¿Qué es un Refugio Climático?

En un mundo donde el cambio climático avanza con rapidez y transforma los paisajes que conocemos, el concepto de refugios climáticos se ha convertido en una herramienta clave para la conservación de la biodiversidad. ¿Pero qué es exactamente un refugio climático y por qué es tan importante hoy?

De los glaciares al siglo XXI: una evolución del concepto

Tradicionalmente, los refugios climáticos eran aquellas áreas donde las especies lograron sobrevivir a eventos extremos del pasado, como las glaciaciones. Sin embargo, en la actualidad, el término se ha ampliado para incluir aquellas zonas que, pese al calentamiento global del siglo XXI, podrían seguir ofreciendo condiciones adecuadas para la vida.

Este cambio ha traído consigo nuevas interpretaciones y métodos de análisis, lo que, si bien enriquece el concepto, también puede dificultar su aplicación práctica en proyectos de conservación. Por eso es esencial comprender cómo funcionan estos refugios, dónde se localizan y cómo identificarlos de manera efectiva.

¿Qué hace a un lugar un refugio climático?

Desde una perspectiva funcional, un refugio climático es un área que mantiene condiciones ambientales relativamente estables, protegiendo así a las especies frente a las variaciones extremas del clima. Estos espacios pueden ser de dos tipos:

  • Refugios In situ: donde las especies ya viven actualmente.
  • Refugios Ex situ: nuevas zonas que podrían ser colonizadas naturalmente o mediante asistencia (como corredores biológicos o translocación).

Además, según su tamaño y nivel de detalle, los refugios pueden dividirse en:

  • Macrorefugios: grandes extensiones detectadas mediante modelos climáticos.
  • Microrefugios: pequeñas zonas con microclimas especiales, como quebradas, laderas sombreadas o áreas con alta cobertura vegetal.
  • Refugios hiperlocales: son espacios específicos como cuevas y cavernas que ofrecen condiciones térmicas estables y refugio para especies especializadas. Estos refugios cumplen un rol crítico en la conservación de fauna cavernícola o especies altamente sensibles a los cambios climáticos extremos.

Identificarlos requiere herramientas especializadas, como modelos de alta resolución o sensores térmicos.

¿Clima o hábitat? Dos dimensiones esenciales

Una de las grandes preguntas en la ciencia de los refugios climáticos es: ¿debemos enfocarnos en la estabilidad del clima o en la estabilidad del hábitat? La primera se refiere a la constancia de variables físicas como temperatura y humedad; la segunda, a la permanencia de condiciones ecológicas clave para las especies.

Ambas dimensiones no siempre coinciden, por lo que su integración es fundamental para una conservación realmente eficaz.

Factores que influyen en la efectividad de un refugio

La capacidad de un refugio para mantener la vida depende de varios elementos:

  • Su estabilidad térmica e hídrica.
  • La calidad del hábitat para permitir procesos como la reproducción y la alimentación.
  • La duración del evento climático extremo.
  • La resiliencia de las poblaciones que lo habitan.

Incluso algunas especies sobreviven en condiciones subóptimas mediante estrategias como bancos de semillas o adultos longevos. Estos casos, aunque frágiles, pueden ser clave para futuros procesos de restauración.

¿Cómo identificamos un refugio climático?

Existen diferentes enfoques para localizar estas áreas clave, cada uno con sus ventajas y limitaciones:

1. Modelos climáticos y de nicho ecológico

Utilizan herramientas como MaxEnt o Random Forest para predecir dónde podrían persistir especies bajo futuros escenarios climáticos. También permiten detectar áreas con menor velocidad de cambio climático.

2. Indicadores biofísicos

Analizan el relieve, la orientación de las laderas o la presencia de cuerpos de agua para encontrar microclimas favorables. También se evalúa la conectividad ecológica para asegurar rutas de migración hacia zonas seguras.

3. Enfoque histórico-paleoecológico

Se basa en registros fósiles, sedimentos o polen para identificar regiones que han mantenido su estabilidad durante milenios, incluso frente a eventos extremos como las glaciaciones.

4. Sensores remotos y análisis espacial

Con tecnologías satelitales y geoespaciales, se detectan áreas que conservan vegetación saludable, buen acceso al agua y condiciones térmicas estables a lo largo del tiempo.

5. Enfoque integrado multicriterio

Combina datos climáticos, topográficos, ecológicos y sociales mediante SIG para priorizar zonas con múltiples atributos favorables.

6. Enfoque socioecológico

Reconoce el valor del conocimiento local e indígena. Comunidades que han vivido por generaciones en territorios diversos poseen una sabiduría invaluable sobre áreas naturalmente resilientes. Integrar esta visión enriquece y legitima cualquier estrategia de conservación.

Una herramienta clave para planificar el futuro

Los refugios climáticos no son una receta mágica, pero sí una pieza estratégica para enfrentar el cambio climático y conservar la biodiversidad. Su identificación y protección requieren ciencia, tecnología, participación comunitaria y una mirada de largo plazo.

Proteger estos espacios es proteger también nuestra propia resiliencia como sociedad ante un planeta cambiante. Porque allí donde la vida ha encontrado refugio antes, puede encontrar esperanza nuevamente.

¿Cómo deben responder las empresas al llamado por la biodiversidad? El nuevo indicador del Marco de Kunming-Montreal


La pérdida de biodiversidad ya no es un asunto exclusivo de científicos y conservacionistas. Hoy, empresas, bancos e inversionistas deben asumir un papel más activo para frenar el deterioro de la biodiversidad. Así lo establece el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad. Entre sus metas, destaca un objetivo clave para el sector privado: garantizar que las empresas divulguen sus riesgos, dependencias e impactos sobre la biodiversidad.

Este compromiso está contenido en la Meta 15 del marco, que busca transformar los patrones de producción y financiamiento empresarial. Para lograrlo, se promueve que las grandes empresas, corporaciones transnacionales e instituciones financieras informen de forma periódica y transparente cómo sus operaciones y decisiones afectan a la biodiversidad.

El instrumento para medir ese avance es un nuevo indicador global: el número de empresas que divulgan públicamente información sobre sus vínculos con la biodiversidad.

¿Qué se espera de las empresas?

Este indicador no solo evalúa el número de empresas que generan reportes ambientales. Va más allá: exige que identifiquen y comuniquen tres aspectos fundamentales:

  1. Riesgos relacionados con la biodiversidad, que pueden ser ecológicos (como la pérdida de hábitats), legales (por demandas por daños ambientales) o estratégicos (vinculados a nuevas regulaciones o cambios de mercado hacia prácticas más sostenibles).
  2. Dependencias, es decir, cómo sus actividades dependen de los servicios que proveen los ecosistemas, como el agua, la polinización o la calidad del suelo.
  3. Impactos, tanto negativos como positivos, directos o indirectos, que sus operaciones generan sobre la biodiversidad y los ecosistemas.

Esta divulgación debe realizarse de forma periódica y alinearse con normas, leyes o estándares reconocidos. Entre ellos se encuentran iniciativas como el Global Reporting Initiative (GRI), el Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con la Naturaleza (TNFD), o marcos regulatorios como la Directiva de la Unión Europea sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD).

¿Por qué es importante?

Históricamente, muchas empresas han operado desconectadas de los límites ecológicos de nuestro planeta. Esta desconexión ha contribuido a la degradación ambiental que hoy amenaza las mismas bases sobre las que se sustentan las economías. Al exigir la divulgación de riesgos e impactos, la Meta 15 introduce una lógica de responsabilidad y transparencia que permite:

  • Identificar áreas críticas donde se requieren medidas de mitigación o restauración.
  • Reducir progresivamente los impactos negativos sobre la biodiversidad y aumentar los positivos.
  • Brindar a los consumidores información útil para adoptar patrones de consumo más sostenibles.
  • Ofrecer a los gobiernos herramientas para diseñar regulaciones efectivas y direccionar inversiones hacia sectores más sostenibles.

¿Cómo se mide y quién lo reporta?

Para que una empresa cuente dentro del indicador, debe ser reconocida a nivel nacional como “grande” y publicar información clara y accesible al público sobre sus riesgos, dependencias e impactos relacionados con la biodiversidad. Este informe puede elaborarse a nivel de grupo empresarial o bien a través de subsidiarias y franquicias. Lo fundamental es que exista una divulgación formal, verificable y periódica.

Sin embargo, uno de los grandes retos es que aún no existe un sistema consolidado a nivel global que recopile esta información de forma centralizada. La mayoría de los países no cuenta con una entidad específica responsable de su seguimiento, lo cual representa una brecha significativa para monitorear avances reales.

Hacia una nueva cultura empresarial

Este indicador de la Meta 15 representa una oportunidad para que las empresas den un paso adelante en la transición hacia modelos más sostenibles y resilientes. No se trata solo de cumplir con un requisito técnico, sino de reconocer que los negocios no pueden prosperar en un planeta degradado.

La biodiversidad no es solo un bien común: es también una fuente de riesgos financieros, de ventajas competitivas y de innovación para el sector privado. Por ello, medir y divulgar cómo una empresa interactúa con la biodiversidad ya no es una opción, sino una necesidad estratégica.

Fuente: Indicadores para el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. CBD/COP/DEC/15/4 y  CBD/COP/DEC/15/5

CONSUMO Y PRODUCCIÓN SOSTENIBLE: ¿Cuánta comida estamos tirando mientras millones pasan hambre?

Cada vez que tiramos comida a la basura, no solo estamos desperdiciando un recurso valioso, sino también contribuyendo silenciosamente a una crisis global que afecta al planeta y a millones de personas. El desperdicio de alimentos es un problema económico, ambiental y social de proporciones colosales. Se estima que cada año se desperdician más de 1.000 millones de toneladas de alimentos en el mundo. Para ponerlo en perspectiva: más de un tercio de toda la comida que se produce globalmente acaba en la basura. ¿Cómo podemos justificar esta cifra cuando casi 800 millones de personas padecen hambre?

Un costo invisible en cada plato

El valor económico de los alimentos desperdiciados supera el billón de dólares anuales, pero el impacto real va mucho más allá del dinero. Este desperdicio involucra el uso de más del 28 % de las tierras agrícolas del planeta, la explotación de recursos hídricos, energía, fertilizantes y mano de obra, todo para producir alimentos que nunca se consumirán. Como si fuera poco, este ciclo genera entre el 8 y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, contribuyendo directamente al cambio climático.

La ironía es brutal: mientras se desechan toneladas de comida en supermercados, restaurantes y hogares, 150 millones de niños sufren retrasos en su desarrollo por falta de nutrientes, y millones de familias enfrentan inseguridad alimentaria crónica. En 2022, el 29,6 % de la población mundial vivía con inseguridad alimentaria moderada o grave.

Hogares: el epicentro silencioso del problema

Aunque muchas veces se señala a los supermercados o restaurantes como principales responsables del desperdicio, los datos revelan que los hogares son el mayor foco de este problema. En promedio, se desperdician 79 kg de alimentos por persona al año en las casas, lo que representa cerca del 60 % del total mundial.

En Costa Rica, se estima que cada habitante desperdicia 91 kg de alimentos al año en su hogar, cifra que equivale a más de un millón de toneladas de comida tiradas anualmente. En países vecinos, el escenario no es mejor: Guatemala también reporta 91 kg por habitante al año (más de 1,6 millones de toneladas), Honduras 90 kg (940 mil toneladas), Nicaragua 90 kg (626 mil toneladas), y El Salvador 91 kg (579 mil toneladas). En el Caribe, la República Dominicana lidera con un preocupante 160 kg de alimentos desperdiciados por persona al año, generando casi 1,8 millones de toneladas de residuos.

Estos datos —aunque sujetos a márgenes de incertidumbre— revelan una tendencia alarmante: el desperdicio de alimentos no es solo un problema de países ricos. También está presente en regiones donde el acceso a una dieta balanceada sigue siendo limitado para millones de personas.

Un objetivo global, una responsabilidad compartida

La comunidad internacional ha reconocido la urgencia del problema. La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible busca reducir a la mitad el desperdicio per cápita de alimentos para 2030, tanto a nivel de consumidores como en la cadena de suministro. Paralelamente, la Meta 16 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal llama a reducir significativamente el consumo excesivo y el desperdicio, en armonía con la naturaleza.

Lograr estos objetivos requiere más que buenas intenciones. Necesitamos marcos legales e incentivos claros que promuevan el consumo responsable, mejoras en la infraestructura de almacenamiento y transporte, programas nacionales de educación alimentaria, y sobre todo, una transformación profunda en nuestra relación con los alimentos.

Una llamada a la acción: gobiernos y empresas tienen un papel clave

Este no es solo un problema de consumidores: los gobiernos deben liderar con decisión la lucha contra el desperdicio alimentario. Es urgente crear políticas públicas que obliguen a reportar y reducir las pérdidas a lo largo de la cadena de suministro, establecer normas claras para el etiquetado de fechas de caducidad y consumo preferente, y promover leyes que incentiven la redistribución de alimentos excedentes a bancos de alimentos y organizaciones sociales.

Por su parte, el sector privado tiene una responsabilidad ineludible. Las empresas alimentarias pueden optimizar sus cadenas logísticas, innovar en empaques sostenibles y ajustarse a modelos de economía circular. Los supermercados pueden fomentar ventas de productos cercanos a su fecha de vencimiento a precios reducidos y donar los excedentes en vez de desecharlos. Además, es vital que los sectores de la restauración, hotelería y eventos incorporen criterios de eficiencia y sostenibilidad en sus operaciones.

Porque en un mundo con tanta comida, nadie debería pasar hambre

Reducir el desperdicio de alimentos no es solo una estrategia ambiental: es una acción ética, económica y socialmente inteligente. Es una oportunidad para reducir costos, combatir el cambio climático, preservar la biodiversidad y, sobre todo, garantizar que más personas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos.

La lucha contra el desperdicio alimentario debe ser una prioridad nacional e internacional, con compromisos firmes de todos los sectores. Porque mientras millones de personas siguen padeciendo hambre, dejar que la comida acabe en la basura debería considerarse simplemente inaceptable.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Informe sobre el índice de desperdicio de alimentos 2024. Nairobi.

Biodiversidad de Costa Rica: La conocida, la desconocida y la amenazada

La biodiversidad es uno de los pilares fundamentales para mantener el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, aún hay muchas especies por descubrir en varios grupos taxonómicos en Costa Rica. Por otra parte, no es posible conservar lo que no conocemos. Este artículo ofrece un análisis del estado actual del conocimiento sobre la biodiversidad, destacando los avances, las brechas pendientes y las especies amenazadas.

Gracias al esfuerzo del Proyecto Biodiversidad en Cifras de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), en colaboración con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y la Comisión Nacional para la Gestión de la Biodiversidad (CONAGEBIO), en 2022 se realizó una actualización de las estimaciones sobre la biodiversidad de Costa Rica. Un ejemplo notable es el aumento en la estimación de especies de insectos, que pasó de 300,000 a 800,000. Asimismo, el número total de especies esperadas en el país se incrementó a 909,000, en comparación con la cifra de medio millón registrada en 1992 (1).

En 2023, se estima que Costa Rica alberga el 7% de las especies esperadas en el mundo y el 11,7% de la biodiversidad global descrita hasta hoy (1). Según los datos más recientes, estos porcentajes se han mantenido estables, lo que refleja la constante riqueza y diversidad biológica del país, especialmente en su lista actualizada de vertebrados.

Este esfuerzo por actualizar las estimaciones de biodiversidad subraya el compromiso de Costa Rica en la conservación y estudio de su increíble diversidad biológica, destacando la necesidad de seguir investigando y protegiendo las especies aún no documentadas y aquellas que se encuentran en peligro.

Vertebrados: Conocimiento completo

Los vertebrados han sido ampliamente estudiados, y los datos muestran una coincidencia perfecta entre las especies esperadas y conocidas en varios grupos:

El gráfico A de la figura 1 presenta las especies de vertebrados esperadas y las ya conocidas en el país, lo que evidencia una cobertura exhaustiva de este grupo. La coincidencia entre las especies identificadas y las estimaciones esperadas sugiere que la biodiversidad de vertebrados ha sido completamente documentada.

Insectos e invertebrados: El gran desafío pendiente

El panorama es muy diferente cuando observamos a los invertebrados. Existe una gran disparidad entre las especies esperadas y las conocidas (Gráfico B de la figura 1), lo que subraya la importancia de seguir explorando y documentando estos grupos:

La cifra total de especies de insectos dentro del territorio nacional aún no se ha establecido con precisión, aunque únicamente en el Área de Conservación Guanacaste ya se han identificado 150.000 especies de insectos, y se anticipa que la cifra total pueda superar las 350.000 especies, aproximadamente igual a la estimación global para el país en años previos (2).

Este grupo requiere de un esfuerzo mayor en investigación, ya que la diferencia entre lo que se espera y lo que se conoce es considerable.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Obando, V. & Bermúdez, T. (2024)

Figura 1. Especies conocidas en Costa Rica por Grupo taxonómico 2023 (Click para ver imagen ampliada)

Hongos y microorganismos: Un territorio por explorar

Otros grupos, como los hongos, protozoarios y algas, presentan un déficit considerable en cuanto al número de especies documentadas. Por ejemplo, de las 65,000 especies estimadas de hongos, solo 5,693 han sido identificadas, dejando más de 59,000 especies sin documentar. En el caso de los briófitos, la situación es diferente, ya que, aunque no se tiene una estimación clara del número de especies esperadas, hasta la fecha solo se han documentado 800 especies. En cuanto a los protozoarios, se estima la existencia de 9,000 especies, pero solo 670 han sido identificadas, lo que deja una brecha de más de 8,000 especies por descubrir. Por último, en el grupo de las algas, de las 4,500 especies estimadas, solo 420 han sido documentadas, lo que refleja un vacío significativo de más de 4,000 especies sin identificar. Estos grupos en particular requieren mayor investigación, lo que podría revelar nuevas especies y enriquecer nuestro conocimiento de la biodiversidad (Gráfico C de la figura 1).

Plantas vasculares: Biodiversidad completamente documentada

Por otro lado, las plantas vasculares presentan un estado de documentación completo. Se estiman 11,119 especies, las cuales ya han sido identificadas, lo que refleja un exhaustivo trabajo de estudio y conocimiento en este grupo taxonómico (Gráfica D de la figura 1).

Estado de Conservación de las especies

El Índice de la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) es una herramienta fundamental para medir el riesgo global de extinción de especies en todo el mundo. Este índice se basa en los datos de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, que evalúa el estado de conservación de miles de especies, clasificándolas en distintas categorías de riesgo, desde «Preocupación Menor» hasta «Extinta» (4).

El índice refleja el grado de amenaza que enfrenta la biodiversidad global: a menor valor del índice, mayor es el riesgo de extinción de las especies evaluadas. De manera sencilla, permite seguir la tendencia de las especies a lo largo del tiempo, brindando información clave sobre si su estado de conservación mejora, permanece estable o empeora.

Este índice es también el principal indicador del Objetivo A del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que establece: “Se mantiene, mejora o restaura la integridad de todos los ecosistemas; se incrementa sustancialmente la superficie de los ecosistemas naturales para 2050; se detiene la extinción inducida por el hombre de las especies amenazadas conocidas y, para 2050, la tasa de extinción y el riesgo de todas las especies se reduce a una décima parte, mientras que la abundancia de especies nativas aumenta a niveles saludables y resilientes. Se mantiene la diversidad genética dentro de las poblaciones de especies silvestres y domesticadas, salvaguardando su capacidad de adaptación(5).

Especies amenazadas según la Lista Roja de la UICN en Costa Rica

Las observaciones del siguiente gráfico muestran que los grupos Magnoliopsida, Jungermanniopsida y Liliopsida tienen una alta proporción de especies clasificadas como «Cerca de amenaza», lo que indica una situación menos grave en comparación con otros grupos. En cambio, Insecta, Hydrozoa y Holothuroidea presentan una mayor distribución en las categorías de «En peligro» y «En peligro crítico», sugiriendo una situación más preocupante para estos grupos. Los grupos Malacostraca y Holothuroidea también muestran una significativa proporción en las categorías de «En peligro crítico» y «En peligro», indicando una alta vulnerabilidad. Por otro lado, Anfibios y Aves tienen una mayoría de especies «Cerca de amenaza», pero también una considerable presencia en otras categorías de riesgo. En general, resalta la variabilidad en el nivel de amenaza entre los diferentes grupos taxonómicos, subrayando la necesidad de implementar estrategias de conservación específicas para cada grupo (4).

Figura 2. Porcentaje de especies amenazadas según la Lista Roja de la UICN en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Corrales L. 2024

Especies amenazadas por sistema ecológico

La distribución porcentual de la fauna listada en la Lista Roja de la UICN en Costa Rica para 2024, clasificada por su sistema ecológico, revela una predominancia notable de las especies marinas, que representan el 47% del total. Esto sugiere que casi la mitad de las especies de fauna amenazadas en el país son habitantes de los ecosistemas marinos. En contraste, las especies terrestres constituyen el 26%, mientras que aquellas que ocupan ambientes tanto terrestres como de agua dulce abarcan el 13%. Las especies exclusivamente de agua dulce comprenden el 12%, y las especies de hábitats estuarinos, zonas de transición entre ríos y mares, constituyen la minoría con apenas un 2%. Esta distribución resalta la importancia crítica de enfocarse en la conservación marina y dulceacuícola, sin por ello minimizar la atención hacia la protección de los demás ecosistemas (4).

Figura 3. Distribución porcentual por sistema ecológico de fauna de la Lista Roja de la UICN en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Corrales L. 2024

La siguiente figura muestra el Índice de la Lista Roja (RLI) de supervivencia de aves, anfibios, peces, mamíferos, plantas, reptiles y tiburones en Costa Rica para el año 2023. De acuerdo con el gráfico, las especies de tiburones son las que están avanzando más rápidamente hacia un mayor riesgo de extinción, mientras que los anfibios son, en promedio, el grupo animal más amenazado en comparación con otros vertebrados y las plantas. Los demás grupos de especies muestran una disminución más moderada en su RLI.

De lo anterior, se puede afirmar que, aunque el cambio climático probablemente representa la mayor amenaza para los anfibios, en el caso de los tiburones, la principal amenaza es la pesca. En Costa Rica, el 77% de los desembarques corresponden a especies de tiburones clasificadas como vulnerables en la Lista Roja de la UICN, lo que implica que enfrentan un alto riesgo de extinción si continúan las tendencias actuales. Esto evidencia que las prácticas pesqueras vigentes ejercen una presión significativa, subrayando la necesidad urgente de implementar medidas de gestión y conservación para evitar que estas especies avancen hacia categorías de mayor amenaza (3).

Un valor de RLI de 1.0 indica que todas las especies están clasificadas como de Preocupación Menor (es decir, no se espera su extinción en el futuro cercano), mientras que un valor de 0 representa la extinción total de todas las especies del grupo. Un RLI constante a lo largo del tiempo sugiere que el riesgo global de extinción para el grupo no ha cambiado. Si se lograra reducir la pérdida de biodiversidad, el RLI mostraría una tendencia ascendente.

Figura 4. Índice de la Lista Roja (RLI) de supervivencia de especies de peces, aves, mamíferos, reptiles, plantas anfibios y tiburones de la Lista Roja de la UICN con distribución en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Lista Roja de UICN 2024 (4)

En conclusión, Costa Rica ha logrado avances importantes en la documentación de su biodiversidad, alcanzando un conocimiento completo en ciertos grupos taxonómicos, como los vertebrados y las plantas vasculares. Sin embargo, todavía existen grandes brechas de conocimiento en grupos como los insectos, hongos y protozoarios, lo que resalta la necesidad de continuar con la investigación y documentación. El país alberga aproximadamente el 7% de la biodiversidad mundial, pero muchos grupos de especies, especialmente en ecosistemas marinos y terrestres, siguen bajo amenaza, tal como lo indican los datos de la Lista Roja de la UICN. Estos desafíos evidencian la urgencia de implementar estrategias de conservación específicas y de enfocarse en la protección de especies y ecosistemas vulnerables, particularmente en los ambientes marinos y dulceacuícolas.

REFERENCIAS

  1. Obando, V. & Bermúdez, T. (2024).  Resultados del proceso de actualización de datos taxonómicos de la biodiversidad en Costa Rica. II Etapa Proyecto Biodiversidad en Cifras. Escuela de Ciencias Biológicas, Universidad Nacional, Heredia Costa Rica. 
  2. Bermúdez T., y Obando V. (2023).  Biodiversidad en cifras: avances en el conocimiento de especies en Costa Rica. Presentación PowerPoint
  3. Corrales, L. (2024). Tendencias, riesgos e implicaciones de la gestión de la biodiversidad en Costa Rica. Investigación de base para el Informe Estado de La Nación en Desarrollo Humano Sostenible 2024. Programa Estado de la Nación. San José-Costa Rica
  4. IUCN. (2024). The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2021-3. https://www.iucnredlist.org. Accessed on [15 April 2024].
  5. UN Environment Programme World Conservation Monitoring Centre (UNEP-WCMC). (2024). Indicators for the Kunming – Montreal Global Biodiversity Framework. https://gbf-indicators.org/

Motivos para conservar la biodiversidad urbana

“Este artículo es una publicación original realizada en el Blog Infraestructura Verde del Suplemento Ojo al Clima del Semanario Universidad, del 2 de diciembre del 2020”

El crecimiento de las ciudades y la expansión de la urbanización inherente plantean una serie de desafíos para quienes pretenden conservar la biodiversidad urbana, básicamente porque para alcanzar metas de conservación se debe lidiar con varios problemas logísticos.

En primer lugar, las zonas urbanas tienen limitaciones de espacio disponible. El precio de la tierra varía dependiendo de su ubicación, que en muchos casos las hace  muy costosas; hay muchos propietarios con múltiples intereses diferentes; algunos de los cuales contradicen una o más de las motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana.

En segundo lugar, el medio ambiente urbano difiere de las zonas silvestres en sus procesos ecológicos y en los desafíos que la flora y fauna enfrentan en los procesos de sobrevivencia y reproducción. Por ejemplo la contaminación acústica y lumínica pueden causar que la fauna cambie sus patrones de actividad, los contaminantes urbanos pueden causan estrés fisiológico y la pérdida de los depredadores superiores puede causar un desbalance en la poblaciones que se pueden convertir luego en plagas en la ciudad.

En tercer lugar, las zonas urbanas no pueden dar cabida a todos los instrumentos de gestión y prácticas utilizados en entornos rurales tradicionales. Esto último lo debemos tener claro para lo cual se deben crear nuevos instrumentos y prácticas que consideren la realidad de la vida urbana y la interacción con la biodiversidad.

Tomando el contexto anterior, conservar la biodiversidad urbana demanda la toma de medidas estudiadas y cuidadosas. Lo primero que debemos hacer es demostrar porque la biodiversidad urbana debe ser conservada, cuáles son sus funciones para el bienestar de los habitantes de la ciudad y cuales especies pueden contribuir a las funciones del ecosistema urbano y a la satisfacción de los habitantes.

Teniendo en mente  los desafíos descritos, consideramos siete motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana:

1. Conservación de una biodiversidad reducida y única.

La mayoría de la población costarricense habita principalmente en una franja altitudinal con buenas condiciones climáticas, al menos hasta ahora, para la agricultura y el asentamiento humano. Esta franja altitudinal resguarda lo que se ha conocido como el Bosque Húmedo Premontano (BHP), el cual -después del bosque tropical seco- es el tipo de bosque más alterado y reducido en Costa Rica. Hace 24 años se reportaba que este tipo de bosque estaba representado por tan solo el 1,75% (9.000 ha) de su cobertura original y con alta tendencia hacia su fragmentación.

Esta destrucción casi total del bosque original pone de relevancia lo reducido y único que puede estar la biodiversidad y plantea la necesidad de tratar de regenerar al menos alguna parte de la misma para recuperar su aporte a los beneficios ambientales que podría ofrecer.

2. Construir redes para la vinculación natural.

El ecosistema urbano se caracteriza porque no contiene bloques de hábitat lo suficientemente grandes para sostener poblaciones viables de la mayoría de fauna y flora, lo que obliga a diseñar estrategias de conservación no tradicionales.

En este sentido es difícil hablar en las ciudades de corredores biológicos porque son difíciles de encajar en las limitaciones del paisaje urbano, lo que sugiere que los diseños deben estar centrados en redes de conectividad basados en la diversidad de parches que aún se mantienen donde los grandes parques urbanos y los reductos de parches grandes ofrecen una clave como nodos y para ello las aves son grandes indicadores de esa conectividad a través de su movimiento en la matriz urbana.

Este desafío de regenerar la biodiversidad en las ciudades puede dar muchas lecciones para la conservación de la biodiversidad hacia el futuro en diversos ambientes dominados por la especie humana.

3. Resiliencia en la ciudad.

La permanencia de espacios verdes en la ciudad contribuye con los procesos naturales del ciclo del agua evitando inundaciones no deseadas y sobre todo produciendo efectos de enfriamiento de la ciudad causados por el exceso de infraestructura gris y asfalto, convirtiéndose así en una de las medidas más económicas y con mayor cantidad de co-beneficios en un mundo cada vez más cálido.

Además, las poblaciones naturales tendrán que adaptarse a la futura urbanización. La protección de las áreas naturales dentro de la matriz urbana puede ayudar a suavizar esta transición y proporcionar una oportunidad para saber más sobre las respuestas desconocidas de la biodiversidad a una serie de regímenes de gestión.

En un sentido más amplio, los ecosistemas urbanos pueden servir como modelos para comprender y mitigar los efectos del inminente cambio ambiental en zonas no urbanas, así el estudio del ecosistema urbano puede ayudar a los conservacionistas a anticipar y mitigar los efectos del cambio climático. Además, la conservación de las zonas urbanas en la actualidad puede proporcionar un refugio para especies o genotipos únicos que se adapten mejor al estado futuro de los entornos no urbanos actuales.

4. Conectar a la gente con la naturaleza.

El futuro de la conservación de la biodiversidad se decide en las ciudades, donde se concentran los poderes políticos y económicos que no están regularmente expuestos a los ecosistemas naturales. Además, las zonas urbanas ofrecen una oportunidad para sensibilizar y educar a grandes cantidades de personas, incluyendo aquellas que carecen de los medios o la motivación para  viajar a zonas no urbanas, donde la exposición basada en la educación sobre conservación de la biodiversidad se ha ubicado tradicionalmente.

Más allá de estas cuestiones de educación ambiental básica, las zonas urbanas también pueden ofrecer oportunidades para una participación más activa en la regeneración ecológica y la vigilancia del deterioro ambiental. Aparte de esta necesidad de educación, las experiencias personales darán forma a los valores, y los valores darán forma a las decisiones políticas. Por lo tanto, los responsables de las políticas deben tener una visión positiva directa a partir de sus experiencias con la biodiversidad de la ciudad, lo que puede llevar a una retroalimentación positiva basada en la experiencia y practicada en la política.

5. Servicios ecosistémicos.

Los residentes urbanos obtienen muchos beneficios de los ecosistemas tanto naturales como los gestionados dentro de los límites urbanos. Los servicios de los ecosistemas son de varios tipos: uno de ellos es conocido como servicios de provisión, en los cuales se incluye los alimentos, el agua y materias primas. Aunque la mayoría de los alimentos que se consumen en la ciudad son importados, algunos son producidos en tierras agrícolas dentro de la ciudad o, por ejemplo, el agua que es consumida en la ciudad y que proviene en muchos casos de cuencas locales.

Un segundo tipo son los servicios de regulación, que son muy importantes para mantener la vida y mantener un ambiente equilibrado. La vegetación ayuda a hacerle  frente al calentamiento urbano y al riesgo de inundación. Además, sirve como barrera para controlar la dispersión de la contaminación y el ruido producido por el intenso tráfico. Otro ejemplo surge con los pequeños humedales que pueden mejorar la hidrología urbana absorbiendo los contaminantes o amortiguando las inundaciones.

Un tercer tipo de servicios del ecosistema apoya el funcionamiento de la polinización y el reciclaje de nutrientes en el ecosistema. Algunos insectos y aves de la ciudad pueden ser claves como polinizadores, dado el creciente interés en la promoción de la agricultura urbana a pequeña escala.

Por último están los servicios culturales, que comprenden una combinación de beneficios incluyendo el bienestar mental y físico, la educación y el patrimonio cultural. Así, por ejemplo, los parques públicos son un espacio importante para la recreación y relajación, proporcionando oportunidades para numerosas actividades recreativas. Diversos estudios han demostrado que el uso de los espacios verdes en la ciudad trae consigo importantes beneficios para la salud. 

6. Espacios verdes para los habitantes.

Cada vez hay más evidencia científica de que los espacios verdes urbanos son importantes para el bienestar físico y mental de las personas. En parte por esta razón, las autoridades municipales deberían hacer grandes inversiones en el mantenimiento de estos espacios y en su mejoramiento, a la vez que se deberían proponer y construir más en la ciudad.

La gente usa los espacios verdes de la ciudad para una amplia variedad de actividades, incluyendo la relajación, las excursiones familiares, el arte, la fotografía y el ejercicio físico. Esto significa que las preferencias por determinados tipos de espacios verdes están fuertemente influenciadas por los intereses y necesidades individuales, esto conlleva a que su mejoramiento o diseño debe contar con la participación de los usuarios.

El uso recreativo de los espacios verdes es una consideración importante al planificar los espacios verdes en la ciudad, pero también deben considerarse otros tipos de valor y uso. Entre ellos figuran el valor para la conservación (por ejemplo, la biodiversidad, el patrimonio cultural), la conectividad de la red (por ejemplo, para el transporte, la ecología, la hidrología, el turismo) y la calidad estética.

A menudo hay que hacer concesiones entre estos diversos usos, por lo que el diseño y establecimientos de estos deben considerar estudios técnicos que ayuden a los planificadores y diseñadores a tomar mejores decisiones.

7. Cumplir con las responsabilidades éticas.

Tenemos una obligación ética de convivencia con todos los seres vivos que comparten este planeta con nosotros, por lo que debe ser una razón directa la conservación de la biodiversidad. En muchas tradiciones filosóficas, religiosas y seculares, hay una responsabilidad de ser buenos administradores del planeta. La conservación de la biodiversidad en las zonas urbanas podría facilitar el cumplimiento de estas obligaciones morales porque las oportunidades de conservación están localizadas cerca de nuestros barrios y viviendas.

Esta proximidad geográfica nos permite experimentar más fácilmente nuestros mandatos éticos o religiosos. Para los habitantes que aún no tienen conciencia de esta responsabilidad ambiental, la exposición a la biodiversidad urbana (en particular a través de programas educativos) puede ayudar a inculcar una conservación ética.

Finalmente, los problemas de la conservación de la biodiversidad urbana no son insuperables, pero el éxito requiere de una planificación cuidadosa y basada en ciencia. Debemos partir de la pregunta del por qué la biodiversidad urbana debe ser conservada y qué especies o funciones del ecosistema son los que deseamos mantener y qué podemos lograr de nuestro entorno urbano.

Sin una meta de partida, la implantación de las acciones no serán efectivas y los limitados recursos destinados para la conservación de la biodiversidad urbana pueden ser desperdiciados.

La función de la conectividad y la infraestructura verde urbana en la adaptación al cambio climático

Este artículo es una publicación original realizada en la Revista Ambientico: ISSN 1409-214X. Octubre – Diciembre 2019. Ambientico 272. Artículo 1 |Pp. 74-82|

Curri1El crecimiento de la población y los modelos económicos prevalecientes sirven como mecanismos de empuje de la migración rural a los centros urbanos, generando presiones ambientales, sociales y ecológicas que representan no solo una gran amenaza para la biodiversidad, sino para el bienestar de los habitantes de una ciudad. Este proceso de urbanización presente en la mayor parte de los países del mundo también está presente en Costa Rica donde la expansión de los núcleos urbanos se está convirtiendo en el hábitat humano predominante ya que la población urbana pasó de representar un 59.0 % en el año 2000, a un 72.8 % en el 20111. En otras palabras, actualmente residen en zonas urbanas 7 de cada 10 habitantes del país. Si a esto le añadimos que, en promedio, la temperatura en la ciudad de San José se ha incrementado en 1.60 °C desde 1960 estamos frente a núcleos urbanos que vienen sufriendo un calentamiento2.

A lo anterior debemos agregarle las advertencias del Quinto Informe de Evaluación sobre Cambio Climático sobre una base de confianza alta, de que en la región centroamericana el fenómeno Niño-Oscilación del Sur (ENOS) seguirá siendo el modo dominante de la variabilidad climática natural en el siglo XXI y que es probable que aparezcan episodios de ondas de calor sin antecedentes históricos hasta ahora en la región, además de una señal con alta certidumbre en reducción fuerte en la disponibilidad de agua, frecuencia de sequías y episodios de precipitaciones extremas, lo que comprometería más el bienestar humano en espacios urbanos (IPCC, 2013). Las ciudades también son espacios en donde los riesgos asociados con el calentamiento de 1.5 °C, como el estrés por calor, las inundaciones terrestres y costeras, los nuevos vectores de enfermedades, la contaminación del aire y la escasez de agua, se unirán (Satterthwaite y Bartlett, 2017), lo que sugiere que los esfuerzos de adaptación y mitigación no solo se deben diseñar en torno a la necesidad de descarbonizar sino también se debe prestar atención a la equidad social (incluida la equidad de género), la ecología urbana (Brown y McGranahan, 2016; Wachsmuth et al., 2016; Ziervogel et al., 2016a) y la participación en grupos organizados para la acción climática (Cole, 2015; Jordan et al., 2015).

Curri

Una de las formas más económicas de combatir el calentamiento de la ciudad es mantener abundante vegetación ya que en zonas urbanas tiene múltiples funciones, pero el papel principal es ayudar a mantener la calidad del ambiente urbano, ya que contribuye a ajustar las condiciones micro climáticas, limpiar contaminantes del aire, reducir el polvo, amortiguar el ruido, mantener el equilibrio ecológico y reducir la escorrentía de aguas pluviales y proteger contra la erosión, además, de la estética de la ciudad y los fines educativos (Gaoming, 2012). La preocupación por cambiar la visión clásica de la naturaleza urbana donde la biodiversidad y las áreas verdes se ven como componentes ornamentales o accesorios en las ciudades data de propuestas del Siglo XIX donde se proponía crear redes interconectadas de parques urbanos y periurbanos, que más tarde en la década de 1990 ante la expansión urbana en los Estados Unidos, se sugiere elevar a un concepto de infraestructura verde buscando elevar el concepto al mismo nivel del de infraestructura gris; así, actualmente se toma el concepto de ecosistema urbano como infraestructura, convirtiéndolo en una poderosa metáfora para integrarlos a las diferentes agendas políticas (por ejemplo, mitigación y adaptación al clima, conservación de la biodiversidad, planificación urbana, producción y consumo sostenible) en todas las escalas espaciales y de gobierno e integrar la conservación de la naturaleza en los esfuerzos de desarrollo humano (Da Silva y Wheeler, 2017). Lo que hoy se conoce como infraestructura verde es, en sí misma, una forma de apoyar los entornos urbanos a adaptarse a los cambios del clima y que como medida de adaptación tiene dos áreas clave de beneficio en particular. En primer lugar, contribuye a aumentar la resiliencia de habitantes urbanos protegiéndoles de aumentos de la temperatura exacerbada por la infraestructura gris, los vientos más fuertes, los cambios en los patrones de precipitación y el aumento de las inundaciones; de esta manera se puede considerar que la infraestructura verde ofrece servicios directos a corto y largo plazo. En segundo lugar, juega un papel predominante en la conservación de la biodiversidad urbana ya que crea hábitats para las plantas y animales (Pitman, 2015).

La adaptación al cambio climático se ha venido convirtiendo en un elemento central de la política y la investigación sobre el clima y ahora en el presente con un llamado a la adaptación basada en ecosistemas o a la búsqueda de soluciones basadas en la naturaleza para enfrentar los cambios en el clima; sin embargo, la infraestructura verde no ha sido ampliamente reconocida como una medida de adaptación, ya que existen pocos ejemplos de su efectividad a través de métricas (Knight et al., 2010). Esto está por cambiar, ya que a través de algunos ejemplos basados en la literatura científica se está demostrando que en un núcleo urbano con mayor presencia de infraestructura verde es posible ver diferencias significativas en el clima y en el bienestar de las comunidades urbanas (Natural England, 2013). La presencia o escases de vegetación en una ciudad es un factor esencial en su calefacción, mostrando diferencias en la temperatura entre sitios sin o poco arbolados y los vecindarios ricos en cobertura arbórea (Bounoua et al., 2015). En Reino Unido, por ejemplo, mientras la temperatura superficial máxima de los bosques urbanos fue de 18.4 °C, los centros urbanos con la menor cobertura arbórea llegaron a reportar temperaturas superficiales máximas de 31.2 °C (Pramova et al., 2012); En New Jersey, Estados Unidos, se mostró reducción de temperatura en rangos de 3 °C a 7 °C con relación a las que no tienen árboles (Solecki, 2005), mientras que en la ciudad de Tokio se ha registrado diferenciales de hasta 12 °C (Wickham , 2013). En Latinoamérica, en la ciudad de Sao Paulo, la diferencia de las temperaturas ambientales en la ciudad puede variar hasta en 10 °C, en la ciudad de Caracas se han documentado anomalías de temperatura ambiental también en el rango de los 10 °C (Córdova., 2011) y en Mexicali, México la diferencia máxima entre la ciudad y sus alrededores ocurre en invierno con un valor de 5.7 °C (Villanueva et al., 2013).

En Costa Rica en el año 2018, la Municipalidad de Curridabat inició con el apoyo del Laboratorio de Modelado Ecosistémico de la Unidad de Acción Climática del CATIE una serie de valoraciones relacionadas con la distribución de la temperatura superficial del cantón, analizando las temperaturas superficiales máximas con tecnología geoespacial en un periodo comprendido entre el 1 de enero de 2016 y el 31 de octubre de 2018 (34 meses) obteniendo como resultado una capa con el promedio de las temperaturas superficiales máximas. La estadística descriptiva de los datos muestra que la temperatura máxima superficial promedio es de 41.0 °C, con una mínima de 31.9 °C y una máxima de 49.2 °C lo que da una diferencia de temperatura máxima en el cantón de 8.2 °C (Ver Figura 1). Espacialmente, se observa un gradiente de temperatura que corre de norte a sur, en donde las temperaturas más bajas se presentan hacia el centro-norte del cantón (distrito Curridabat) y la extremas hacia el sur (distrito Tirrases y parte sur del distrito Sánchez). Esta distribución está altamente correlacionada con la densidad de construcción (zonas más calientes) y temperaturas más bajas en los sectores del cantón con menor densidad de urbanización (distrito Granadilla y Norte de distrito Sánchez), presencia de arbolados, zonas verdes, cafetales y franjas de vegetación ribereña (Municipalidad de Curridabat, 2019).

Figura1

Figura 1. Distribución de la temperatura superficial máxima en el Cantón de Curridabat. Fuente: Municipalidad de Curridabat (2019)

Posteriormente, en seguimiento al estudio de la relación entre la infraestructura verde y la temperatura superficial, la Municipalidad de Curridabat, igualmente en asocio con el CATIE, generó un mapa de cobertura de vegetación empleando imágenes de satélite del sensor World View 3 a una escala de resolución de 31 cm. Los resultados del análisis muestran que el cantón de Curridabat conserva aún un 47.3 % de vegetación distribuido entre remanentes de bosque, arbolados, parques municipales, cafetales arbolados, patios y jardines y otras áreas verdes (Ver Figura 2). El distrito con la mayor cobertura de vegetación del cantón es Sánchez con un 37.3 %, seguido de Curridabat y Granadilla con valores de 25.5 % y 25.2 % respectivamente, mientras que el distrito de Tirrases es el que presenta menor proporción de vegetación con 12.1 % en relación a la extensión de total de vegetación en el cantón (Municipalidad de Curridabat, 2019b).

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Figura 2. Infraestructura verde del cantón de Curridabat (2019).

Fuente: Municipalidad de Curridabat (2019).

En la Figura 3 observamos que las áreas de infraestructura gris muestran los valores más altos de temperatura superficial, mientras que las zonas con menor temperatura superficial están asociadas con aquellas localidades donde permanece algún tipo de infraestructura verde. Estos resultados sugieren que el mantenimiento de la infraestructura urbana constituye una medida de adaptación basada en soluciones naturales tal y como lo proponen algunos gobiernos y organizaciones alrededor del mundo. No obstante, surgen algunas preocupaciones adicionales ya que en el futuro con menos disponibilidad de agua, en tiempos de sequía como lo prevén los escenarios de cambio climático, su mantenimiento podría entrar en competencia con otros usos del agua, sumado a otras preocupaciones importantes que están relacionados con los costos  de oportunidad de la expansión urbana y al hecho de que muchos de los espacios que se deberían conservar están en propiedades privadas, lo que va a demandar la toma de decisiones para lograr un balance entre el interés individual y el interés colectivo ante la amenaza del cambio climático.

Si se empieza a demostrar la estrecha relación que existe entre la temperatura superficial y la vegetación en la ciudad, pero a la vez que estamos frente a una demanda cada vez mayor de las tierras para el desarrollo urbano, lo que debemos buscar es un balance, que en primera instancia permita que la ciudad se enfrié y que los nuevos desarrollos no provoquen un mayor calentamiento más allá de lo normal, y en segunda instancia, lograr el mantenimiento de la funcionalidad de las redes ecológicas que persisten en la ciudad a través de una mayor conectividad. Para atender este tema, la Municipalidad de Curridabat ha promovido la realización de un análisis de conectividad que les permita obtener información para lograr una mejor planificación del espacio urbano. Para lograr el objetivo se realizó un análisis de conectividad funcional a partir de la construcción de un  mapa de hábitat ecológico de la ciudad derivado del mapa de infraestructura verde (Figura 2).

Como grupo de especies objetivo, se utiliza un inventario de aves del cantón de 179 especies y 4643 registros, siguiendo las recomendaciones de Blair (1996), el cual establece que en estudios de conectividad en ciudades nos debemos centrar en las aves silvestres ya que son un taxón altamente móvil capaz de penetrar toda la matriz urbana. Cada especie de ave es caracterizada según su estado de conservación (Lista roja de la UICN, 2019; Lista de especies amenazadas de SINAC, 2017), su distribución, tipo de migración que realiza, tipo de hábitat preferencial, dieta y peso, datos que son utilizados para calcular la capacidad de dispersión media (Municipalidad de Curridabat, 2019b).

Figura3

Figura 3. Temperatura y vegetación en el cantón de Curridabat (El mapa de la izquierda muestra las áreas más cálidas de color marrón y café y las de menor temperatura de color blanco y rosado. Se observa que las áreas con más vegetación en el mapa de la derecha corresponden a las áreas más frías del mapa de la izquierda). Fuente: Municipalidad de Curridabat (2019).

La Figura 4 muestra el resultado del análisis a través de un mapa que refleja de la probabilidad de conectividad global del cantón donde se muestra que los valores más altos de conectividad se observan hacia el este del cantón principalmente en los distritos de Sánchez y Granadilla, disminuyendo hacia el sur donde se encuentra el distrito de Tirrases. En la parte oeste del cantón, principalmente lo cubierto por el distrito de Curridabat, presenta los valores más bajos de probabilidad de conectividad. Es importante notar que a pesar de que al sur del cantón se encuentra un importante remanente de bosque en el cerro La Colina, la conectividad en relación con el resto del cantón presenta valores más bajos. Esos resultados comparados con la Figura 2 muestran nuevamente la estrecha relación de que si utilizamos la vegetación urbana para enfrentar efectos del cambio climático, podemos a la vez favorecer la permanencia de la biodiversidad urbana y también mantener su conectividad y el bienestar de los habitantes a través de los servicios ecosistémicos que provee.

Figura4

Figura 4. Probabilidad de conectividad total en el cantón de Curridabat. Fuente: Municipalidad de Curridabat (2019). Fuente: Municipalidad de Curridabat (2019).

 Referencias

Blair, R. (1996). Land use and Avian Species diversity along an urban gradient. Ecological Applications, 6(2), 506-519. Disponible en https://www.jstor. org/stable/2269387

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SINAC. (2017). Listado de especies de fauna silvestre en peligro de extinción. R-SINAC-CONAC-092-2017.

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Wachsmuth D., Aldana D., & Angelo H. (2016). Expand frontiers of urban sustainability. Nature. 536 (7617), 391-393.

Wickham, C., Rohde, R., Muller, R.A., Wurtele, J., Curry, J., et al. (2013). Influence of Urban Heating on the Global Temperature Land Average using Rural Sites Identified from MODIS Classifications. Geoinfor Geostat: An Overview 1:2. http://www. doi.org/10.4172/2327-4581.1000104

Ziervogel, G., Cowen, A., and Ziniades, J. (2016). Moving from Adaptive to Transformative Capacity: Building Foundations for Inclusive, Thriving, and Regenerative Urban Settlements. Sustainability 8, 955

Especies Globalmente Amenazadas en Costa Rica: 2016

banderaLa pérdida de biodiversidad es hoy día uno de los factores ambientales más críticos con una creciente evidencia de que las tasas actuales de extinción son las más altas de los registros históricos amenazando los valiosos servicios de los ecosistemas y con ello comprometiendo además el  bienestar humano(2). Esta pérdida en los últimos años es producto de una serie de presiones entre las que se encuentran; pérdida, degradación y fragmentación de hábitats naturales; sobreexplotación de los recursos biológicos; contaminación, en particular la acumulación de nutrientes tales como nitrógeno y fósforo en el medio ambiente;  los impactos de especies exóticas invasoras sobre los ecosistemas y los servicios que estos brindan a la gente;  el cambio climático y la acidificación de los océanos, asociados con la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera(1).

Estas amenazas han aumentado junto al aumento de la población humana, el cambio en sus patrones y tasas de consumo, con efectos aún difíciles de predecir. Estudios recientes demuestran que la tasa de extinción de los últimos siglos es 500 a 1.000 veces mayor que la extinción normal de especies a partir de la deducción del registro fósil(5 y 6).

Por otra parte con base a la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)  desde el año 1500 a la fecha se sabe que se han extinto 850 especies de animales o plantas  de las cuales 736 son especies animales y 114 plantas. Dentro de las especies de animales, destacan los gasterópodos o caracoles con la mayor cantidad conocida de especies extintas en la naturaleza (271), seguido más distantemente por aves con 139 especies y mamíferos con 74 especies extintas. Sin embargo, sin consideramos que el número de especies conocidas es sólo una proporción mínima de las especies que realmente vivirían sobre la Tierra, es seguro que la cantidad de especies extintas desde el año 1500 es mucho mayor, es decir, muchas especies se pueden haber extinguido sin siquiera haber sido conocidas(9).

En el último informe sobre el Planeta Vivo que basa su análisis en más de 3.000 especies de vertebrados (mamíferos, aves, peces, anfibios, reptiles) representando más de 14.000 poblaciones diferentes de todo el mundo encontró que el 58% de las especies de vertebrados  han disminuido en el período entre 1970 y 2012. A la vez los datos muestran que esta disminución está ocurriendo a una tasa anual del 2%, sin indicación de que se ralentice esta tasa. Según el informe, la amenaza más común a la disminución de las poblaciones es la pérdida y degradación del hábitat y la sobreexplotación (11).

Por otra parte más del 21% de las especies de las 391.000 especies de plantas vasculares del mundo conocidas por la ciencia están amenazadas, lo que significa que una de cada cinco especies está amenazada de la extinción. Lo anterior implica que las plantas están más amenazadas que las aves, tan amenazadas como los mamíferos pero no están tan amenazadas como los anfibios(4).

A nivel de la región latinoamericana el cambio en el uso de la tierra, incluida la degradación y fragmentación de los hábitats naturales, sigue siendo la amenaza más importante de pérdida de biodiversidad. Sobre la base de los últimos datos publicados en la Lista Roja de especies amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), aproximadamente 831 especies en la región se consideran en riesgo, de las cuales al menos el 42 por ciento son anfibios, el 37 por ciento  mamíferos, 25 por ciento  aves y el 18 por ciento de las especies de reptiles(10).

ESPECIES AMENAZADAS EN COSTA RICA

En el ámbito Costarricense es difícil establecer las especies amenazadas actualmente en el país ya que desde el 2005 no es actualizado el listado de las especies catalogadas en peligro de extensión (Decreto No.32633) el cuál fue promulgado en 2005 y establece que 295 especies están en Peligro de Extinción y 1.284 especies tienen poblaciones amenazadas. El Decreto debió ser modificado por haber entrado en vigencia la nueva Ley de Vida Silvestre(3).

A finales del 2015 el Inventario Nacional Forestal publicó que en Costa Rica, existen aproximadamente 2.078 especies arbóreas lo que correspondería a un 20% del total de la flora mundial arbórea entre las que se documentaron en varios estratos incluyendo: 98 especies en el bosque de palmas, 893 en el bosque maduro, 904 en el bosque secundario, 166 en los pastos con árboles y 17 especies en manglares(7).

De las especies documentadas el inventario reporto haber encontrado 11 de las especies catalogadas como en peligro de extinción, 7 de las cuales están consideradas en el decreto ejecutivo 25700 (MINAE, 1997) como especies en veda. Estas especies fueron detectadas principalmente en el estrato Bosque Secundario con un 59% del total de la frecuencia. Las especies en peligro de extinción se distribuyen principalmente en la región Pacífico Norte y Valle Central con un 79% del total de la frecuencia, seguido por la región Pacífico Central y Pacífico Sur con un 12% del total, en la región Caribe Central y Caribe Sur prácticamente no se encontró especies en esta categoría(7).

De las 18 especies consideradas en peligro de extinción y vedadas, incluidas en el decreto ejecutivo 25700 (MINAE, 1997), 11 no fueron encontradas en el inventario lo que en alguna medida advierte el crítico estado de ellas, pudiendo pensarse incluso en que algunas de estas podrían estar ya casi extintas en Costa Rica. Las especies en esta condición son: Caryodaphnopsis burgeri, Cedrela fissilis, Copaifera camibar, Cordia gerascanthus, Couratari scottmorii, Guaiacum sanctum, Myroxylon balsamum, Paramachaerium gruberi, Parkia pendula, Podocarpus guatemalensis y Sclerolobium costarricense(7).

Partiendo de que en Costa Rica aún no se ha establecido un marco de trabajo que reporte y evalué el estado de las especies presentes en el país por parte de las autoridades competentes como seria el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) o la Comisión Nacional de Gestión de la Biodiversidad (CONAGEBIO), cada año el Estado de La Nación es quién realiza un reporte pero basándose en la Lista de las especies globalmente amenazadas conocida como la lista roja publicadas anualmente por la UICN(3).

A nivel global la UICN tiene en la lista roja un total de 3.884 especies con distribución en Costa Rica, de las cuáles 337 especies se encuentran en las categorías de más amenaza (en peligro crítico, en peligro, vulnerable). La figura 1 muestra el número de estas especies según el estado de amenaza.

En 1998 la lista roja reportaba 106 especies, diez años después (2008) reportaba 189 y en al año 2016 se reportan 337 especies lo que significa que en un período de 18 años hubo un incremento del 144% en las especies con distribución en Costa Rica que ingresaron a la lista roja (Figura 2). Aunque esto no necesariamente signifique que la especie esté amenazada en el país, si es importante considerar que la tendencia muestra a aumentar la amenaza a nivel global. El país sigue requiriendo su propia evaluación del estado de la biodiversidad desde el 2012(3).

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Al revisar las especies amenazadas por Reino y por categoría de la lista roja para el 2016 se observa que el reino con más especies amenazadas es el animalia donde la mayoría se encuentran en categoría de vulnerable al igual que en el reino plantae (Figura 3), lo que es similar con el dato global publicado por UICN en 2016  donde la mayoría de especies amenazadas son de fauna.

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Las especies de fauna amenazadas en Costa Rica están dominadas en número por los anfibios (61 especies ), peces (46 especies) y tiburones (14 especies) (Figura 4) lo que concuerda con lo reportado por UNEP(10) en 2016  para la región de Latinoamérica para el grupo de anfibios y para el caso de los peces concuerda con lo reportado por WWF(11) en 2016 que señala que entre el año 1970 y 2012 las especies de peces declinaron en un 81% debido a presiones como las represas, la contaminación, las especies acuáticas invasoras y las extracciones insostenibles de agua a nivel global.

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Es importante revisar más detenidamente el caso de los anfibios  ya que de las 61 especies amenazadas en Costa Rica el 74% se encuentran en las categorías En peligro crítico (23 especies) y En peligro (22 especies) lo que concuerda a lo reportado por Stuart et-al(8) que señalan que los anfibios son el grupo taxonómico más amenazado actualmente para la extinción y en donde las especies se mueven más rápido entre categorías de mayor riesgo de extinción.

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Finalmente revisamos  la relación de especies amenazadas con el número de especies descritas por grupo taxonómico al año 2014, concluyendo que en Costa Rica (Figura 6):

  • El grupo de los anfibios es el más amenazado
  • Los reptiles están tan amenazados como los peces
  • Los mamíferos están más amenazados que las aves
  • Las aves están más amenazadas que las plantas
  • En número de especies el grupo más amenazado son las plantas

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CONCLUSIONES

La pérdida de biodiversidad sigue a un ritmo acelerado producto de la continua demanda de recursos de manera insostenible, sumada a las desigualdades sociales, a una carencia de una compresión profunda de los sistemas naturales y a una necesidad de cambiar los modos de vida que nos encaminen hacia una sociedad que viva dentro de los límites planetarios. A la vez sigue pendiente la transición hacia una sociedad sostenible y a la necesidad de poner de relieve la importancia de aumentar la comprensión compartida de los vínculos entre la humanidad y la naturaleza para garantizar un futuro más sostenible.

En Costa Rica sigue pendiente la existencia de mecanismos oficiales que evalúen con frecuencia el estado de la biodiversidad en general y con mucho más importancia la evaluación periódica del estado de las especies consideradas amenazadas y en riesgo de extinción.

REFERENCIAS

  1.  (2014), Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 4. Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica. Montreal, Canadá
  2. Ceballos, G., Ehrlich, P. R., Barnosky, A. D., García, A., Pringle, R. M., & Palmer, T. M. (2015). Accelerated modern human – induced species losses: entering the sixth mass extinction. Sciences Advances, Vol. 1, 1–5.
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  7. REDD/CCAD-GIZ – SINAC. (2015). Inventario Nacional Forestal de Costa Rica 2014-2015. Resultados y Caracterización de los Recursos Preparado por: Emanuelli, P., Milla, F., Duarte, E., Emanuelli, J., Jiménez, A. y Chavarría, M.I. Programa Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación Forestal en Centroamérica y la República Dominicana (REDD/CCAD/GIZ) y Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) Costa Rica. San José, Costa Rica. 380 p.
  8. Stuart, S.N., Hoffmann, M., Chanson, J.S., Cox, N.A., Berridge, R.J., Ramani, P., and Young, B.E. (eds.) (2008). Threatened Amphibians of the World. Lynx Edicions, Barcelona, Spain; IUCN, Gland, Switzerland; and Conservation International, Arlington, Virginia, USA.
  9. UICN (2016). The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2016-2. <http://www.iucnredlist.org>. Consultado 4 octubre 2016
  10. (2016). GEO-6 Regional Assessment for Latin America and the Caribbean. Nairobi, Kenia: United Nations Environment Programme (UNEP)
  11. (2016). Informe Planeta Vivo 2016. Riesgo y resiliencia en el Antropoceno. WWW International, Gland, Suiza.

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Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio Quinto. Anécdotas de todo en el sistema

Lluvioso

Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde más anécdotas del sistema:

El cambio de Gobierno de Daniel Oduber a Rodrigo Carazo fue un poco novelesco. Uno de los incidentes que se sucedieron justamente durante este cambio de mandatarios fue la muerte de los venados cola blanca del Zoológico Simón Bolívar. Los venados se mataron en Febrero de 1979 y las elecciones fueron ese mismo mes. En Febrero 21 de 1978, los encabezados del periódico La Nación informaban de la matanza de los venados.

El escándalo exploto luego de las elecciones, cuando Don Daniel aún era presidente. La oposición llevo el conflicto a las altas esferas políticas con el fin de perjudicar al presidente Daniel Oduber, sin embargo, el escándalo término en mi escritorio. Yo no permití que ese hecho se usara políticamente para manchar la labor tan valiosa que Don Daniel había cumplido en materia de conservación.

Como marco de fondo, recuerdo que se había adquirido una finca en Santa Ana, comprada a la familia Ross en 2 millones de colones. Guido Sáenz había sido nombrado como ministro de cultura durante el Gobierno de Don Daniel. En 1977, el congreso había pasado una Ley para la creación de un Jardín Botánico dentro del Zoológico Simón Bolívar y Guido obtuvo fondos para la compra de plantas que sembró dentro del zoológico. Él me había pedido que saliera del zoológico, porque algunos de los venados sueltos estaban estropeando sus plantas, sin embargo, nosotros no teníamos fondos para trasladarnos del Zoológico en Barrio Amón a la finca de Santa Ana recién adquirida. Para solucionar el conflicto, solicité que capturaran los venados con redes y anestésicos, sin embargo no se pudo. Lo intentamos por más de un año, hasta que al final no tuve otra opción que ordenar que los eliminaran.

Esa decisión me condujo a un largo juicio de año y medio, en el que se me acuso de daños agravados contra la propiedad del Estado. Si resultaba culpable, me iba a prisión por 3 a 6 años, pero dichosamente salí libre. Gracias a mis testigos, logre probar que por más que trate de capturar a los venados vivos, me fue imposible y que el gobierno me había asignado la difícil tarea de proteger dos proyectos antagónicos en la misma propiedad y sin fondos para ejecutar las acciones.

La vida da sorpresas; a veces es una de cal y a veces otra de arena. En Julio 25 de 1983, gracias a la labor que Mario Boza y yo realizamos al construir el sistema de Parques Nacionales de Costa Rica, fuimos elegidos ganadores del premio a la conservación de la vida silvestre denominado J. Paul Getty. Esta es la máxima condecoración que un centroamericano había recibido en materia de conservación. A este han seguido muchos otros reconocimientos al país, a los presidentes y a muchas otras personas e instituciones.

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Regresando a la Península de Osa, que por razones históricas, siempre ha sido considerada como una Siberia para muchos funcionarios del servicio de Parques Nacionales. Allá iban a dar los mal portados o los que realmente quieren sacrificarse. Por una u otra razón, yo siempre me he mantenido cerca de Osa. Durante un tiempo, luego de que yo salí del Sistema de Parques, se inventó el concepto de comisionado, concepto que realmente no ha funcionado. La idea giraba en torno a que cada área tendría un comisionado nacional y uno internacional. De hecho este concepto está legalizado en la Ley de Biodiversidad. Los Comisionados eran, y deben ser, como padrinos, personas de renombre, de poder, etc., que se mantengan preocupados por la salud de ese su Parque asignado. A mí me pidieron que fuera el Comisionado Nacional para Corcovado y a Thomas Lovejoy, se le asignara el título de Comisionado Internacional. Siempre asumí que ser el comisionado significa informarse e informar qué está pasando en el sitio, dar la voz de alarma y buscar recursos económicos.

La década de los 80´s, marco el inicio de un movimiento conservacionista que buscaba soluciones ante la inflación de la que fuimos víctimas durante los primeros 6 años de la década. Muchas de las 26 organizaciones de ayuda internacional tales como CIDA de Canadá, DANIDA de Finlandia, GTZ de Alemania, FIINIDA de Finlandia, NORAD de Dinamarca y ODA de Inglaterra, donaron dineros a Costa Rica, con énfasis en proyectos de conservación. Además de estas organizaciones, muchas organizaciones conservacionistas apoyaron a nuestro país durante la crisis. Esta nueva fuente de ingresos, abrió la necesidad para el establecimiento de la Fundación de Parques Nacionales (FPN), institución a la cual le correspondería la administración de las contribuciones internacionales. Presidida por Mario Boza, la Fundación nace en 1979. La respuesta de la FPN ante la crisis económica fue lanzar una campaña de recaudación de $5.5 en un periodo de 5 años. Esta campaña se convirtió en la prioridad # 1 de la Fundación y gracias al esfuerzo nacional e Internacional, la cifra fue conseguida en 1986, en menos tiempo de lo inicialmente estimado.

Yo fungía de director de parques nacionales en Abril de 1986, cuando asumía la presidencia Don Oscar Arias y Don Álvaro Umaña era nombrado Ministro de Ambiente. Me sentía estresado de los continuos conflictos que este trabajo atrae, y básicamente renuncié al puesto de Director de Parques Nacionales por varias razones. Estaba sumamente cansado, ya que acabábamos de pasar por el desalojo de los oreros de Corcovado y además estaba políticamente muy mal parado, no con Oscar o Don Álvaro, sino con el ex Ministro de la Presidencia que había quedado como ministro sin cartera, el Sr. Danilo Jiménez Vega, mi oponente principal durante la crisis de los oreros. Sentí que como represalia Don Danilo iba a enfocar sus cañones contra el Sistema de Parques Nacionales y entonces pensé que yo tenía que estar fuera del Servicio para librarlo de la reprimenda.

La crisis de los oreros nos enseñó algunas valiosas lecciones, una de ellas fue que las áreas de amortiguamiento que rodean las Áreas Silvestres, son tan valiosas como los ecosistemas con categoría de protección estricta. La experiencia fue la chispa que encendió la idea para crear una fundación privada que recaudara fondos sin tener intervención gubernamental. La idea era que dicha fundación adquiriera tierras para conservación y promoviera programas de educación ambiental y el concepto del desarrollo sostenible. Con ese fin nació la Fundación Neotrópica.

No había pasado mucho tiempo de mi salida, cuando el World Wild Life primero y luego The Nature Conservancy, me becaron para que no buscara otro trabajo y funcionara como Director Ejecutivo de la Fundación de Parques Nacionales, cuyas labores incluían recaudación de fondos para la consolidación del Sistema de Parques Nacionales. Luego en 1988 trabaje de guía con Michael Kaye y su empresa “Costa Rica Expeditions” pionera en el campo del turismo ecológico. Aquí, la vida me presentó la oportunidad de ver los Parques Nacionales con los ojos de un usuario.

En los años de la Administración de Don Oscar Arias se impulsaron iniciativas tales como el mecanismo financiero conocido como canje de deuda por naturaleza. En este periodo, en materia de conservación, el poder descansaba en el Ministro Álvaro Umaña. Esta fue la era en que la Administración de las Áreas Protegidas fue reestructurada y ocurre el nacimiento de las Unidades Regionales de Conservación (URC). Las URC formaban parte de una estrategia de desarrollo sostenible que no solo incluía las Áreas Silvestres Protegidas, sino también el agro-paisaje a su alrededor.

En 1989 entré a trabajar nuevamente al MIRENEM con Mario Boza como Viceministro. Trabaje un año en la apertura de una Oficina de Cooperación Internacional y luego asumí nuevamente la Dirección del Servicio de parques en 1991. En 1993, Mario salió y yo volví a salir para trabajar con el PNUD. De 1993 a 1995 trabaje como coordinador del programa de pequeñas donaciones del GEF y en 1995 participe en la elaboración de una propuesta de la fundación de parques a CR-USA para iniciar una campaña de recaudación de fondos para Corcovado, la cual fue aprobada. La Fundación CR-USA a través de la Fundación de Parques Nacionales, garantizó el pago de mi salario.

Ese año termino en fracaso por conflictos con la Ministra del Ambiente. Yo renuncie y me fui a trabajar como guía de turismo. Luego Carlos Manuel Rodríguez me llamo al CATIE y estando allí, CR-USA me volvió a contratar como oficial ambiental y para darle continuidad al proyecto de Osa. Se armó un nuevo proyecto y CR-USA me contrató como Director de la Campaña y luego, por acuerdo con el Ministro, como director del Área de Conservación Osa, desde febrero del 2004.

La Campana de Osa, fue un proyecto de colaboración internacional entre The Nature Conservancy (TNC), Conservación Internacional (CI), (Fundación Costa Rica-Estados Unidos (CR-USA) y el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), para la recolección de fondos destinados a proyectos de conservación de la biodiversidad en el Área de Conservación Osa. El proyecto pretendía recaudar más de $30 millones de dólares para un fondo patrimonial para las áreas protegidas, la compra de tierras privadas dentro de áreas protegidas, crear corredores biológicos y trabajar con comunidades, organizaciones locales y privadas y propietarios, en la conservación de la biodiversidad de ACOSA.

Los parques nacionales de Costa Rica fueron creados, mantenidos, mejorados y expandidos gracias a que la mayoría de los costarricenses los consideran como parte del alma nacional y a que hemos aprendido a utilizarlos como parte de nuestra economía. Son la materia prima del ecoturismo. La motivación de los primeros creadores del sistema, fue un ejemplo que muchos otros continuarían y que es apoyada, no solo por mas costarricenses, sino por muchos otros amigos y amigas y organizaciones internacionales que han admirado nuestra visión y misión y que con su apoyo han garantizado el éxito de nuestros preciados parques nacionales.

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 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio cuarto. Salvando el Parque Nacional Corcovado

Corcovado

Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios del Parque Nacional Corcovado:

Don Daniel Oduber se convirtió en el amigo más grande y poderoso que los Parques Nacionales han tenido. Le solicite a Daniel que creara una comisión para los Parques Nacionales y él quería crear una Comisión para los Recursos Naturales. Los miembros de la comisión fueron Oscar Arias, Fernando Zumbado, Pedro León, Eduardo Lizano, Armando Arauz, quien luego fue Vicepresidente de la república. Esta comisión, que me correspondió coordinar, presento al Presidente el proyecto de ley de creación del Instituto de Recursos Naturales (INDERENA). Esto era básicamente la transformación de la dirección general forestal en una institución autónoma. Desafortunadamente este proyecto no prosperó porque ya eran los últimos meses de la Administración Oduber-Quirós.

En este entonces llego una carta de un italiano dirigida a Don Daniel en donde este señor le informaba acerca de la importancia de conservación de la Península de Osa. Don Daniel me enseño la carta y nuevamente vi otra puerta que se abría e inmediatamente procedí a elaborar un presupuesto para salvar Corcovado.

El problema más grande que enfrentaba el Servicio de Parques Nacionales era re-ubicar a más de 150 familias de ocupantes que residían dentro del Parque. Algunos incluso estimaron que al menos 300 familias vivían dentro del parque. El presupuesto para indemnizar a estas familias se levantó rápidamente y el estimado ascendía a 1.5 millones de colones. Yo le presente este primer estudio al Presidente, sin embargo, cuando los cálculos se realizaron más minuciosamente, nos percatamos que el monto total ascendía a 12 millones. Estaba casi seguro que ese día iba a ser despedido. Aquí no tuve otra que volver a Don Daniel, con el rabo entre las piernas y confesarle que los números originales estaban muy por debajo de los reales. Daniel Oduber, un hombre de gran sabiduría, respondió con una frase célebre diciéndome: “Alvarito, dígame una cosa, cuánto cree usted que cueste Corcovado dentro de 50 años?” Así era Daniel, siempre contestaba con una pregunta o una broma que detrás llevaba todo un contexto. Nuevamente salí con vida… Ante la respuesta de Don Daniel los dos terminamos riéndonos y rápidamente le pregunte a donde podía ir a retirar el cheque de 12 millones de colones. Fue un momento que lo recuerdo con mucha nostalgia ya que Corcovado representa la joya del Sistema de Parques Nacionales de Costa Rica.

Más de la mitad de Corcovado le pertenecía al IDA y el resto, unas 16,000 hectáreas, estaban en manos de la compañía norteamericana Osa Productos Forestales, la cual mediante un canje de tierras en 1976, accedió a salir de Corcovado y tomar posesión de una parte de lo que actualmente se conoce como la Reserva Forestal de Golfo Dulce, la cual también fue creada durante el gobierno de Don Daniel. Los 12 millones aportados por el gobierno sirvieron para pagar las mejoras que los campesinos habían hecho dentro del Parque Nacional de Corcovado. Algunos de estos campesinos, se fueron de Osa, otros se trasladaron a una finca que adquirió el IDA para este fin, en el sector hoy conocido como Cañaza.

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Recuerdo que una vez, me contaron los Guardaparques de Santa Rosa en Guanacaste, que había llegado una rubia alborotera, ocupante de Puerto Rocha, entre San Pedrillo y Llorona en el Parque Nacional Corcovado. La rubia venia montada en un camión lleno de muebles y animales de granja y venia preguntando que donde estaba el Parque Nacional, porque en Osa le habían pagado bien y venía a ver si en Santa Rosa le pagaban otra vez. Afortunadamente allí mismo fue devuelta por los Guardaparques.

Don Daniel no solamente me ayudo a formar el sistema, sino también la institución. Cuando el preguntó que qué podía hacer por mí, al principio me moví con timidez, sin embargo, luego de comprender que sus palabras eran sinceras, me di cuenta del poder que me transfería el tener la firma del presidente, redactar algunos de sus discursos y su apoyo total. Durante el periodo de Gobierno de Don Daniel, se establecieron Parques Nacionales como Corcovado, La Reserva Biológica Isla del Caño, El Parque Nacional Rincón de la Vieja, La Reserva Biológica de Hitoy Cerere y Carara, La Reserva Forestal de Golfo Dulce y se firmó la ley del Parque Nacional de Tortuguero. Gracias a Daniel pasamos de 100 funcionarios a 400. El área destinada a Parques Nacionales aumento en un 2% del territorio nacional, lo cual sumado al 2.5% conquistado durante la tercera Administración de Don Pepe Figueres, nos colocaba en una posición prestigiosa a nivel mundial. Estas fueron las políticas iniciales que nos permitieron proteger una muestra aún más representativa de nuestra biodiversidad; y esto les dio al país y a don Daniel un gran prestigio internacional.

Episodio Quinto. Anécdotas de todo en el sistema

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Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica

Memorias de como iniciaron los Parques Nacionales en Costa Rica: Episodio tercero. Nace el Parque Nacional Santa Rosa

Santa Rosa

Encendemos la grabadora para escuchar en palabras de Don Álvaro Ugalde los inicios del Parque Nacional Santa Rosa:

Luego de regresar de los cursos teórico prácticos realizados en Estados Unidos, en Diciembre de 1969 conocí a Arthur “Tex” Hawkins, miembro voluntario del Cuerpo de Paz, quien formaba parte del departamento de pesca y vida silvestre dentro del MAG. Dicho Departamento no tenía una clara orientación conservacionista y su función era básicamente el control de proyectos de acuicultura y la entrega de licencias de cacería. Tex y yo comenzamos a trabajar juntos y redactamos una publicación para La Nación. El artículo era ilustrado con dibujos de la famosa pintora norteamericana Mary Paul, quien actualmente exporta sus obras a Estados Unidos y a Europa.

Posteriormente Tex y yo nos trasladamos para Santa Rosa en Guanacaste, ya que 10,000 hectáreas de la hacienda de Anastasio Somoza, dictador de Nicaragua, recién habían sido adquiridas por el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) por 4 millones de colones, con el fin primordial de crear el Parque Nacional Santa Rosa. El área incluía un enorme rectángulo desde la carretera interamericana hasta el Océano Pacífico. Este fue el primer cuadrito de Santa Rosa, que paso de 10,000 has a 111,000 has del Área de Conservación Guanacaste de hoy. Para un análisis detallado de cómo ocurrió este proceso es interesante leer el libro “The Green Phoenix” de William Allen.

Al ingresar a Santa Rosa experimentamos la cruda realidad que se vivía. El primer problema  era que la parte baja de la hacienda, conocida como el Valle del Naranjo, que se le había comprado a Somoza, había sido invadida por 36 familias, previo a la creación del Parque y los últimos bosques altos de bajura que le quedaban a la hacienda, los estaban socolando para cortarlos. El segundo problema, era que el vecino Sr. Carlos Acosta había corrido la cerca dentro del Parque como 60 hectáreas para acceder a un ojo de agua y el tercer problema, las vacas del Señor Carlos Acosta y otros, pastaban libremente en el Parque.

El ICT había contratado un peón, pero el instituto no la estaba administrando y prácticamente tenía a Santa Rosa en abandono total. Lupo Espinosa, hijo del antiguo telegrafista de la Hacienda Santa Rosa era el trabajador contratado, quien junto con su esposa Juanita y sus hijos, algunos de ellos actualmente botánicos, vivían en la casona. Lupo me enseño la realidad de las 10,000 has en posesión del estado, sin manejo y con frentes de batalla por doquier. Tex y yo le escribimos a Mario Boza, (quien se encontraba en el seminario de parques nacionales en Estados Unidos) explicándole la situación y Mario reacciono con una carta excelente a los medios de comunicación. La Carta de Mario, describía en detalle como el primer parque establecido en el país estaba por desaparecer debido a unos pocos precaristas que estaban destruyendo la herencia natural de todos los costarricenses y de las futuras generaciones. La llama se encendió y se generó un escándalo a nivel nacional que al final tuvo repercusiones positivas para la consolidación del primer Parque Nacional de Costa Rica. Debido a la situación que prevalecía, yo asumí la administración ad honoren de Santa Rosa.

En aquel momento, el Servicio de Parques Nacionales era solamente un papel, con un jefe fuera del país y dos voluntarios promoviendo alborotos. La dirección general forestal, que apenas estaba naciendo me brindo vehículos para ingresar a Santa Rosa y de Diciembre a Mayo trabaje como voluntario para el sistema, constituyéndome en el primer voluntario nacional del Servicio de Parques Nacionales. El primer voluntario extranjero fue Tex.

Un día me fui a caballo hasta el Valle de Naranjo, sitio en el cual se encontraban los precaristas y les pedí café, el cual me sirvieron de mala manera. No iba armado y tenía apenas 22 años. Hablando con los señores y señoras, logramos entendernos y a menos de una hora de dialogar, ya estábamos haciendo negociaciones. Recuerdo haberle informado a los señores que Santa Rosa era Parque Nacional. Les explique en qué consistía dicha categoría de protección y luego procedí a informarles lo que la ley establecía, el porqué de mi presencia en el sitio y también les comente que el gobierno apoyaba mis acciones. Los precaristas quedaron convencidos de que ellos debían desalojar el parque y les prometí que yo les solucionaba el problema de tierras y que si yo no tenía éxito me iba.

Recuerdo haber tenido una reunión anecdótica con el Sr. Arnoldo Madriz, Director Forestal, Jefe de Mario Boza. En esta reunión yo le decía a don Arnoldo que si no se solucionaba la situación en Santa Rosa, había que hacer un escándalo y recuerdo que él aprobó el escándalo. “Claro que si Alvarito, tienes todo mi apoyo”. El semblante y carácter amable le cambiaron inmediatamente cuando le dije que el escándalo era contra él mismo, porque no estaba asumiendo responsabilidades ante el caos que representaba la invasión de terrenos del estado por parte de los precaristas, las vacas y los vecinos molestos. Los molinos impulsados por Don Arnoldo al final comenzaron a moler, despacio, pero seguro.

Sin embargo, luego de Mayo del 70, decidí buscar trabajo en la Universidad de Costa Rica, en el Centro de Estudios de Población (CESPO), cuyo trabajo consistía en entrevistar líderes en todo el país. Le comente a Mario que no podía seguir trabajando de voluntario y que iba a trabajar a CESPO. Mario movió algunas de sus piezas vitales y para Julio del mismo año, Don José Figueres dicto un decreto ejecutivo nombrándome administrador de Santa Rosa. A la fecha, creo que los únicos dos nombramientos por decreto que se han hecho son el de Mario y el mío. Gracias a esta acción, al instante comencé a trabajar como funcionario del SPN.

El decreto ejecutivo para la creación de Santa Rosa se firmó en Santa Rosa, el 20 de Marzo de 1971, con la participación del ministro del MAG Fernando Batalla Esquivel, dicho sea de paso, fiel representante del sector agrícola y ganadero. También estaban presentes Doña Karen Olsen de Figueres, José María Figueres, Daniel Oduber y mi persona, entre muchos otros, estudiantes y vecinos.

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El 8 de Mayo de 1970, don Pepe asumió la presidencia y para el día 15 del mismo mes, ya estaba de viaje en Santa Rosa. Nos visitó en la casona y de pronto se fue a almorzar a la casa de Carlos Acosta, a quien le teníamos un interdicto de posesión, ya que se había adjudicado ilícitamente 60 hectáreas del estado. La visita de Don Pepe a Don Carlos fue como un balde de agua fría para nosotros. El juicio continúo y se resolvió a nuestro favor nuestro. Gracias a ello, la finca fue restablecida al límite del Parque original.

A pesar de las solicitudes múltiples que le habíamos hecho al Sr.  Acosta, su ganado continuaba pastando dentro del parque y luego de la aprobación judicial, procedimos a tirar el ganado. Se repartió carne a los asilos, escuelas y hospitales de Liberia, hasta que los ganaderos dejaron de meter ganado al parque. En resumen, se dio solución al problema de los precaristas, se restituyeron las cercas, se sacó el ganado y nació Santa Rosa como el primer parque nacional, con pasos firmes.

Cuando nos enteramos que los precaristas querían tierras y estaban dispuestos a negociar su traslado, iniciamos el proceso de avalúos y el proceso fue tan bien coordinado que para Junio de 1970, ya habíamos trasladado 35 de las 36 familias fuera del parque, a la finca San Luis, propiedad del Instituto de Desarrollo Agrario (IDA) en Cañas, Guanacaste. Esta fue la primera alianza interinstitucional que produjo un resultado concreto en un parque nacional y que sentó un precedente. El IDA asumió las familias del Parque Nacional de Santa Rosa.

Un jeep tapa baja del 54, de la guardia rural de Liberia, fue el que desafió el invierno torrencial y venció los canjilones de barro camino al Valle Del Naranjo. Los ríos de poco caudal, estaban crecidos y el tapa baja recorría los 24 Km, desde El Naranjo hasta la Interamericana, cargado de personas, chanchos, gallinas, perros y tiliches, para posteriormente conducirlos hasta Cañas. Cuando el IDA analizo el perfil de los precaristas, definió que de las 35 familias, solamente 13 tenían derecho a tierras, sin embargo, como el IDA no administro el recibimiento, las 35 familias se metieron en la finca. Luego de muchas vicisitudes, el Parque se inauguró.

En el traslado de los ocupantes a hacia San Luis de Cañas, nos ayudaron mucho la Procuraduría y la Notaría del estado, que básicamente eran dos viejitos. El Notario era don Enrique Ocampo y el Procurador Agrario era don Víctor Aguilar Bulgarelli. Ambos señores eran como dos leyendas vivientes que contrastaban con la juventud de Mario y la mía. Un día viniendo a caballo, salíamos de Naranjo y nos estaba llegando la noticia de que el presidente de la Asamblea Legislativa,  Lic. Daniel Oduber Quirós, acababa de presentar un proyecto de ley para trasladar Santa Rosa al ICT. Lo irónico era que el Parque ni siquiera había nacido legalmente como tal y apenas acabábamos de sacar a los precaristas y las vacas. Oduber pensaba crear impuestos a los cigarrillos y al licor con el fin de generar fondos al ICT para que Administrara Santa Rosa. El Señor Ocampo y el Sr. Aguilar nos dijeron que estábamos perdidos porque Daniel Oduber era la persona política más poderosa del momento, era el Presidente del Congreso y muy probablemente sería el próximo Presidente de la República.

A pesar de que el ICT había comprado la Hacienda Santa Rosa, no la había administrado adecuadamente y la Ley Forestal establecía que los Parques Nacionales los administraba el MAG y no el ICT y por ello nosotros lo primero que le quitamos al ICT fue Santa Rosa. La herida se volvió a abrir, ya que el ICT no aceptaba el haber perdido Santa Rosa y por ello estaban utilizando la figura política de Don Daniel Oduber para recuperar este preciado territorio tan importante para la historia de nuestra nación, ya que representaba el campo de batalla en el cual los próceres de la patria habían derrotado al filibustero William Walker. La figura de Doña Karen entra en acción. Nosotros acordamos no darnos por vencidos hasta que el Presidente Figueres no firmara la Ley de traslado de Santa Rosa al ICT. Mario y yo tuvimos que dejar botada la biología de la conservación para ver como destruíamos un proyecto de Ley en el Congreso postulado nada menos que por Don Daniel Oduber.

Diplomáticamente, Mario, yo y un grupo de conservacionistas, le expresábamos a Don Daniel los inconvenientes de trasladar Santa Rosa al ICT, sin embargo él no quería ceder ante nuestras peticiones. Mario y yo diseñamos una estrategia de inteligencia para enfrentar la amenaza que se nos venía encima. Nos volvimos agentes para boicotear ese proyecto de ley y tomamos dos iniciativas para iniciar el plan: 1) convertir a Doña Karen en nuestra aliada incondicional y arma secreta y 2) informar a los afectados (cigarrillos y licor) del proyecto de ley, y como les iba a golpear el bolsillo. El Padre de Mario era miembro de la Cámara de Comerciantes y Detallistas y la Cámara se convirtió en un vocero para informar a todas las Cámaras de los impuestos que se les iba a cobrar a licor y cigarrillos. Inmediatamente todas las cámaras se comenzaron a oponer y el frente de oposición ante el proyecto de Ley comenzó a crecer a lo interno y externo de la curul parlamentaria. Además, Doña Karen comenzó a llamar y enviar mensajes a los diputados e informarles de lo perjudicial del proyecto propuesto por Don Daniel.

La labor nuestra fue tan eficiente que la mayoría del congreso se opuso al proyecto y este no salió de comisión. Le ganamos al más grande de la Asamblea una de las primeras batallas decisivas.

Don Daniel era propietario de la finca La Flor, vecina de Santa Rosa y le encantaba venir al Parque. Continuamente visitaba a Carlos Acosta, venía a ver a su ganado y otras veces venía a ver al personal del Parque. Una vez, tome una decisión que se convirtió en un pleito duro. Para llegar a su finca, Carlos Acosta utilizaba un camino que pasaba al frente de la casona histórica. Gracias a la participación del Movimiento Nacional de Juventudes y a un grupo de amigas de Liberia, logramos colectar algunas antigüedades para decorar la casona y prepararla para la inauguración. Además estábamos haciendo el Sendero del Indio Desnudo, el cual aún continúa operando. Durante este tiempo, recuerdo que en una noche escuchamos disparos. Salí a investigar y me encontré con que Carlos venia borracho haciendo escándalo y disparando al aire. Yo me fui detrás de el a pedirle que se comportara ya que se encontraba en un Parque Nacional y tenía muchos voluntarios.

Al día siguiente llego Carlos con Don Daniel Oduber. Carlos venía muy molesto conmigo, porque hacía varios días yo le había abierto un camino de acceso a su finca para que dejara de pasar por el camino que pasaba por la casona. Para evitar más conflictos con Carlos le cerré el paso por la casona y el reacciono furioso trayendo nada menos que a Daniel para que me ordenara a mí habilitar el camino tradicional.

Cuando Don Daniel llego, me lo lleve para que observara a los niños trabajando en el sendero. Él me contó que él había estado presente en las cuevas de Santa Rosa durante la contrarrevolución del 55 y le mostré los arreglos que le habíamos hecho a la casona. Le comente a Don Daniel que yo quería traer turismo a Santa Rosa y que la casona era el centro de interés del sitio. Le mencione que Carlos  perturba la paz y por eso yo le había abierto servidumbre por otro lado. No lo quería transitando cerca de la casona. “Carlos, Alvarito tiene razón, tienes que usar el otro camino”. Fueron las palabras de Don Daniel y murió el pleito por el camino.

La familia de Lupo y Juanita y yo vivíamos en la Casona. Sin embargo, ya el sitio comenzaba a ser visitado por turistas y tuve que tomar la decisión de construir una oficina y viviendas fuera de la casona y luego se inició la construcción de la administración en el sitio actual. Gracias a la asistencia de 20 voluntarios del cuerpo de paz, en 1971 pedí permiso para concluir mis estudios universitarios. Algunos de los voluntarios llegaron luego a tener puestos en Estados Unidos y mi relación con algunos de ellos continuo. Algunos de los compañeros de aquellos días fueron Steve Cornellius, herpetólogo especialista en tortugas, Allan Moore quien trabajo en el Poás y otros Parques y Kurt Frazier y su esposa, quienes estudiaban primates y muchos otros hombres y mujeres más.

La participación de estos voluntarios norteamericanos se dio gracias a nuestros contactos con el director del Cuerpo de Paz y el Departamento de Relaciones Internacionales del Servicio de Parques Nacionales, el cual era muy comprometido con la conservación en otros países. Estas dos instituciones, el AID (Agency for Internacional Development por sus siglas en ingles) y nosotros, negociamos un paquete muy interesante. El AID pagaba el programa, el servicio de Parques de brindaba sabáticos y el Cuerpo de Paz nos los enviaba a compartir la experiencia que habían adquirido en el Servicio Norteamericano de Parques. Había planificadores, administradores, científicos, impartía talleres de interpretación, etc. y nos acompañaron en todo tipo de labores conservacionistas. Era algo así como lo que los norteamericanos llaman un “Win to Win situation”; un programa en el que todos ganábamos.

Alrededor de 1973, el gobierno comenzó a contratar personal y el presidente Jimmy Carter cambió los programas de conservación apoyados por el cuerpo de Paz y el foco de interés de la organización fue dirigido a los Derechos Humanos. Para ese entonces, ya el SNP estaba un poquito más consolidado, gracias a la labor colosal de Doña Karen. Fueron cuatro años de batallas muy duras, en los que sentamos los primeros precedentes donde Don Fernando Batalla, Ministro de Agricultura y fiel ganadero no le veía futuro al turismo.

Alrededor de 1973, una sequía muy severa, llevo a la ganadería a una crisis catastrófica. El ganado empezó a morir y Don Fernando o uno de sus asesores, invento que Santa Rosa estaba llena de heno y que para aliviar la crisis era cuestión de hacer pacas para dárselas a los ganaderos. Desde luego, yo me opuse categóricamente al proyecto. Hasta que un día llego un telegrama del Sr. Batalla ordenándome que me trasladara de la noche a la mañana al Volcán Poás. Me trasladó del calor incandescente al frío pavoroso. Vernon Cruz, un horticultor que se encontraba administrando el volcán Poás, fue trasladado a Santa Rosa.

Desde las cumbres uno ve mejor y por ello, mi paso por el Volcán Poás produjo en mi mente un milagro o un cambio radical. Pase de verme envejeciendo en Santa Rosa, a ver un país que necesitaba un sistema de Parques Nacionales y no solo un Parque o dos. Desde aquí veía otros volcanes, los Bajos del Toro, Sarapiquí, los Océanos. Con esta decisión, sin pretenderlo, Don Fernando Batalla se había convertido en un catalizador para la creación del sistema de áreas protegidas como lo conocemos hoy.

El proyecto de henificación continúo con Vernon. Las pacas se almacenaron en Liberia, pero debido al mal manejo que se le brindo, se calentó y se quemó. El escándalo llego a grandes proporciones, el colegio de biólogos se vio involucrado y finalmente el proyecto tuvo que suspenderse. En 1973, luego del Poás, gracias a una beca de la Organización de Estados Americanos (OEA), salí hacia la Escuela de Recursos Naturales de la Universidad de Michigan, USA, para realizar estudios de maestría.

En 1974, estando yo en Michigan, hubo elecciones en Costa Rica y Mario me llamo para darme las noticias de que Oduber había quedado de Presidente. Temíamos que fuera a tomar represalias contra el SPN, debido al incidente en el cual Mario y yo le habíamos boicoteado el proyecto de Ley para pasar Santa Rosa al ICT. En 1974 prácticamente nos escondíamos de Oduber. De pronto un día me lo encontré en las gradas del CATIE y me pregunto dónde estaba trabajando. En voz bajita le dije que estaba en el Servicio de Parques y me dijo que pasara a hablar con él. Antes de la reunión me preocupé mucho por que esperaba lo peor, sin embargo, los relámpagos que yo esperaba, se convirtieron en agua bendita. Sus primeras palabras fueron: “Alvarito, que puedo hacer por usted y que puedo hacer por ayudar los Parques Nacionales?”.

Aquí empezaron los años de oro de Don Daniel. Durante su periodo gubernamental de 1974-78, Daniel pasó de ser del malo de la película, a mi más preciado héroe hasta el día de hoy. Comenzamos a describir crear plazas, ya que no existían. Daniel firmaba todas nuestras peticiones y la institución creció tan explosivamente que se nos volvió un problema manejarla, ya que no teníamos la experiencia. Con respecto a Parques Nacionales, Don Daniel prácticamente nos dijo díganme que hago y como lo hago. Como Daniel era un presidente tan poderoso, lo que él decía se hacía y ello benefició mucho al SPN. Por mandatos directos de Daniel, las viejas instituciones se unieron y le abrieron espacio al SNP que venía naciendo.

Episodio cuarto. Salvando el Parque Nacional Corcovado

Referencia

 Sáenz Y. (Sin publicar). Memorias de un Héroe Llamado Guarda Parques. San José-Costa Rica