Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio primero. Los inicios de uno de los pioneros

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Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios:

“Siempre me he considerado una persona muy afortunada, ya que desde muy temprano tuve la suerte de lograr visualizar cual era mi misión en esta vida. Mi padre era topógrafo del Ministerio de Obras Públicas y Transportes. El trazó y diseñó muchas de las carreteras del país, incluyendo la circunvalación de San José y gracias a Él di mis primeros pasos en el mundo natural. Mi padre solía llevarme al bosque mientras trabajaba para el gobierno, e incluso en una oportunidad, durante la insurrección de 1948 en la cual el participo al lado de Figueres, nos llevó por unos días al bosque cuando yo tenía dos años.

Desde que decidí ingresar a la Universidad de Costa Rica, sabía que lo que quería estudiar era biología. Mi sentimiento de estudiar la vida viene desde que cursaba 5to año en el colegio Dobles Segrega. Mi maestra de biología en aquel entonces 1963, cumplió un papel primordial. Sus conceptos de biología eran muy claros y me impactaron mucho. Nidia Abarca era su nombre.

En 1963, gracias a la dedicación y esfuerzo de Olof Wessberg un ciudadano de Suecia y Doña Karen Mogensen de Dinamarca, apoyados por Don Francisco Orlich, se creó la primera reserva natural de Costa Rica, Cabo Blanco. Ellos fueron nuestros “mensajeros del futuro” y definitivamente pilares instrumentales en la creación de nuestros parques nacionales. Por su visión y aportes a la conservación en Costa Rica los considero como los mentores que contribuyeron con forjar mi visión.

Luego de obtener mi bachillerato fui a los Estados Unidos a aprender inglés y cuando regrese a Costa Rica en 1965, ingrese a trabajar al Ministerio de Transportes como asistente de Ingeniería y al mismo tiempo realizaba estudios de generales en la Universidad de Costa Rica. Sin embargo, cuando ingrese a biología, el Ministerio de Transportes no me dio permiso de continuar mis estudios porque mi interés era la biología y no la ingeniería. Aun así, continué mis estudios gracias a un trabajo de asistente de laboratorio y a una beca que obtuve y que cubría mis gastos de matrícula. En la Universidad, tuve la suerte de conocer algunos naturalistas visionarios que también contribuyeron a mi formación, entre ellos, Pedro León, Luis Fournier y Douglas Robinson.

En 1968, mientras era estudiante de biología y miembro del club de montañismo, llego una invitación al club para que enviaran un representante a una mesa redonda sobre los recursos naturales y los medios de comunicación. El club me asigno como representante y la reunión sirvió como un catalítico en mi larga trayectoria. En esta reunión asistieron figuras claves en mi vida. Mi contacto con estos individuos fue como una reacción química. Aquí conocí a Don Mario Boza, estudiante del CATIE y con un puesto en el departamento de Planificación del Ministerio de Agricultura y Ganadería, (MAG), en donde se encontraba preparando el terreno para el movimiento conservacionista que le iba a corresponder administrar al MAG. En esta reunión también participaron Don Billy Cruz representante de la Caribbean Conservation Corporation (CCC), quien me llevo al Dr. Archie Carr.

En este mismo simposio ingresó a mi vida la prominente familia Figueres, ya que luego de la sección teórica, se realizó un viaje de campo a Tortuguero, al cual Don José Figueres llego con Doña Karen, sus hijos e hijas, José María (quien luego sería presidente de la república de 1994 a 1998), Christiana y los padres de Doña Karen. Billy Cruz y Archie Carr que eran amigos de los Figueres y los invitaron al viaje. Luego de 2 o 3 días de transporte rústico, llegamos hasta nuestro destino en Tortuguero. Durante la travesía, nos hicimos muy amigos, sobre todo, Doña Karen, Don Mario Boza y Billy Cruz. Aquí nació una gran relación de amistad. La relación con los Figueres continúo y se fortaleció aún más. José María era estudiante y yo le ayudaba a hacer tareas y Doña Karen se enamoró de nuestras ideas futuras para crear el sistema de áreas protegidas.

A finales de 1968, José María y yo nos inscribimos en un programa de voluntarios para proteger las tortugas verdes durante la siguiente temporada del desove. En el mes de agosto de 1969, José María, Archie, su esposa Marjorie, su hijo David y yo, pasamos en Tortuguero. Los Carr jugaron un papel vital en mi formación, ya que eran mentores de la conservación a nivel nacional e internacional y fueron pioneros que contribuyeron, en parte a través de la familia Figueres, a que el país avanzara en esa dirección.

En Octubre de 1969, Mario Boza, Billy Cruz y Archie Carr me convencieron de que tomara un curso del manejo de parques nacionales en Estados Unidos. El programa se denominaba “Seminario Internacional de Parques Nacionales y Áreas Afines”. Este encuentro era auspiciado por la Universidad de Michigan, el Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos y Canadá e iba dirigido a 25-30 personas de todos los continentes. Yo estaba en mi último año de bachillerato de biología y no quería perder un semestre entero. Inclusive mi amigo Pedro León también me aconsejo que participara en este curso y aquel “cartel verde” que comenzaba a nacer, consiguió los recursos económicos para que yo asistiera. Mario se comunicó con el Sr. Carr y el obtuvo los fondos a través de la familia Phips, donantes de la Caribbean Conservation Corporation.

Antes de salir al curso, Mario me encargo una ingrata misión, la cual consistía en perseguir cazadores de tortugas en el mar, frente a la costa de Tortuguero. Fueron tres días de mar encrespado, al que respondí con un vómito continuo. La experiencia, aunque dolorosa, fue muy valiosa, porque me permitió observar la problemática in situ. Influenciado por Archie Carr, la labor de conservación se iniciaba en Tortuguero y giraba alrededor de las tortugas verdes (Chelonia mydas).

Precisamente a menos de 24 horas de regreso de Tortuguero, salía para el seminario de Parques en Estados Unidos y Canadá. El viaje fue intenso y maravilloso y durante 30 días viajamos de Parque en Parque, iniciando en el Parque Nacional de Jasper y Banf en Canadá y continuando en los Estados Unidos por Yellowstone, Snake River, El Gran Teton, Mesa Verde, Petrified Forest, Navajo Nations, Lake Powell hasta terminar en el Cañón del Colorado. Al llegar al gran Cañón, nos integramos a una escuela de entrenamiento llamada Horace Albright Training Center, quien había sido el segundo director del sistema de parques nacionales de Estados Unidos. Precisamente durante los días que terminaba el curso en el cual yo estaba enrolado, empezaba otro en El Gran Cañón, denominado “Park Operations”. Decidí llevar el curso de dos meses cuya agenda intensiva me permitiría poner en práctica lo aprendido en el curso anterior y además, aprovechar mejor el semestre. Era un trabajo en donde se aprendía lo maravilloso y lo feo del manejo de un área tan compleja como el Gran Cañón. Aquí logramos experimentar el hacinamiento, los “shopping center” y en fin todo el desarrollo urbano del borde norte del Cañón. Durante este entrenamiento, estuvimos buscando una niñita indígena que se había perdido y nosotros participamos en las labores de rescate que se prolongaron por tres días. El trabajo fue muy difícil para mí en un abrupto terreno con temperaturas bajo cero.

El instructor durante aquel curso fue Bill Wendt, quien era un tipo muy dinámico, salía a correr todos los días en las mañanas y yo le acompañaba. Posteriormente trabajó como consultor internacional y luego para el Departamento de Relaciones Internacionales del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos. Era un hombre increíble y fue un maestro que también se convirtió en uno de mis mentores. Con él aprendí cómo ser un Guardaparques ejemplar.

Estos dos cursos me dieron una gran base práctica. Cuando regrese a Costa Rica en Diciembre de 1969, la ley forestal acababa de ser aprobada por La Asamblea Legislativa, lo cual quería decir que ya en Costa Rica había legislación forestal y un capítulo para el programa de Parques Nacionales. Precisamente en el momento que yo regresaba, Mario Boza, recién nombrado jefe del Departamento de Parques Nacionales, salía para el Gran Cañón a participar en el mismo curso que yo acababa de concluir. Yo estaba sin trabajo, no podía ingresar a la universidad a concluir mis estudios de biología y Mario quien era mi principal contacto en el gobierno, estaba en Estados Unidos.

Hoy, después de todos estos años de labores, puedo decir que, para mí, 1970 fue el año en que la historia dio inicio, al menos para nuestro sistema de áreas de conservación. Sin embargo, ya se venía preparando el terreno desde 1940 cuando Costa Rica firmó en Washington la convención del Hemisferio Occidental para la Protección de Flora y Fauna y las Bellezas Escénicas de las Américas. La conservación volvió a caer en un letargo para tomar fuerza en 1966, cuando el Congreso ratifico esta Convención como Ley y nuevamente se vuelve a hacer historia en 1969 cuando el congreso aprobó la ley forestal. En Febrero de 1970, don José Figueres fue electo por tercera vez presidente de la república, lo cual fue un sueño, ya que yo era amigo de esta influyente familia y ellos estaban dispuestos a apoyar incondicionalmente la agenda conservacionista que venía impulsando el recién creado Departamento de Parques Nacionales.

Episodio segundo. Nace el Parque Nacional Cahuita

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica

Bandera

Esta semana celebramos el 30avo día de los Parques Nacionales del país y el Aniversario 46 desde que nació el Servicio de Parques Nacionales en un momento donde tres proyectos presentados a la Asamblea Legislativa persiguen abrirlos para el desarrollo de infraestructura pública amenazando nuevamente su integridad ecológica. Inspirado por estos elementos y conociendo que mi buen amigo y colega Yamil Sáenz le había realizado entrevistas a otro gran costarricense y colega Álvaro Ugalde solicite permiso para publicar sus remembranzas de como inició el Sistema de Parques Nacionales de Costa Rica y algunos de los primeros Parques del país, memorias recogidas en un libro que nunca ha salido a la luz publica llamado “Memorias de un Héroe Llamado Guardaparques” preparado y editado por Yamil Sáenz.

Duele pensar al leer las peripecias que se pasaron para crear algunos Parques que hoy unos pocos Costarricenses ignorando la historia pretendan disminuir esas Áreas Protegidas sin reflexionar el valor de estas y sin buscar formas más inteligentes de desarrollo que busquen realmente el desarrollo sostenible en el país.

He preparado las remembranzas de Don Álvaro Ugalde en cinco episodios:

 

“Nunca dude por un momento que un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos y pensadores, pueden hacer la diferencia. De hecho, esta es la única cosa que siempre ha ocurrido” .Margaret Mead.

 

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Costa Rica mejoró su cobertura forestal. Ahora debe pensar en ecosistemas.

Artículo de opinión con adedum del publicado en Ojo al Clima el 2 de agosto del 2016

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Lo que Costa Rica ha hecho hasta ahora para revertir la pérdida de cobertura forestal es digno de reconocer y, en un mundo donde urgen estas acciones, es una obra monumental. Sin embargo, es hora de que el país empiece a valorar la distribución de su biodiversidad con una visión de ecosistemas de manera oficial mucho más amplia que solo ver cobertura forestal.

Algunos autores han remarcado el hecho de que la mayoría de esa cobertura forestal corresponde a bosques secundarios donde aún queda mucho por hacer para evaluar su calidad ecológica.

Otros han advertido sobre el estado de algunas especies forestales consideradas amenazadas y en peligro de extinción. Aunque protegidas desde 1997, el reciente Inventario Nacional Forestal advierte que de las 18 especies de árboles consideradas en peligro de extinción y vedadas, 11 no fueron encontradas. Esto en alguna medida advierte su crítico estado, pudiendo pensarse incluso en que algunas podrían estar casi extintas en Costa Rica. Otros también han advertido que el país nunca tuvo menos del 40% de bosques como tradicionalmente se ha manejado en círculos políticos oficiales.

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Por otra parte, en 2007 el Sistema Nacional de Áreas de Conservación hizo el análisis de vacíos de conservación utilizando el sistema de clasificación de unidades fitogeográficas, este sistema de clasificación establece que en el país hay 33 unidades fitogeográficas lo que significa que encontramos 33 formas diferentes de composición de la vegetación reflejando así la diversidad de ecosistemas con que cuenta el país a nivel terrestre y que contiene más detalle que cuando simplemente hablamos de bosque y no bosque. El informe  publicó lo siguiente:

“Hay 7 Unidades Fitogeográficas (07b, 9a, 11a, 12a, 13a, 15a, 16a) que no cuentan con parches > 1000 ha del todo (0 % de cumplimiento de la meta de representatividad ecosistémico establecida), ni dentro ni fuera del Sistema de ASP con protección permanente. Estas UF se consideran extintas en Costa Rica. Es necesario realizar esfuerzos muy dirigidos hacia la restauración y recuperación de estas UF usando los fragmentos <1000 ha que aún quedan dispersos en el país. Únicamente de las UF 09a y 11a se encuentran parches > 500 ha. De las otras 5, aunque existe cobertura remanente los fragmentos son aún menores”.

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A lo anterior debemos agregarle que en el V Informe que presenta a la Convención de Biodiversidad en 2014 el país menciona que los ecosistemas de palmas, páramos, aguas subterráneas, ríos y riachuelos, lagos, lagunas y lagunetas así como los manglares mantienen una tendencia a la disminución.

Es claro que el país ya ha tenido la experiencia de poder revertir la cobertura forestal, si bien sabemos no puede ser atribuido a un Gobierno en específico o a una política específica sino al resultado de la combinación de una serie de causas donde ha estado involucrado cambios en los mercados, una legislación más rigurosa, incentivos económicos  y una voluntad de invertir para monitorear al menos su extensión.

Por otra parte la experiencia de más tres décadas de restauración de los ecosistemas de bosques seco en el Área de Conservación Guanacaste refleja que el país tiene todos los elementos necesarios –ciencia, experiencia y recurso humano de alto nivel– para emprender una cruzada de promover una política más integral de recuperación o restauración de ecosistemas en el país.

Esto último –a excepción de la mencionada recuperación  en el Área de Conservación Guanacaste– es un compromiso del país asumido desde hace rato ante la el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y que está pendiente como programa oficial. Ahí se establece que cada una de las partes deberá, tanto como sea posible y apropiado, “rehabilitar y restaurar los ecosistemas degradados y promover la recuperación de las especies amenazadas, más que nada a través del desarrollo y la implementación de planes u otras estrategias de manejo” en cumplimiento a la vez de las Metas 14 y 15 de Aichi.

En síntesis al país le urge cambiar o ampliar su leguaje de cobertura forestal por cobertura de ecosistemas y hacerlo de manera oficial. Con ello podrá guiar las políticas de desarrollo y así lograr el mantenimiento y recuperación de su enorme biodiversidad.

Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente

Nubes

Artículo publicado en la Revista AMBIENTICO #258 de Junio del 2016

El último informe de evaluación sobre el cambio climático (AR5) publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) llega a tres conclusiones básicas: la primera se refiere a que  “el calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes entre los últimos decenios y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado, han ocurrido cambios en algunos fenómenos climáticos extremos y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado”. La segunda conclusión se refiere a que “la influencia humana en el sistema climático es clara. Esta evidencia de la influencia humana es mayor desde que se elaborara  el Cuarto Informe de Evaluación”. Y la tercera conclusión señala que “limitar el calentamiento requerirá reducciones sustanciales y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero” (IPCC, 2013).

Este mismo informe indica que es probable que, para fines del siglo XXI, la temperatura global en la superficie sea superior en 1,5 °C a la del período entre 1850 y 1900 para todos los escenarios considerados de trayectorias de concentración representativas (RCP), excepto para el escenario RCP2.6. Es probable que esa temperatura sea superior en 2 °C para los escenarios RCP6.0 y RCP8.5, y más probable que improbable que sea superior en 2 °C para el escenario RCP4.5. El calentamiento continuará después de 2100 en todos los escenarios RCP, excepto para el RCP2.6 y que el calentamiento continuará mostrando una variabilidad interanual y decenal, y no será uniforme entre las regiones (IPCC, 2013).

La preocupación porque la temperatura promedio de la tierra permanezca por debajo de 2 °C llevó a alcanzar finalmente la meta del acuerdo de París. Esto implica tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en el año 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI del año 2050 con relación al 2010, deben ser entre 40% y 70% menores a nivel mundial.

No obstante, el haber llegado a un acuerdo vinculante llama la atención que en su consideración número 17 (FCC, 2015) señala que se observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en los años 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 °C sino que conducen a un nivel proyectado de 55 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero en el año 2030, lo que implica un calentamiento de la tierra de 2,7 °C a 3,7 °C, y observa también que, para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las emisiones a 40 gigatoneladas, o por debajo de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDCs, por sus siglas en inglés), esto significa que el acuerdo de París es solo el primer paso del esfuerzo de transformación mundial que se requiere.

Con un promedio acumulado casi ya de 1,0 °C (0,87 °C fue el último promedio mundial) y en un país que solo contribuye con el 0,03% (2012) de las emisiones globales, es claro que Costa Rica debe prepararse y darle más prioridad al aumento de la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima bajo un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Lo anterior no solo por su compromiso de aportar a los esfuerzos mundiales, sino aprovechando los co-beneficios  sociales que esto implica como mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo por ejemplo, a la vez que trataría de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

El clima de la región centroamericana y por consiguiente de Costa Rica es moldeado por una serie de manifestaciones atmosféricas entre las que se encuentran; ondas provenientes del este, frentes fríos e intrusión de masas de aire frío, las oscilaciones de la zona de convergencia intertropical, el tránsito de ciclones tropicales en el océano Atlántico y el mar Caribe y los sistemas ciclónicos que viajan paralelos al istmo y México a lo largo del océano Pacífico. Cuando estas condiciones se acoplan con otras condiciones atmosféricas de otra escala de tiempo y espacio como el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), surgen los eventos climáticos extremos que tienen lugar en la región como las fuertes lluvias, inundaciones, deslizamientos de tierra y las sequías. Por tanto, los eventos climáticos extremos en Centroamérica no son excepción, sino que son bastantes recurrentes, lo suficiente para convertirse en una situación normal para el istmo por lo que su impacto tiene importantes consecuencias sobre las condiciones sociales, económicas y ambientales de los habitantes de la región (SICA, 2006).

Durante el periodo 2005-2011, ocurrieron en el país 16 eventos intensos asociados a fenómenos hidrometeorológicos y geotectónicos, que provocaron pérdidas estimadas en    1 130,39 millones de dólares constantes del año 2011 (US$ 1,13 billones). Siendo la infraestructura vial la que sufrió más impacto, seguida por la infraestructura de generación eléctrica, la agricultura y las viviendas. Es importante destacar que el 78,2% de estas pérdidas corresponden a obras públicas, mientras que el restante corresponde a las actividades privadas (MAG-MIDEPLAN, 2013).

Proyectando las tendencias de pérdida basada en estadísticas del último Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres (GAR) que emite la Oficina de las Naciones Unidas  para la Reducción de los Desastres, se estima que las “pérdidas anuales esperadas” por amenazas múltiples (terremotos, inundaciones, vientos ciclónicos, mareas de tormenta y tsunamis), en Costa Rica podrían alcanzar una suma anual de US$ 280 millones (GAR, 2015), lo que de materializarse podría tener importantes repercusiones a nivel fiscal, dado el tamaño  de la economía nacional (Comisión Nacional de Emergencias [CNE], 2015).

Otras estimaciones señalan que “de continuar por la senda de acumulación creciente de riesgos, implicará pérdidas económicas y sociales que superarán la capacidad nacional. Para el 2030 las pérdidas ascenderían a más de US$ 7 mil millones (constantes del 2006) y para el 2050 a casi US$ 30 mil millones (constantes del 2006). De mantenerse la tendencia de eventos declarados emergencias nacionales, al 2030 se habrán duplicado en el escenario de línea base que se definió, y  para el 2050 se multiplicarán en ocho veces” (CNE, 2015).

En 2015 el Gobierno de la República, a través de la CNE destinó más de ₵ 15 500 millones, de los cuales ₵ 12 000 millones salieron del Fondo Nacional de Emergencias y el resto, unos ₵ 3 500 millones son de recursos ordinarios de las instituciones que participan en las acciones de respuesta. Entre tanto, también se destinaron ₵ 75 mil millones para la recuperación de las comunidades afectadas por las inundaciones y deslizamientos (CNE, 2016).

Los números anteriores evidencian que el país aún no se ha adaptado a la variabilidad del clima actual y esto implica que está dejando de utilizar esa oportunidad de laboratorio para aprender y prepararse para los cambios climáticos futuros. Entonces es válido plantear la interrogante: si aún no nos hemos adaptado a la variabilidad climática actual ¿Cómo esperamos adaptarnos al cambio climático  futuro?

Es importante que el país haga esfuerzos para empezar la adaptación al clima actual y futuro ya que los principales cambios proyectados en relación con los fenómenos climáticos para la región centroamericana y el Caribe según el último informe del IPCC (AR5) señalan una reducción proyectada de la precipitación media, aumento de la precipitación extrema y una mayor precipitación extrema debida a ciclones tropicales. Además, existe un nivel de confianza alto en que el fenómeno ENOS seguirá siendo el modo dominante de la variabilidad climática natural en el siglo XXI, con influencias globales, y en que es probable que se intensifique la variabilidad de las precipitaciones regionales que induce (IPCC, 2013).

En relación a impactos esperados, se señala bajo niveles aún de confianza bajos, sobre inundaciones y deslizamientos de tierra en zonas urbanas y rurales debido a precipitaciones extremas, menor producción de alimentos y calidad alimentaria, mayor difusión de enfermedades transmitidas por vectores en altitud y latitud, y un aumento de la decoloración de corales, más allá de los efectos de la contaminación y las perturbaciones físicas (IPCC, 2014).

El recientemente Acuerdo de París le hace un llamado a la comunidad global para que aumente su capacidad de adaptación, fortalezca la resiliencia y reduzca la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible y lograr una respuesta de adaptación adecuada en el contexto del objetivo referente al tope en el aumento de la temperatura global. Se reconoce a su vez, que la adaptación es un desafío mundial que incumbe a todos, con dimensiones locales, subnacionales, nacionales, regionales e internacionales, y que es un componente fundamental de la respuesta mundial a largo plazo frente al cambio climático, cuyo fin es proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas.

Así mismo, el Acuerdo hace un llamado al reforzamiento de acciones en materia de intercambio de información, buenas prácticas, experiencias y enseñanzas extraídas, en lo referente, según el caso, a la ciencia, la planificación, las políticas y la aplicación de medidas de adaptación. Específicamente se hace referencia al fortalecimiento de los conocimientos científicos sobre el clima, con inclusión de la investigación, la observación sistemática del sistema climático y los sistemas de alerta temprana, de un modo que aporte información a los servicios climáticos y apoye la adopción de decisiones de una manera eficaz.

Le queda al país la tarea aún de desarrollar su plan o planes nacionales de adaptación establecidos en el Acuerdo, por lo que tendrá que emprender procesos de planificación de la adaptación y adoptar medidas, como la formulación o mejora de los planes, políticas o contribuciones pertinentes. Se podrá incluir: a) La aplicación de medidas, iniciativas y/o esfuerzos de adaptación; b) El proceso de formulación y ejecución de los planes nacionales de adaptación; c) La evaluación de los efectos del cambio climático y de la vulnerabilidad a este, con miras a formular sus medidas prioritarias determinadas a nivel nacional, teniendo en cuenta a las personas, los lugares y los ecosistemas vulnerables; d) La vigilancia y evaluación de los planes, políticas, programas y medidas de adaptación y la extracción de las enseñanzas correspondientes; y e) El aumento de la resiliencia de los sistemas socioeconómicos y ecológicos, en particular mediante la diversificación económica y la gestión sostenible de los recursos naturales.

El Acuerdo de París en materia de daños y pérdidas señala que se debe actuar de manera cooperativa y facilitadora para mejorar la comprensión, las medidas y el apoyo; acá se podrán incluir: a) Los sistemas de alerta temprana; b) La preparación para situaciones de emergencia; c) Los fenómenos de evolución lenta; d) Los fenómenos que puedan producir pérdidas y daños permanentes e irreversibles; e) La evaluación y gestión integral del riesgo; f) Los servicios de seguros de riesgos, la mancomunación del riesgo climático y otras soluciones en el ámbito de los seguros; g) Las pérdidas no económicas; y h) La resiliencia de las comunidades, los medios de vida y los ecosistemas (FCCC 2015).

En síntesis, atender la adaptación en el país va a requerir promover esfuerzos para enfrentar los cambios en el clima basados en sólidos planes y políticas de reducción de la pobreza y desarrollo sostenible que aumente el grado en el cuál los daños y pérdidas a causa del cambio climático puedan ser evitados. Así el Acuerdo de París reviste una oportunidad para reconocer el vínculo entre la mitigación, la adaptación y los daños y pérdidas, para mejorar los esfuerzos a través de una acción climática integral a partir de la alineación de las diversas agendas sectoriales (Roberts et al., 2015).

 Referencias

-Comisión Nacional de Emergencias [CNE]. (2015). Política Nacional de Gestión del Riesgo 2016-2030. San José-Costa Rica: Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias. Comisión Nacional de Emergencias

-[CNE]. (2016). En el último año. CNE financió proyectos por más de ₵􀵂55.800 millones. Disponible en http://www.cne. go.cr/index.php/269-noticias/timas/1089-inversion-obras-2015. Consultado 12 Enero del 2016.

-FCCC. (2015). Acuerdo de París. Convención Marco sobre el Cambio Climático. París, Francia: Conferencia de las Partes, 21er período de sesiones.

-GAR. (2015). GAR: Evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres. Oficina de la Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). New York, EE.UU

-IPCC. (2013). “Resumen para responsables de políticas. En: Cambio Climático 2013: Bases físicas. Contribución del Grupo de trabajo I al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático” [Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex y P.M. Midgley (eds.)]. Cambridge UniversityPress, Cambridge, Reino Unido y Nueva York, NY, Estados Unidos de América.

-IPCC. (2014). Cambio climático 2014: Impactos, adaptación y vulnerabilidad – Resumen para responsables de políticas. Contribución del Grupo de trabajo II al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [Field, C.B., V.R. Barros, D.J. Dokken, K.J. Mach, M.D. Mastrandrea, T.E. Bilir, M. Chatterjee, K.L. Ebi, Y.O. Estrada, R.C. Genova, B. Girma, E.S. Kissel, A.N. Levy, S. Mac- Cracken, P.R. Mastrandrea y L.L. White (eds.)]. Organización Meteorológica Mundial, Ginebra, Suiza, 34 págs.

-MAG-MIDEPLAN. (2013). Sistematización de la Información de Impacto de los Fenómenos Naturales en Costa Rica, Período 2005- -2011. San José, San José: Ministerio de Agricultura y Ganadería, Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica

-Roberts, E., Andrei, S., Huq, S., & Flint, L. (2015). Resilience synergies in the post-2015 development agenda. Nature Climate Change, 1024-1025.

-SICA. (2006). Impacts and Adaptation to Climate Change and Extreme Events in Central America.San José, Central America Integration System, Regional Committee on Hydraulic Resources, University of Costa Rica, Geophysical Research Center.

TOMADO DE:

Corrales Lenin. 2016. Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente. En: UNA.2016. ¡¡¡Histórico!!!. Implicaciones para Costa Rica del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Ambientico #258. Artículo 7.p. 43-49.Heredia-Costa Rica. ISSN 1409-214X.

Para acceder a la Revista completa hacer “click” aquí:

http://www.ambientico.una.ac.cr/pdfs/ambientico/258.pdf

Acuerdo de Paris: Un vaso medio lleno

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Columna publicada en el Suplemento de cambio climático Ojo al Clima del Semanario Universidad el 3 de Febrero del 2016

Es claro que después de 21 años de discusiones y con 6 años de atraso de la cumbre donde se debió tomar el acuerdo “Es mejor tener el acuerdo a no tenerlo”. Sin embargo, la realidad es que el verdadero esfuerzo empieza después de París y se convierte en solo un paso de un largo camino que hace que la cuesta sea menos empinada, pero que se requiere se suba con urgencia.

Alcanzar la meta del acuerdo de Paris en la que la temperatura permanezca por debajo de 2 °C en relación con los niveles preindustriales-concentraciones en 2100 entre aproximadamente 450 y 500 (ppm) de CO2eq- implican tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI en 2050 con relación al 2010, deben ser entre el 40% y el 70% menor a nivel mundial y al 2100 cercanos a cero GtCO2eq o negativos.

Aun cuando hubo una gran demostración de euforia política al alcanzar el acuerdo surgen algunas dudas. La primera es saber que los países, aun conociendo la urgencia de tomar medidas, presentaron contribuciones nacionales que calientan el planeta de entre 2.7°C a 3.7°C y la segunda  es leer el débil artículo 4 que señala “alcanzar un pico de emisiones de CO2 tan pronto sea posible”, como si la ciencia no hubiera ya establecido los plazos y las metas de emisiones relacionadas con la meta de los 2 °C.

La reducción de emisiones no solo debe hacerse por razones de calentamiento de la tierra sino en un país como Costa Rica que contribuye con menos del 0.04% (2012) de las emisiones globales, lo más importante es mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo. Pero no hay que olvidar que se trata también de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

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Manuel Antonio: un Parque Nacional vulnerable a eventos climáticos extremos

Figura1A

Considerado en 2011 como uno de los 12 Parques Nacionales más hermosos del mundo por la revista Forbes (1) y una visitación anual de 379.608 visitantes (2014) el Parque Nacional Manuel Antonio (PNMA) es una de las Áreas Silvestres Protegidas de Costa Rica más visitadas y la que genera mayores ingresos dentro del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, donde además, ha contribuido a un incremento en el desarrollo del turismo local.

Figura1El Parque Nacional Manuel Antonio se encuentra ubicado en la Región del Pacífico Central cercano a la ciudad de Quepos y nace en 1972 como “Parque Recreativo Nacional Playas de Manuel Antonio”, posteriormente en 1978 cambia su categoría a Parque Nacional. A pesar que tiene una extensión en la parte continental bastante reducida (~1800 hectáreas), es la tercer área silvestre protegida marino-costera (~55.210 hectáreas) más grande del país y es considerado como un remanente de humedales y bosque en medio de amplias extensiones de monocultivos de palma africana y desarrollos turísticos(2). La porción continental está dominada en su extensión por un 50% de humedales, 35% bosque, 2% de playas y un 13% con modificaciones de origen humano, donde se han reportado 943 especies terrestres y 237 especies en el ambiente marino para un total de 1.180 especies(3).

 IMPACTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Procesos propios de la dinámica costera han venido aumentando de manera significativa en los últimos años tales como:

  • Entradas de ráfagas de viento de gran poder destructivo procedente del mar (Figura 1),
  • Erosión de la costa,
  • Marejadas de fondo e inundaciones temporales (Figura 2).

Estos fenómenos se verán cada vez exacerbados por los impactos previstos del cambio climático haciendo el PNMA particularmente vulnerable. De hecho, en los últimos años los eventos extremos de corta duración han provocado un cambio radical de la playa de mayor visitación del Parque.

Figura2Figura3

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos de estos eventos son explicados por las marejadas de fondo (oleaje) que afectan frecuentemente el pacífico centroamericano y que son producidas por tormentas originadas en el Pacífico Sur(4). Estas tormentas intensas, llamadas intertropicales, cuando llegan a Nueva Zelanda se desvían hacia la costa pacífica de Costa Rica que a diferencia de los otros países de la región como Ecuador, México, Honduras o Nicaragua donde las olas alcanza hasta 3,5 metros de altura en Costa Rica solo alcanzan los dos metros y medio gracias a que las Islas Galápagos “protegen” al país reduciendo la energía de las olas (5). Con cambios en el clima es probable que estas tormentas aumenten su influencia sobre el pacífico.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN MANUEL ANTONIO?

Figura4En agosto del 2012 el Parque sufrió un evento extremo provocado por oleaje alto y marejadas de fondo (Figura 3), que produjo impactos importantes sobre la conformación de la playa. A pesar de que los administradores tomaron acciones para reconstruir la playa con el uso de maquinaria, durante el evento la playa perdió varios metros de vegetación destruyendo los sistemas de agua potable (Figura 4) y el sendero en la playa más visitada (Figura 5) y aumentando finalmente la vulnerabilidad del Parque a nuevos fenómenos extremo

EL FUTURO

Figura5Los efectos previstos del cambio climático en el PNMA incluyen aumento del nivel del mar(6), incremento de la temperatura ambiental(7) y superficial del mar(8), leve aumento de las precipitaciones al año 2050(9).

Estos efectos tendrán un impacto negativo en la salud de la biodiversidad del PNMA, así como una reducción probable en el número de turistas, a causa de la trasformación y erosión de las playas existentes. Finalmente, los eventos extremos tendrán un impacto significativo en la infraestructura del parque, con el riesgo concreto de destrucción de senderos y edificios para uso turístico.

Escenarios de cambio climático(10) establecen en la región del PNMA una tendencia de aumento en el nivel medio del mar de 1.95 mm/año, lo que equivaldría a un incremento de 58,61 mm al año 2040 – o sea un retroceso de la costa de 3 a 6 metros o incluso se podría llegar a 166.08 mm en presencia de un fenómeno del Niño (como pasó en 1997).

LA RESPUESTA

Los eventos de origen climático que se empiezan a documentar en el parque y bajo escenarios futuros de una mayor intensificación provocados por cambio en el clima llaman la atención sobre la necesidad de empezar a tomar acciones de adaptación que garanticen en el mediano y largo plazo el servicio ambiental de la recreación que el PNMA ofrece a los visitantes. Para lograr lo anterior algunas opciones de adaptación identificadas hasta ahora son(11):

  • Desarrollar un sistema de vigilancia y alerta temprana ante eventos extremos (por ej. marejadas de fondo, oleaje, vientos locales) producto de la variabilidad climática
  • Implementar un esquema de comunicación e información para el manejo de riesgos y la atención de contingencias resultantes de eventos meteorológicos extremos
  • Establecer zonas críticas y vulnerables para el visitante, bajo eventos extremos y establecer regulaciones para su uso
  • Mantener y conservar una línea de bosque mínima entre la zona supralitoral y los senderos en el bosque
  • Desarrollar un sistema de monitoreo de los perfiles de playa y dinámica de la playa para modelar los impactos futuros de aumento en nivel del mar y marejadas
  • Implementar un plan de desarrollo de capacidades del personal del PNMA y de otros actores estratégicos locales y regionales para la atención de los eventos extremos producidos por la variabilidad climática
  • Generar una línea base que permita dimensionar y monitorear el estado de la dinámica de la playa asociada a eventos extremos (marejadas de fondo, oleaje), consecuencias del aumento del nivel del mar y cambios en su composición por exceso de sedimentos

El documento en formato de publicación puede ser obtenido aquí:

Folleto

Publicación Manuel Antonio

REFERENCIAS

1 Jane Levere. (2011).The World’s Most Beautiful National Parks. 2 marzo 2015, de Forbes Magazine Sitio web: http://www.forbes.com/

2 Araucaria. (2003). Plan de ordenamiento territorial de la cuenca del Río Savegre. MINAE-AECI 3 SINAC. (2013). Plan de Manejo Parque Nacional Manuel Antonio 2014-2018. Área de Conservación Pacífico Central (ACOPAC). Aguirre-Costa Rica.

4 MioCimar.(2015).Condiciones de oleajes y mareas altas para estos días en el Pacífico de Costa Rica.Inforem Oceanográfico MIO01205-04-17. 17 de abril del 2015

5 Pablo Rojas. (2014). Fuerte oleaje en Centroamérica no repercutió en el país; prevén fenómeno

6 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).Dinámicas, tendencias y variabilidad climática. Efectos del cambio climático en la costa de América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Ministerio de Asuntos Exteriores de España (MASEE), Instituto de Hidráulica Ambienta de la Universidad de Cantabria. Santiago-Chile

7 IMN (2008). Cambio Climático: Clima, variabilidad y Cambio Climático en Costa Rica. Instituto Meteorológico Nacional. MINAET-GEF-IMN-PNUD.

8 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).

9 IMN (2008).

10 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).

11 SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) . (2015). Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático del Parque Nacional Manuel Antonio. Área de Conservación Pacífico Central (ACOPAC). Quepos-Costa Rica. 35 pags.

Figura6

Cahuita: el Parque Nacional que se está llevando el mar

“Lo que el mar le está haciendo al Parque Nacional Cahuita muestra lo que el cambio climático podría hacerle, en algún momento, a la costa y a las economías de los poblados costeros del país”

PNCahuita

 

 

El Parque Nacional Cahuita se encuentra en la región del Caribe sur de Costa Rica, en la provincia de Limón. Su creación como Área protegida ocurrió en septiembre de 1970 como Monumento Nacional y más tarde en 1978 es declarado como Parque Nacional cubriendo un área de 1,102 ha en el perímetro terrestre y 23,290 ha en la parte marítima, de las cuales 600 ha corresponden a zonas de arrecife.

La gran diversidad biológica del Parque va de la mano con la diversidad cultural de la región, ya que el Parque se ubica en una de las zonas más diversas culturalmente hablando del país en el cantón de Talamanca, donde se encuentra cerca del 65% de la población indígena del país (Bribris, Cabecares y Ngobes). Además, de estos grupos indígenas en la zona se ubican otros grupos étnicos (afrocaribeños, migrantes europeos, asiáticos y centroamericanos).

IMPACTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El aumento del nivel del mar constituye uno de los indicadores más importantes del cambio climático, porque incorpora la variación de diferentes componentes del sistemaCahuita climático. Sus impactos físicos son más fáciles de ver y medir que otros impactos del cambio en el clima sobre otros sistemas naturales como los bosques. A lo largo de las costas centroamericanas, en las dos últimas décadas, el Mar Caribe ha mostrado tendencias de expansión térmica (1)- o sea el incremento en el volumen del agua marina a medida que aumenta su temperatura- lo que ha resultado en afectaciones sobre las costas y de manera muy evidente en el Parque Nacional Cahuita.

Gran parte del calor en la atmósfera es absorbida por los océanos, los cuales se expanden de acuerdo con las leyes básicas de la física. Visto desde la tierra, esta llamada “expansión térmica” es uno de los contribuyentes más importantes de la subida del nivel del mar el cual actualmente muestra un incremento de +3.18 mm al año (2). Este proceso de ascenso puede incrementar varios impactos físicos en las costas, entre ellos:

  • La trasgresión o retroceso de la línea de ribera (erosión de playas y retroceso de acantilados),
  • La ampliación o migración tierra adentro de los terrenos sujetos a inundación mareal, o marismas, con posibilidad de provocar salinización de humedales costeros y acuíferos y de perder hábitats costeros, como playas de anidación de tortugas marinas, por ejemplo.

Las inundaciones causadas por tales procesos pueden ser temporales o permanentes, lo que depende de la combinación del ascenso del nivel del mar con otros factores como las mareas meteorológicas y astronómicas y los cambios en el oleaje, conduciendo a que las costas sean particularmente vulnerables a dicho proceso porque la mayoría de la actividad económica, la infraestructura y los servicios están localizados en la costa o muy cerca de ella, y las economías locales están concentradas en pocos sectores, como el turismo (3).

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CAHUITA?

Cahuita2

En análisis de las tendencias de aumento del nivel medio del mar a partir de mareógrafos, se observó un cambio en la tendencia lineal evaluada para el intervalo 1948-1968 en Limón, Costa Rica, reflejando un aumento de 1,68 mm/ año. La tendencia anterior también se observó a la hora de utilizar datos provenientes de satélites altimétricos, que muestran una tendencia al aumento del nivel del mar para el período 1992- 2012, con máximos extremos en el Caribe de Costa Rica (figura 1). Los valores de aumento del nivel de Cahuita muestran una tendencia de aumento de ~2 mm/año.

 

En los últimos años el oleaje y los procesos de erosión han incrementado su velocidad e impacto con consecuencias directas y económicas sobre la infraestructura del parque con registros históricos de pérdida:

  • En el año 1985 el mar desapareció la primera casa de guarda parques,Cahuita3
  • En 1990 el mar inició la invasión de los servicios para los visitantes en una región del parque (Puerto Vargas) provocando el cierre de la zona de camping en 2004,
  • En otros sectores del parque a partir de 1995 se habían desarrollado 50 áreas de camping hasta desaparecer completamente en enero del 2015 (Figura 2),
  • Hoy el parque en el sector más expuesto al Mar Caribe ha perdido completamente los senderos y el camino de acceso a la residencia de los guardaparques cada vez se ve más comprometido por el aumento del nivel del mar (Figura 3).

 

Cahuita4

 

Así mismo el bosque se ve impactado directamente por el oleaje, provocando a la vez la entrada de agua salada al sistema y drenaje de agua dulce lo que se ha traducido en cambios importantes en la estructura del bosque junto a la caída de árboles centenarios.

Todos los efectos anteriores están provocando una disminución en la visitación de turistas, con importantes afectaciones sobre la economía local, ya que la principal actividad económica del pueblo de Cahuita es el turismo. Aunque aún no se ha podido cuantificar la magnitud económica de este impacto, los testimonios de los pobladores evidencian la gradual reducción de sus ingresos económicos derivados del turismo.

EL FUTURO

En el año 2040 el nivel del mar en la costa caribeña podría llegar a valores entre 81,0 y 84,9 mm (5) (cada 10 mm significan ~1 metro de retroceso de la costa). Debe tomarse en cuenta que, a partir de 2003, la contribución del deshielo al aumento del nivel del mar absoluto global supera a la contribución de la dilatación térmica, lo que implica que, si la rapidez del deshielo en los polos aumentara, como parece estar ocurriendo en los últimos años, el aumento del nivel del mar global podría acelerarse y superar los efectos locales, resultando en un aumento del nivel del mar geográficamente generalizado (6).

LA RESPUESTA

Cahuita5Los eventos documentados hasta ahora muestran la necesidad urgente de la puesta en marcha de opciones de adaptación que garanticen en el mediano y largo plazo el servicio ambiental de la recreación que el PN Cahuita ofrece a los visitantes. Además, intervenciones de adaptación se hacen fundamentales para seguir garantizando el ingreso de recursos al sistema nacional de área de conservación (SINAC) y como medio de vida de los pobladores que reciben beneficios, a través de los ingresos que obtienen a partir de las diversas actividades que realizan con los turistas. Para lograr lo anterior algunas opciones de adaptación identificadas hasta ahora entre otras son (7):

 

  • Desarrollar un sistema de vigilancia y alerta temprana ante eventos extremos (por ej. ciclones tropicales, oleaje, vientos locales) producto de la variabilidad climática Cahuita6donde no solo se incluya el Parque sino también las comunidades vecinas,
  • Implementar un esquema de comunicación e información para el manejo de riesgos y la atención de contingencias resultantes de eventos meteorológicos extremos,
  • Rediseñar el sistema de senderos del Parque tomando en cuenta los escenarios de cambio climático,
  • Establecer una hoja de ruta para el traslado de las instalaciones administrativas del parque a un lugar seguro y considerar en su construcción la arquitectura tradicional basada en pilotes
  • Identificar zonas críticas y vulnerables para el visitante, bajo eventos extremos y establecer regulaciones para su uso
  • Desarrollar un sistema de monitoreo de los perfiles de playa y dinámica de la playa para modelar los impactos futuros de aumento en nivel del mar y marejada
  • Participar activamente en el proceso de formulación del Plan Regulador Cantonal para garantizar la incorporación de medidas de adaptación y mitigación al cambio climático

TESTIMONIOS DE LOS POBLADORES RESPECTO AL CLIMA Y LA COSTA (8)

Cahuita7 

  • Hace 20 años era más húmedo y llovía más
  • Antes podía llover un mes seguido
  • Ahora llueve menos pero los aguaceros son intensos y de corta duración
  • Ahora sentimos que es más seco que hace 20 años
  • Ahora es más caliente que antes tanto en el día como en la noche
  • Ahora tenemos que dormir con el abanico toda la noche algo que no ocurría antes porque las noches eran más frescas
  • La arquitectura de las casas ha cambiado, antes estaban en pilotes y ahora están en el suelo porque hay menos humedad
  • En 1996 la playa de Puerto Vargas y Playa Blanca tenía 40 metros de ancho
  • A lo largo del Parque la playa siempre tuvo entre 15 y 20 metros y en algunos lugares hasta 50 metros de ancho (Figura 4)
  • En los últimos 6-7 años es cuando se ha incrementado la erosión
  • La línea de árboles ahora está más adentro que hace 20 años y se nota cada vez más la arena dentro del bosque
  • El Parque Nacional Cahuita antes estaba rodeado de humedales y hoy es de casas porque no hay tanta agua como antes

El documento en formato de publicación puede ser obtenido aquí:

Publicación

Publicación Cahuita

Referencias

(1) BIOMARCC-USAID 2013. Vulnerabilidad y escenarios bioclimáticos de los sistemas marino-costeros a nivel del caribe centroamericano. San José, Costa Rica.

(2) NASA. (2015). Global Climate Change, Vital Signs of the Planet; Sea Level. 3 marzo 2015, de NASA’s Jet Propulsion Laboratory Sitio web: http://climate.nasa.gov/vital-signs/sea-level/

(3) Andrade, J. M. (1996). Análisis de la vulnerabilidad de la zona costera ante el ascenso del nivel del mar por un cambio climático global. Costa del Pacífico de Costa Rica. Informe final. Proyecto Centroamericano sobre Cambio Climático-Comité Regional de Recursos Hidráulicos; Fish, M., Coté, J. A., Gill, A., Jones, P., Renshoff, S. y Watkinson, A. R. (2005). Predicting the impact of sea-level rise on Caribbean sea turtle nesting habitat. Conservation Biology 19, 482–491; Fish, M., Coté, J. A., Gill, A., Jones, P., Renshoff, S. y Watkinson, A. R. (2005). Predicting the impact of sea-level rise on Caribbean sea turtle nesting habitat. Conservation Biology 19, 482–491; Cepal, Masee, IH-UC. (2012). Dinámicas, tendencias y variabilidad climática. Efectos del cambio climático en la costa de América Latina y el Caribe. Santiago: Comisión Económica para América Latina (Cepal), Ministerio de Asuntos Exteriores de España (Masee), Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria.

(4) Ballestero, D. y Salazar, P. (2012). Variabilidad y Cambio del Nivel del Mar en Costa Rica. Informe Técnico preparado por el Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional. Costa Rica:

(5) Cepal, Masee, IH-UC. (2012). Dinámicas, tendencias y variabilidad climática. Efectos del cambio climático en la costa de América Latina y el Caribe. Santiago: Comisión Económica para América Latina (Cepal), Ministerio de Asuntos Exteriores de España (Masee), Instituto de Hidráulica Ambiental de la Universidad de Cantabria.

(6) Protti, M., Ballestero, D. y Fonseca, A. (2010). Tectónica, nivel del mar y ciclo sísmico en playa Junquillal y el Pacífico Norte costarricense. San José: Ovsicori, Una, WWF 7 SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) . (2015). Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático del Parque Nacional Cahuita. Área de Conservación La Amistad-Caribe (ACLAC). Limón-Costa Rica. 35 págs.

(7) SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) . 2015. Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático del Parque Nacional Cahuita. Área de Conservación Amistad-Caribe (ACLAC). Cahuita-Costa Rica. 37 pags.

(8)Testimonios de Taller Comunal para el Diseño del Plan de Adaptación del Parque Nacional Cahuita, 26 Febrero 2015