCP), excepto para el escenario RCP2.6. Es probable que esa temperatura sea superior en 2 °C para los escenarios RCP6.0 y RCP8.5, y más probable que improbable que sea superior en 2 °C para el escenario RCP4.5. El calentamiento continuará después de 2100 en todos los escenarios RCP, excepto para el RCP2.6 y que el calentamiento continuará mostrando una variabilidad interanual y decenal, y no será uniforme entre las regiones (IPCC, 2013).

La preocupación porque la temperatura promedio de la tierra permanezca por debajo de 2 °C llevó a alcanzar finalmente la meta del acuerdo de París. Esto implica tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en el año 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI del año 2050 con relación al 2010, deben ser entre 40% y 70% menores a nivel mundial.

No obstante, el haber llegado a un acuerdo vinculante llama la atención que en su consideración número 17 (FCC, 2015) señala que se observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en los años 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 °C sino que conducen a un nivel proyectado de 55 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero en el año 2030, lo que implica un calentamiento de la tierra de 2,7 °C a 3,7 °C, y observa también que, para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las emisiones a 40 gigatoneladas, o por debajo de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDCs, por sus siglas en inglés), esto significa que el acuerdo de París es solo el primer paso del esfuerzo de transformación mundial que se requiere.

Con un promedio acumulado casi ya de 1,0 °C (0,87 °C fue el último promedio mundial) y en un país que solo contribuye con el 0,03% (2012) de las emisiones globales, es claro que Costa Rica debe prepararse y darle más prioridad al aumento de la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima bajo un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Lo anterior no solo por su compromiso de aportar a los esfuerzos mundiales, sino aprovechando los co-beneficios  sociales que esto implica como mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo por ejemplo, a la vez que trataría de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

El clima de la región centroamericana y por consiguiente de Costa Rica es moldeado por una serie de manifestaciones atmosféricas entre las que se encuentran; ondas provenientes del este, frentes fríos e intrusión de masas de aire frío, las oscilaciones de la zona de convergencia intertropical, el tránsito de ciclones tropicales en el océano Atlántico y el mar Caribe y los sistemas ciclónicos que viajan paralelos al istmo y México a lo largo del océano Pacífico. Cuando estas condiciones se acoplan con otras condiciones atmosféricas de otra escala de tiempo y espacio como el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), surgen los eventos climáticos extremos que tienen lugar en la región como las fuertes lluvias, inundaciones, deslizamientos de tierra y las sequías. Por tanto, los eventos climáticos extremos en Centroamérica no son excepción, sino que son bastantes recurrentes, lo suficiente para convertirse en una situación normal para el istmo por lo que su impacto tiene importantes consecuencias sobre las condiciones sociales, económicas y ambientales de los habitantes de la región (SICA, 2006).

Durante el periodo 2005-2011, ocurrieron en el país 16 eventos intensos asociados a fenómenos hidrometeorológicos y geotectónicos, que provocaron pérdidas estimadas en    1 130,39 millones de dólares constantes del año 2011 (US$ 1,13 billones). Siendo la infraestructura vial la que sufrió más impacto, seguida por la infraestructura de generación eléctrica, la agricultura y las viviendas. Es importante destacar que el 78,2% de estas pérdidas corresponden a obras públicas, mientras que el restante corresponde a las actividades privadas (MAG-MIDEPLAN, 2013).

Proyectando las tendencias de pérdida basada en estadísticas del último Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres (GAR) que emite la Oficina de las Naciones Unidas  para la Reducción de los Desastres, se estima que las “pérdidas anuales esperadas” por amenazas múltiples (terremotos, inundaciones, vientos ciclónicos, mareas de tormenta y tsunamis), en Costa Rica podrían alcanzar una suma anual de US$ 280 millones (GAR, 2015), lo que de materializarse podría tener importantes repercusiones a nivel fiscal, dado el tamaño  de la economía nacional (Comisión Nacional de Emergencias [CNE], 2015).

Otras estimaciones señalan que “de continuar por la senda de acumulación creciente de riesgos, implicará pérdidas económicas y sociales que superarán la capacidad nacional. Para el 2030 las pérdidas ascenderían a más de US$ 7 mil millones (constantes del 2006) y para el 2050 a casi US$ 30 mil millones (constantes del 2006). De mantenerse la tendencia de eventos declarados emergencias nacionales, al 2030 se habrán duplicado en el escenario de línea base que se definió, y  para el 2050 se multiplicarán en ocho veces” (CNE, 2015).

En 2015 el Gobierno de la República, a través de la CNE destinó más de ₵ 15 500 millones, de los cuales ₵ 12 000 millones salieron del Fondo Nacional de Emergencias y el resto, unos ₵ 3 500 millones son de recursos ordinarios de las instituciones que participan en las acciones de respuesta. Entre tanto, también se destinaron ₵ 75 mil millones para la recuperación de las comunidades afectadas por las inundaciones y deslizamientos (CNE, 2016).

Los números anteriores evidencian que el país aún no se ha adaptado a la variabilidad del clima actual y esto implica que está dejando de utilizar esa oportunidad de laboratorio para aprender y prepararse para los cambios climáticos futuros. Entonces es válido plantear la interrogante: si aún no nos hemos adaptado a la variabilidad climática actual ¿Cómo esperamos adaptarnos al cambio climático  futuro?

Es importante que el país haga esfuerzos para empezar la adaptación al clima actual y futuro ya que los principales cambios proyectados en relación con los fenómenos climáticos para la región centroamericana y el Caribe según el último informe del IPCC (AR5) señalan una reducción proyectada de la precipitación media, aumento de la precipitación extrema y una mayor precipitación extrema debida a ciclones tropicales. Además, existe un nivel de confianza alto en que el fenómeno ENOS seguirá siendo el modo dominante de la variabilidad climática natural en el siglo XXI, con influencias globales, y en que es probable que se intensifique la variabilidad de las precipitaciones regionales que induce (IPCC, 2013).

En relación a impactos esperados, se señala bajo niveles aún de confianza bajos, sobre inundaciones y deslizamientos de tierra en zonas urbanas y rurales debido a precipitaciones extremas, menor producción de alimentos y calidad alimentaria, mayor difusión de enfermedades transmitidas por vectores en altitud y latitud, y un aumento de la decoloración de corales, más allá de los efectos de la contaminación y las perturbaciones físicas (IPCC, 2014).

El recientemente Acuerdo de París le hace un llamado a la comunidad global para que aumente su capacidad de adaptación, fortalezca la resiliencia y reduzca la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible y lograr una respuesta de adaptación adecuada en el contexto del objetivo referente al tope en el aumento de la temperatura global. Se reconoce a su vez, que la adaptación es un desafío mundial que incumbe a todos, con dimensiones locales, subnacionales, nacionales, regionales e internacionales, y que es un componente fundamental de la respuesta mundial a largo plazo frente al cambio climático, cuyo fin es proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas.

Así mismo, el Acuerdo hace un llamado al reforzamiento de acciones en materia de intercambio de información, buenas prácticas, experiencias y enseñanzas extraídas, en lo referente, según el caso, a la ciencia, la planificación, las políticas y la aplicación de medidas de adaptación. Específicamente se hace referencia al fortalecimiento de los conocimientos científicos sobre el clima, con inclusión de la investigación, la observación sistemática del sistema climático y los sistemas de alerta temprana, de un modo que aporte información a los servicios climáticos y apoye la adopción de decisiones de una manera eficaz.

Le queda al país la tarea aún de desarrollar su plan o planes nacionales de adaptación establecidos en el Acuerdo, por lo que tendrá que emprender procesos de planificación de la adaptación y adoptar medidas, como la formulación o mejora de los planes, políticas o contribuciones pertinentes. Se podrá incluir: a) La aplicación de medidas, iniciativas y/o esfuerzos de adaptación; b) El proceso de formulación y ejecución de los planes nacionales de adaptación; c) La evaluación de los efectos del cambio climático y de la vulnerabilidad a este, con miras a formular sus medidas prioritarias determinadas a nivel nacional, teniendo en cuenta a las personas, los lugares y los ecosistemas vulnerables; d) La vigilancia y evaluación de los planes, políticas, programas y medidas de adaptación y la extracción de las enseñanzas correspondientes; y e) El aumento de la resiliencia de los sistemas socioeconómicos y ecológicos, en particular mediante la diversificación económica y la gestión sostenible de los recursos naturales.

El Acuerdo de París en materia de daños y pérdidas señala que se debe actuar de manera cooperativa y facilitadora para mejorar la comprensión, las medidas y el apoyo; acá se podrán incluir: a) Los sistemas de alerta temprana; b) La preparación para situaciones de emergencia; c) Los fenómenos de evolución lenta; d) Los fenómenos que puedan producir pérdidas y daños permanentes e irreversibles; e) La evaluación y gestión integral del riesgo; f) Los servicios de seguros de riesgos, la mancomunación del riesgo climático y otras soluciones en el ámbito de los seguros; g) Las pérdidas no económicas; y h) La resiliencia de las comunidades, los medios de vida y los ecosistemas (FCCC 2015).

En síntesis, atender la adaptación en el país va a requerir promover esfuerzos para enfrentar los cambios en el clima basados en sólidos planes y políticas de reducción de la pobreza y desarrollo sostenible que aumente el grado en el cuál los daños y pérdidas a causa del cambio climático puedan ser evitados. Así el Acuerdo de París reviste una oportunidad para reconocer el vínculo entre la mitigación, la adaptación y los daños y pérdidas, para mejorar los esfuerzos a través de una acción climática integral a partir de la alineación de las diversas agendas sectoriales (Roberts et al., 2015).

 Referencias

-Comisión Nacional de Emergencias [CNE]. (2015). Política Nacional de Gestión del Riesgo 2016-2030. San José-Costa Rica: Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias. Comisión Nacional de Emergencias

-[CNE]. (2016). En el último año. CNE financió proyectos por más de ₵􀵂55.800 millones. Disponible en http://www.cne. go.cr/index.php/269-noticias/timas/1089-inversion-obras-2015. Consultado 12 Enero del 2016.

-FCCC. (2015). Acuerdo de París. Convención Marco sobre el Cambio Climático. París, Francia: Conferencia de las Partes, 21er período de sesiones.

-GAR. (2015). GAR: Evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres. Oficina de la Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). New York, EE.UU

-IPCC. (2013). “Resumen para responsables de políticas. En: Cambio Climático 2013: Bases físicas. Contribución del Grupo de trabajo I al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático” [Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex y P.M. Midgley (eds.)]. Cambridge UniversityPress, Cambridge, Reino Unido y Nueva York, NY, Estados Unidos de América.

-IPCC. (2014). Cambio climático 2014: Impactos, adaptación y vulnerabilidad – Resumen para responsables de políticas. Contribución del Grupo de trabajo II al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [Field, C.B., V.R. Barros, D.J. Dokken, K.J. Mach, M.D. Mastrandrea, T.E. Bilir, M. Chatterjee, K.L. Ebi, Y.O. Estrada, R.C. Genova, B. Girma, E.S. Kissel, A.N. Levy, S. Mac- Cracken, P.R. Mastrandrea y L.L. White (eds.)]. Organización Meteorológica Mundial, Ginebra, Suiza, 34 págs.

-MAG-MIDEPLAN. (2013). Sistematización de la Información de Impacto de los Fenómenos Naturales en Costa Rica, Período 2005- -2011. San José, San José: Ministerio de Agricultura y Ganadería, Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica

-Roberts, E., Andrei, S., Huq, S., & Flint, L. (2015). Resilience synergies in the post-2015 development agenda. Nature Climate Change, 1024-1025.

-SICA. (2006). Impacts and Adaptation to Climate Change and Extreme Events in Central America.San José, Central America Integration System, Regional Committee on Hydraulic Resources, University of Costa Rica, Geophysical Research Center.

TOMADO DE:

Corrales Lenin. 2016. Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente. En: UNA.2016. ¡¡¡Histórico!!!. Implicaciones para Costa Rica del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Ambientico #258. Artículo 7.p. 43-49.Heredia-Costa Rica. ISSN 1409-214X.

Para acceder a la Revista completa hacer “click” aquí:

http://www.ambientico.una.ac.cr/pdfs/ambientico/258.pdf

Acuerdo de Paris: Un vaso medio lleno

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Columna publicada en el Suplemento de cambio climático Ojo al Clima del Semanario Universidad el 3 de Febrero del 2016

Es claro que después de 21 años de discusiones y con 6 años de atraso de la cumbre donde se debió tomar el acuerdo “Es mejor tener el acuerdo a no tenerlo”. Sin embargo, la realidad es que el verdadero esfuerzo empieza después de París y se convierte en solo un paso de un largo camino que hace que la cuesta sea menos empinada, pero que se requiere se suba con urgencia.

Alcanzar la meta del acuerdo de Paris en la que la temperatura permanezca por debajo de 2 °C en relación con los niveles preindustriales-concentraciones en 2100 entre aproximadamente 450 y 500 (ppm) de CO2eq- implican tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI en 2050 con relación al 2010, deben ser entre el 40% y el 70% menor a nivel mundial y al 2100 cercanos a cero GtCO2eq o negativos.

Aun cuando hubo una gran demostración de euforia política al alcanzar el acuerdo surgen algunas dudas. La primera es saber que los países, aun conociendo la urgencia de tomar medidas, presentaron contribuciones nacionales que calientan el planeta de entre 2.7°C a 3.7°C y la segunda  es leer el débil artículo 4 que señala “alcanzar un pico de emisiones de CO2 tan pronto sea posible”, como si la ciencia no hubiera ya establecido los plazos y las metas de emisiones relacionadas con la meta de los 2 °C.

La reducción de emisiones no solo debe hacerse por razones de calentamiento de la tierra sino en un país como Costa Rica que contribuye con menos del 0.04% (2012) de las emisiones globales, lo más importante es mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo. Pero no hay que olvidar que se trata también de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

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