¿Qué significa que las emisiones de GEI de una empresa estén alineadas con el Acuerdo de París?

En un mundo donde la presión por actuar frente al cambio climático es cada vez mayor, los compromisos empresariales en materia ambiental han dejado de ser voluntarios para convertirse en un imperativo estratégico. Uno de los conceptos más relevantes en esta transición es la alineación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con el Acuerdo de París. Pero ¿qué significa exactamente?

El Acuerdo de París, adoptado en 2015, establece un objetivo global: limitar el aumento de la temperatura media del planeta muy por debajo de los 2 °C y hacer esfuerzos para no superar los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Alcanzar este objetivo requiere una transformación profunda de la economía global, donde las empresas juegan un papel central.

Cuando una empresa declara que sus emisiones están alineadas con el Acuerdo de París, está afirmando que sus operaciones, productos y cadena de valor siguen una trayectoria de descarbonización coherente con la meta de 1,5 °C. Esta afirmación, sin embargo, no puede ser genérica ni simbólica. Requiere evidencia técnica, compromisos verificables y una hoja de ruta clara.

¿Qué implica esta alineación?

  1. Reducciones absolutas de emisiones
    La empresa debe reducir sus emisiones de GEI (Alcance 1, 2 y, cuando corresponda, 3) en valores absolutos, no solo en términos relativos por unidad de producción. Las reducciones deben ser consistentes con los presupuestos globales de carbono definidos por la ciencia climática.
  2. Metas basadas en ciencia (SBTs)
    Las metas deben estar validadas o diseñadas según metodologías del Science Based Targets initiative (SBTi), que aseguran que las metas empresariales son compatibles con escenarios de 1,5 °C.
  3. Plan de transición climática
    La empresa debe contar con un plan técnico, financiero y operativo que oriente sus decisiones hacia la neutralidad de carbono. Esto incluye inversiones en eficiencia energética, energías renovables, rediseño de productos, innovación tecnológica y cambios en modelos de negocio.
  4. Transparencia y rendición de cuentas
    La medición y reporte periódico de emisiones se debe realizar según estándares internacionales como el GHG Protocol. Además, la divulgación debe ser pública y formar parte de marcos como los Estándares NIIF S2 o las recomendaciones del TCFD.
  5. Uso responsable de compensaciones
    Si bien las compensaciones pueden jugar un rol complementario, una empresa alineada con París no basa su estrategia climática en la compra masiva de créditos de carbono, sino en la reducción directa de sus emisiones.

¿Por qué es importante?

Alinear las emisiones con el Acuerdo de París no es solo una respuesta ética o ambiental; es una decisión estratégica y de competitividad. Los inversionistas, reguladores, consumidores y empleados exigen cada vez más compromisos climáticos serios, medibles y verificables. En este contexto, las empresas que no tomen medidas corren el riesgo de perder acceso a mercados, capital y legitimidad.

En contraste, aquellas que se alinean con el Acuerdo de París no solo gestionan mejor sus riesgos climáticos, sino que también acceden a oportunidades de innovación, financiamiento sostenible y liderazgo reputacional en una economía en transición.

Decir que una empresa está alineada con el Acuerdo de París no es una declaración de intenciones: es un compromiso técnico, financiero y operativo con un futuro bajo en carbono. Es, en última instancia, una muestra de responsabilidad corporativa que contribuye a garantizar un planeta habitable para las generaciones presentes y futuras.

Referencias

¿Qué es un Refugio Climático?

En un mundo donde el cambio climático avanza con rapidez y transforma los paisajes que conocemos, el concepto de refugios climáticos se ha convertido en una herramienta clave para la conservación de la biodiversidad. ¿Pero qué es exactamente un refugio climático y por qué es tan importante hoy?

De los glaciares al siglo XXI: una evolución del concepto

Tradicionalmente, los refugios climáticos eran aquellas áreas donde las especies lograron sobrevivir a eventos extremos del pasado, como las glaciaciones. Sin embargo, en la actualidad, el término se ha ampliado para incluir aquellas zonas que, pese al calentamiento global del siglo XXI, podrían seguir ofreciendo condiciones adecuadas para la vida.

Este cambio ha traído consigo nuevas interpretaciones y métodos de análisis, lo que, si bien enriquece el concepto, también puede dificultar su aplicación práctica en proyectos de conservación. Por eso es esencial comprender cómo funcionan estos refugios, dónde se localizan y cómo identificarlos de manera efectiva.

¿Qué hace a un lugar un refugio climático?

Desde una perspectiva funcional, un refugio climático es un área que mantiene condiciones ambientales relativamente estables, protegiendo así a las especies frente a las variaciones extremas del clima. Estos espacios pueden ser de dos tipos:

  • Refugios In situ: donde las especies ya viven actualmente.
  • Refugios Ex situ: nuevas zonas que podrían ser colonizadas naturalmente o mediante asistencia (como corredores biológicos o translocación).

Además, según su tamaño y nivel de detalle, los refugios pueden dividirse en:

  • Macrorefugios: grandes extensiones detectadas mediante modelos climáticos.
  • Microrefugios: pequeñas zonas con microclimas especiales, como quebradas, laderas sombreadas o áreas con alta cobertura vegetal.
  • Refugios hiperlocales: son espacios específicos como cuevas y cavernas que ofrecen condiciones térmicas estables y refugio para especies especializadas. Estos refugios cumplen un rol crítico en la conservación de fauna cavernícola o especies altamente sensibles a los cambios climáticos extremos.

Identificarlos requiere herramientas especializadas, como modelos de alta resolución o sensores térmicos.

¿Clima o hábitat? Dos dimensiones esenciales

Una de las grandes preguntas en la ciencia de los refugios climáticos es: ¿debemos enfocarnos en la estabilidad del clima o en la estabilidad del hábitat? La primera se refiere a la constancia de variables físicas como temperatura y humedad; la segunda, a la permanencia de condiciones ecológicas clave para las especies.

Ambas dimensiones no siempre coinciden, por lo que su integración es fundamental para una conservación realmente eficaz.

Factores que influyen en la efectividad de un refugio

La capacidad de un refugio para mantener la vida depende de varios elementos:

  • Su estabilidad térmica e hídrica.
  • La calidad del hábitat para permitir procesos como la reproducción y la alimentación.
  • La duración del evento climático extremo.
  • La resiliencia de las poblaciones que lo habitan.

Incluso algunas especies sobreviven en condiciones subóptimas mediante estrategias como bancos de semillas o adultos longevos. Estos casos, aunque frágiles, pueden ser clave para futuros procesos de restauración.

¿Cómo identificamos un refugio climático?

Existen diferentes enfoques para localizar estas áreas clave, cada uno con sus ventajas y limitaciones:

1. Modelos climáticos y de nicho ecológico

Utilizan herramientas como MaxEnt o Random Forest para predecir dónde podrían persistir especies bajo futuros escenarios climáticos. También permiten detectar áreas con menor velocidad de cambio climático.

2. Indicadores biofísicos

Analizan el relieve, la orientación de las laderas o la presencia de cuerpos de agua para encontrar microclimas favorables. También se evalúa la conectividad ecológica para asegurar rutas de migración hacia zonas seguras.

3. Enfoque histórico-paleoecológico

Se basa en registros fósiles, sedimentos o polen para identificar regiones que han mantenido su estabilidad durante milenios, incluso frente a eventos extremos como las glaciaciones.

4. Sensores remotos y análisis espacial

Con tecnologías satelitales y geoespaciales, se detectan áreas que conservan vegetación saludable, buen acceso al agua y condiciones térmicas estables a lo largo del tiempo.

5. Enfoque integrado multicriterio

Combina datos climáticos, topográficos, ecológicos y sociales mediante SIG para priorizar zonas con múltiples atributos favorables.

6. Enfoque socioecológico

Reconoce el valor del conocimiento local e indígena. Comunidades que han vivido por generaciones en territorios diversos poseen una sabiduría invaluable sobre áreas naturalmente resilientes. Integrar esta visión enriquece y legitima cualquier estrategia de conservación.

Una herramienta clave para planificar el futuro

Los refugios climáticos no son una receta mágica, pero sí una pieza estratégica para enfrentar el cambio climático y conservar la biodiversidad. Su identificación y protección requieren ciencia, tecnología, participación comunitaria y una mirada de largo plazo.

Proteger estos espacios es proteger también nuestra propia resiliencia como sociedad ante un planeta cambiante. Porque allí donde la vida ha encontrado refugio antes, puede encontrar esperanza nuevamente.

Costa Rica y el límite invisible del carbono

En medio del ruido político, las promesas de desarrollo y los discursos sobre sostenibilidad, hay una cifra tan pequeña como poderosa que debería guiar las decisiones de cualquier país que tome en serio el cambio climático: 2 toneladas de dióxido de carbono por persona, por año. Ese es el límite aproximado de emisiones per cápita compatible con la meta internacional de no superar los 2 °C de calentamiento global. Más allá de esa línea, los riesgos para la vida en el planeta —incluyendo la nuestra— crecen de forma descontrolada.

Este umbral no es una ocurrencia de ambientalistas radicales. Es una estimación basada en el presupuesto global de carbono, una herramienta científica que calcula cuánto CO₂ puede seguir emitiendo la humanidad sin sobrepasar ciertos puntos de no retorno en el sistema climático. Ese presupuesto, si se distribuye de forma equitativa entre la población mundial, nos da una cuota personal de aproximadamente 2.1 toneladas de CO₂ equivalente por persona al año durante los próximos 50 años. Para el escenario más seguro —mantenernos debajo de 1.5 °C de aumento— la cifra baja a 1.5 toneladas o menos, pero esta opción cada vez es más lejana.

Frente a este panorama, Costa Rica tiene una tarea pendiente. Según datos del Joint Research Centre de la Comisión Europea, nuestras emisiones per cápita alcanzan actualmente las 3,185 toneladas de CO₂ equivalente al año (2023), sin considerar el aporte positivo del balance forestal. Reducir esa cifra será cada vez más difícil si no se adoptan decisiones estructurales. El crecimiento urbano desordenado, la expansión del transporte privado, el uso intensivo de fertilizantes en la agricultura y la creciente presión sobre el uso del suelo amenazan con incrementar aún más nuestras emisiones.

Entonces, no podemos seguir por el camino que llevamos, debemos liderar. Como país pequeño, altamente vulnerable y con escasa responsabilidad histórica en la crisis climática, tenemos la legitimidad para exigir acción internacional, pero también la obligación ética de predicar con el ejemplo. Y eso pasa por establecer un camino claro para reducir nuestras emisiones per cápita por debajo del umbral de 2 tCO₂-eq/año, y ojalá acercarnos a 1.5 tCO₂-eq/año.

Eso no implica frenar el desarrollo, sino repensarlo. Requiere avanzar con más decisión en la electrificación del transporte, la transformación de nuestros sistemas alimentarios, la eficiencia energética, la innovación productiva baja en carbono, y sobre todo, en la coherencia de nuestras políticas públicas.

Porque la acción climática no se mide solo en toneladas, sino en decisiones. Y la próxima década será clave. Mientras otros países apenas se acercan a los límites seguros de emisiones, Costa Rica tiene la posibilidad —y el deber— de mantenerse dentro de ellos, y demostrar que un desarrollo con baja huella es no solo necesario, sino posible.

En la batalla global por estabilizar el clima, cada decimal de grado cuenta, y cada tonelada también. Ya conocemos nuestra cuota. El reto ahora es respetarla y, mejor aún, superarla.

Porque en la lucha climática no se trata solo de cuánto emitimos, sino de cuánto podemos permitirnos seguir emitiendo. Y esa respuesta ya la tenemos: menos de 2 toneladas por cabeza por ahora.


REFERENCIAS

European Commission, Joint Research Centre, Crippa, M., Guizzardi, D., Pagani, F., Banja, M., Muntean, M., Schaaf, E., Monforti-Ferrario, F., Becker, W.E., Quadrelli, R., Risquez Martin, A., Taghavi-Moharamli, P., Köykkä, J., Grassi, G., Rossi, S., Melo, J., Oom, D., Branco, A., San-Miguel, J., Manca, G., Pisoni, E., Vignati, E. and Pekar, F., GHG emissions of all world countries, Publications Office of the European Union, Luxembourg, 2024, https://data.europa.eu/doi/10.2760/4002897, JRC138862.

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Informe sobre la Brecha de Emisiones 2024. No más promesas de humo, por favor. En medio de una enorme disparidad entre lo dicho y lo hecho, los países preparan nuevos compromisos climáticos. Nairobi. https://doi.org/10.59117/20.500.11822/46404

CONSUMO Y PRODUCCIÓN SOSTENIBLE: ¿Cuánta comida estamos tirando mientras millones pasan hambre?

Cada vez que tiramos comida a la basura, no solo estamos desperdiciando un recurso valioso, sino también contribuyendo silenciosamente a una crisis global que afecta al planeta y a millones de personas. El desperdicio de alimentos es un problema económico, ambiental y social de proporciones colosales. Se estima que cada año se desperdician más de 1.000 millones de toneladas de alimentos en el mundo. Para ponerlo en perspectiva: más de un tercio de toda la comida que se produce globalmente acaba en la basura. ¿Cómo podemos justificar esta cifra cuando casi 800 millones de personas padecen hambre?

Un costo invisible en cada plato

El valor económico de los alimentos desperdiciados supera el billón de dólares anuales, pero el impacto real va mucho más allá del dinero. Este desperdicio involucra el uso de más del 28 % de las tierras agrícolas del planeta, la explotación de recursos hídricos, energía, fertilizantes y mano de obra, todo para producir alimentos que nunca se consumirán. Como si fuera poco, este ciclo genera entre el 8 y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, contribuyendo directamente al cambio climático.

La ironía es brutal: mientras se desechan toneladas de comida en supermercados, restaurantes y hogares, 150 millones de niños sufren retrasos en su desarrollo por falta de nutrientes, y millones de familias enfrentan inseguridad alimentaria crónica. En 2022, el 29,6 % de la población mundial vivía con inseguridad alimentaria moderada o grave.

Hogares: el epicentro silencioso del problema

Aunque muchas veces se señala a los supermercados o restaurantes como principales responsables del desperdicio, los datos revelan que los hogares son el mayor foco de este problema. En promedio, se desperdician 79 kg de alimentos por persona al año en las casas, lo que representa cerca del 60 % del total mundial.

En Costa Rica, se estima que cada habitante desperdicia 91 kg de alimentos al año en su hogar, cifra que equivale a más de un millón de toneladas de comida tiradas anualmente. En países vecinos, el escenario no es mejor: Guatemala también reporta 91 kg por habitante al año (más de 1,6 millones de toneladas), Honduras 90 kg (940 mil toneladas), Nicaragua 90 kg (626 mil toneladas), y El Salvador 91 kg (579 mil toneladas). En el Caribe, la República Dominicana lidera con un preocupante 160 kg de alimentos desperdiciados por persona al año, generando casi 1,8 millones de toneladas de residuos.

Estos datos —aunque sujetos a márgenes de incertidumbre— revelan una tendencia alarmante: el desperdicio de alimentos no es solo un problema de países ricos. También está presente en regiones donde el acceso a una dieta balanceada sigue siendo limitado para millones de personas.

Un objetivo global, una responsabilidad compartida

La comunidad internacional ha reconocido la urgencia del problema. La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible busca reducir a la mitad el desperdicio per cápita de alimentos para 2030, tanto a nivel de consumidores como en la cadena de suministro. Paralelamente, la Meta 16 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal llama a reducir significativamente el consumo excesivo y el desperdicio, en armonía con la naturaleza.

Lograr estos objetivos requiere más que buenas intenciones. Necesitamos marcos legales e incentivos claros que promuevan el consumo responsable, mejoras en la infraestructura de almacenamiento y transporte, programas nacionales de educación alimentaria, y sobre todo, una transformación profunda en nuestra relación con los alimentos.

Una llamada a la acción: gobiernos y empresas tienen un papel clave

Este no es solo un problema de consumidores: los gobiernos deben liderar con decisión la lucha contra el desperdicio alimentario. Es urgente crear políticas públicas que obliguen a reportar y reducir las pérdidas a lo largo de la cadena de suministro, establecer normas claras para el etiquetado de fechas de caducidad y consumo preferente, y promover leyes que incentiven la redistribución de alimentos excedentes a bancos de alimentos y organizaciones sociales.

Por su parte, el sector privado tiene una responsabilidad ineludible. Las empresas alimentarias pueden optimizar sus cadenas logísticas, innovar en empaques sostenibles y ajustarse a modelos de economía circular. Los supermercados pueden fomentar ventas de productos cercanos a su fecha de vencimiento a precios reducidos y donar los excedentes en vez de desecharlos. Además, es vital que los sectores de la restauración, hotelería y eventos incorporen criterios de eficiencia y sostenibilidad en sus operaciones.

Porque en un mundo con tanta comida, nadie debería pasar hambre

Reducir el desperdicio de alimentos no es solo una estrategia ambiental: es una acción ética, económica y socialmente inteligente. Es una oportunidad para reducir costos, combatir el cambio climático, preservar la biodiversidad y, sobre todo, garantizar que más personas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos.

La lucha contra el desperdicio alimentario debe ser una prioridad nacional e internacional, con compromisos firmes de todos los sectores. Porque mientras millones de personas siguen padeciendo hambre, dejar que la comida acabe en la basura debería considerarse simplemente inaceptable.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Informe sobre el índice de desperdicio de alimentos 2024. Nairobi.

Cuyamel-Omoa: el Sitio Ramsar que se esta llevando el mar en Honduras

“Lo que el mar le está haciendo al sitio Ramsar Cuyamel-Omoa en Honduras muestra lo que el cambio climático podría hacerle, en algún momento, a la costa y a las economías de los poblados costeros del país”

El sitio Ramsar Cuyamel-Omoa se encuentra en la región del Caribe norte de Honduras, en el Departamento de Cortes, Municipio de Omoa, conocido localmente como Valle de Cuyamel y Sierra de Omoa. Fue designado como sitio Ramsar en febrero de 2013 por la Convención de Ramsar, cubriendo un área de 30,029 hectáreas que se dividen en 8,145 Hectáreas de área marina y 21,884 hectáreas de área terrestre (1).

La importancia de este sitio Ramsar se sustenta en que su sistema de humedales se basa en su función como hábitat de especies amenazadas como el manatí antillano (Trichechus manatus), el ave jabirú (Jabiru mycteria), el pez guaso (Epinephelus itajara), el cocodrilo (Crocodylus acutus) y las especies de tortugas marinas Dermochelys coriacea y Eretmochelys imbricate. Este Sitio Ramsar también es vital para las especies acuáticas, especialmente durante sus primeras etapas de vida, ya que contribuyen a las pesquerías del Sistema Arrecifal Mesoamericano que son la base de la economía local. Además, este sistema de humedales mantiene poblaciones de aves acuáticas residentes y migratorias. El humedal entre otros servicios ecosistémicos contribuye a proveer de alimento a las comunidades, regular el flujo de agua, prevenir la intrusión de agua salada y contaminación de acuíferos para las comunidades costeras, protección contra eventos naturales, entre otros. Entre los efectos adversos principales a los que se enfrenta este Sitio están la expansión de la ganadería y el cultivo de palma africana (1).

IMPACTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

El aumento del nivel del mar constituye uno de los indicadores más importantes del cambio climático, porque incorpora la variación de diferentes componentes del sistema climático. Sus impactos físicos son más fáciles de ver y medir que otros impactos del cambio en el clima sobre otros sistemas naturales como los bosques. A lo largo de las costas centroamericanas, en las dos últimas décadas, el Mar Caribe ha mostrado tendencias de expansión térmica (2)- o sea el incremento en el volumen del agua marina a medida que aumenta su temperatura- lo que ha resultado en afectaciones sobre las costas y de manera muy evidente en el Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa.

El aumento del nivel del mar está vinculado a tres factores principales (3):

Expansión térmica: Gran parte del calor en la atmósfera es absorbida por los océanos, los cuales se expanden de acuerdo con las leyes básicas de la física. A mayor calentamiento mayor expansión.

El deshielo de los glaciares y de los casquetes polares:  los glaciares y los casquetes polares se derriten naturalmente en verano. Pero en invierno, las precipitaciones en forma de nieve compensan las pérdidas. Sin embargo, las altas temperaturas que están siendo provocadas por el calentamiento global provoca que cada verano se derrita más hielo y a la vez disminuya la aparición de la nieve, se retrasen lo veranos y se adelanten las primaveras. Ese desequilibrio provoca que el nivel del mar se eleve al llegar esa agua al océano.

Pérdida de hielo en Groenlandia y en la Antártida Occidental: Al igual que con los glaciares y con los casquetes de hielo, el aumento del calor está provocando que las enormes placas de hielo que recubren Groenlandia y la Antártida se derritan a un ritmo acelerado aportando agua a los Océanos como se describió anteriormente.

No obstante, visto desde la tierra, la “expansión térmica” es uno de los contribuyentes más importantes de la subida del nivel del mar el cual actualmente muestra un acumulado de 103 (± 0.4) mm (4) lo que significa un incremento de +3.54 mm (± 0.4) mm/yr al año (5) a nivel global. Este proceso de ascenso puede incrementar varios impactos físicos en las costas, entre ellos:

  • La trasgresión o retroceso de la línea de ribera (erosión de playas y retroceso de acantilados);
  • La ampliación o migración tierra adentro de los terrenos sujetos a inundación mareal, o marismas, con posibilidad de provocar salinización de humedales costeros y acuíferos y de perder hábitats costeros, como playas de anidación de tortugas marinas, por ejemplo;
  • Ampliación de los efectos de las marejadas ciclónicas

Las inundaciones causadas por tales procesos pueden ser temporales o permanentes, lo que depende de la combinación del ascenso del nivel del mar con otros factores como las mareas meteorológicas y astronómicas y los cambios en el oleaje, conduciendo a que las costas sean particularmente vulnerables a dicho proceso porque la mayoría de la actividad económica, la infraestructura y los servicios están localizados en la costa o muy cerca de ella, y las economías locales están concentradas en pocos sectores, como el turismo y la pesca (6).

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CUYAMEL?

En análisis de las tendencias de aumento del nivel medio del mar a partir de mareógrafos, se observó un cambio en la tendencia lineal evaluada para el intervalo 1948-1968 en Puerto Cortés, Honduras, reflejando un aumento de 9.23 ± 1.05 mm/ año. mientras que para el período 1992- 2012 utilizando datos provenientes de satélites altimétricos, los valores de aumento del nivel en Puerto Cortés muestran una tendencia de aumento de ~1.76 mm/año (7).

El cambio en el nivel medio del mar frente a la costa del sitio Ramsar paso de 0.0337 m/año en noviembre de 1992 a 0.0893 m/año en enero del 2019 (Figura 1) (8) lo que evidencia que las costas del sitio Ramsar se encuentran sufriendo transformaciones producto del proceso de la expansión térmica del mar y deshielo de los casquetes polares, entre otras, producidas por el calentamiento global del planeta (9).

En la zona del sitio Ramsar se ven efectos de erosión costera y salinización de tierras y humedales que podrían tener diversas causas que van desde la geodinámica local provocada por el movimiento de placas, la migración de la desembocadura del río Motagua, el probable aumento de los vientos, la construcción de infraestructura cerca de la costa y el aumento del nivel del mar como se muestra en la figura siguiente.

Figura 1. Anomalía de nivel de mar frente a las costas del Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa en el período 1992-2019

EL FUTURO

Temperatura ambiental

Los escenarios de cambio climático para la microcuenca del río Cuyamel presente en el Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa muestran aumentos de temperatura media anual al año 2030 con un rango de variación de 0,98 C a 1,27 C dependiendo del escenario, mientras que la temperatura mínima presenta un rango de variación de 0.91 a 1.16 C y la temperatura máxima presenta variaciones en el orden de 1.03 C a 1.13 C. Para el año 2050 la variación de la temperatura media estaría en un rango del 1.18 C a 2.12 C, la temperatura mínima mostraría valores entre 1.10 C y 2.00 C y la temperatura máxima de 1.25 C a 2.24 C dependiendo del escenario (10).

Precipitación

Los escenarios de cambio climático para la microcuenca del río Cuyamel presente en el sitio muestran variaciones de la precipitación al año 2030 con un rango de variación de -0.7% de disminución a 2.4% de aumento dependiendo del escenario, y una variación de disminución de -3.0% a un aumento de 2.1% dependiendo del escenario al año 2050 sobre una línea base de precipitación de 2175 mm anuales (10).

En síntesis, los resultados de las simulaciones muestran cambios que varían de acuerdo con el escenario donde hay aumentos y disminuciones, con pequeñas reducciones bajo los escenarios más pesimistas (RCP 6.0 y RCP 8.5) tanto para el año 2030 como para el 2050 (10).

En materia de estrés hídrico en 2030 el mismo podría alcanzar una reducción del 10% y en 2040 del orden del 10 a 20% de agua disponible para los usuarios condicionando cada vez más una competencia entre los usuarios del agua (11).

Nivel del mar

El nivel global del mar ha estado aumentando durante décadas en respuesta a un clima más cálido, y múltiples líneas de evidencia indican que el aumento se está acelerando (12).

La tendencia del aumento del nivel del mar en la costa del Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa para el año 2030 tienen una variación de aumento de 0.20 a 0.21 metros, de 0.29 a 0.32 metros en 2040 y de 0.30 a 0.44 metros en 2050 dependiendo del escenario (Figura 2).

Figura 2. Escenarios de aumento del nivel del mar en la costa caribe de Honduras para el período 2020 a 2100 relativas al período 1995-2014 según escenarios de cambio climático del sexto informe de cambio climático del IPCC

Nota: Sobre la base de aumento del nivel del mar de Puerto Cortés

En síntesis, el sitio Ramsar en el futuro cercano presentara mayor intrusión salina, un clima más cálido y una reducción en la disponibilidad de agua dulce que llega al humedal sumado a las presiones antropogénicas lo que conllevara a una transformación del ecosistema como lo conocemos hoy.

LA RESPUESTA

Algunas opciones iniciales de adaptación podrían estar dirigidas a:

  • Enpoderamiento climático de las comunidades con el objetivo de que esten debidamente informados sobre los riesgos y se unan a participar en acciones de adaptación al cambio climático
  • Desarrollar un sistema de vigilancia y alerta temprana ante eventos extremos (por ej. ciclones tropicales, oleaje, vientos locales) producto de la variabilidad climática donde no solo se incluya el Sitio Ramsar sino también las comunidades vecinas,
  • Implementar un esquema de comunicación e información para el manejo de riesgos y la atención de contingencias resultantes de eventos meteorológicos extremos,
  • Identificar zonas críticas y vulnerables para el visitante y los pobladores, bajo eventos extremos y establecer regulaciones para su uso
  • Desarrollar un sistema de monitoreo de los perfiles de playa y dinámica de la playa para modelar los impactos futuros de aumento en nivel del mar y marejada
  • Promover la erradicación de residencias humanas permanentes cercanas a la costa
Río Cuyamel

Referencias

-(1) Ramsar (2022). Sistema de Humedales Cuyamel-Omoa. Servicio de Información sobre Sitios Ramsar. Sitio web: https://rsis.ramsar.org/es/ris/2133?language=es

-(2) BIOMARCC-USAID 2013. Vulnerabilidad y escenarios bioclimáticos de los sistemas marino-costeros a nivel del caribe centroamericano. San José, Costa Rica.

-(3) National Geographic. (2010). El aumento del nivel del mar. https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/el-aumento-del-nivel-del-mar

-(4) NASA. (2022). Global Climate Change, Vital Signs of the Planet; Sea Level. 3 diciembre 2022, de NASA’s Jet Propulsion Laboratory Sitio web: http://climate.nasa.gov/vital-signs/sea-level/

-(5) AVISO+. (2022). Satellite Altimetry Data. CNES. Sitio web: https://www.aviso.altimetry.fr/en/data/products/ocean-indicators-products/mean-sea-level.html

-(6) Andrade, J. M. (1996). Análisis de la vulnerabilidad de la zona costera ante el ascenso del nivel del mar por un cambio climático global. Costa del Pacífico de Costa Rica. Informe final. Proyecto Centroamericano sobre Cambio Climático-Comité Regional de Recursos Hidráulicos;

-(7) Ballestero, D. y Salazar, P. (2012). Variabilidad y Cambio del Nivel del Mar en Costa Rica. Informe Técnico preparado por el Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional. Costa Rica:

-(8) NASA Sea Level (1 diciembre 2022). Descarga de datos https://coast.noaa.gov/

-(9) IPCC, 2021: Summary for Policymakers. In: Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Masson-Delmotte, V., P. Zhai, A. Pirani, S.L. Connors, C. Péan, S. Berger, N. Caud, Y. Chen, L. Goldfarb, M.I. Gomis, M. Huang, K. Leitzell, E. Lonnoy, J.B.R. Matthews, T.K. Maycock, T. Waterfield, O. Yelekçi, R. Yu, and B. Zhou (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, pp. 3−32, doi:10.1017/9781009157896.001.

-(10) Navarro-Racines, C., Monserrate, F., Llanos-Herrera, L, Obando, D. Córdoba, J. (2018). Desarrollo de los Escenarios Climáticos de Honduras y Módulo Académico de Capacitación. Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT); Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); Dirección Nacional de Cambio Climático de MiAmbiente.

-(11) Hofste, R., S. Kuzma, S. Walker, E.H. Sutanudjaja, et. al. 2019. “Aqueduct 3.0: Updated Decision- Relevant Global Water Risk Indicators.” Technical Note. Washington, DC: World Resources Institute. Available online at: https://www.wri.org/publication/aqueduct-30.

-(12) IPCC 6th Assessment Report Sea Level Projections (12 noviembre 2021). Descarga de datos https://sealevel.nasa.gov/

Foro: Cómo gestionar el riesgo sistémico contra huracanes y pandemias

Los huracanes Eta e Iota y la covid-19 ponen en la palestra la adaptación y la reducción del peligro de desastre

“Este artículo es una publicación original realizada en la sección de Opinión del Periódico La Nación de Costa Rica, del 29 de noviembre  del 2020. Acceso al artículo original Aqui

Por: Andrea Vincent, Allan Lavell, Ana María Durán, Alice Brenes Maykall, Lenin Corrales, Pascal Girot y Omar Lizano miembros del Consejo Científico de Cambio Climático de Costa Rica (4C).

Los huracanes Eta e Iota golpearon a una Centroamérica que afrontaba la pandemia de covid-19, acarreando altos costos económicos y sociales especialmente para quienes viven en condiciones de vulnerabilidad y pobreza.

El impacto indirecto de huracanes en Costa Rica es común; no obstante, Otto, en noviembre del 2016, reveló la posibilidad de afectaciones directas en forma de tormentas tropicales de menor intensidad en múltiples ocasiones.

Los escenarios futuros sugieren un aumento en la frecuencia e intensidad de los huracanes e incertidumbre en cuanto a sus nuevas trayectorias.

Las pérdidas económicas asociadas a eventos extremos (fenómenos atmosféricos, sísmicos y volcánicos), sin contar los costos asociados a otros más recurrentes y de menor escala, se calculan en $2.210 millones entre el 2005 y el 2017 en infraestructura, servicios y producción.

Las pérdidas debidas a la influencia indirecta de Eta ascienden a $14,5 millones en daños en infraestructura y 325.000 afectados, lo cual agrava la crisis económica y fiscal preexistente y la vulnerabilidad de la población más pobre.

Incremento de la frecuencia. Lejos de ser una situación anómala esta combinación de amenazas probablemente marque un hecho cada vez más frecuente.

Los acuerdos internacionales sobre riesgo de desastres de Hyogo (2005) y de Sendái (2015) reconocen que en una sociedad cada vez más densamente poblada, globalizada e interconectada, el riesgo es sistémico y transciende las barreras de lo económico, social y ambiental.

Por ejemplo, el riesgo de enfermedades zoonóticas como la covid-19 aumenta con factores que incrementan la probabilidad de transmisión entre animales silvestres y humanos (p. ej. crecimiento poblacional, deforestación).

La pandemia no solo resulta de la transmisibilidad del virus, sino también de la interconectividad de un mundo globalizado.

Esta situación sistémica resalta pautas que no deben ser ignoradas en materia de gestión de riesgo. El huracán Eta trae a colación la adaptación y la reducción del peligro de desastre.

La respuesta nacional a Eta se caracterizó por medidas de gestión reactivas y de emergencia de gran costo, seguidas por medidas de recuperación, reconstrucción y compensación a un costo aún mayor.

Los acuerdos de Hyogo y Sendái insisten en la adopción de una gestión integral del riesgo que busque reducir ex ante e impedir la construcción de riesgo en el futuro. Se trata de invertir en la sostenibilidad y seguridad de los medios de vida y de la infraestructura, no solamente de la acción puntual pre y posimpacto.

El país no está preparado. En nuestra «estrategia país» se hace hincapié en estos elementos, pero falta lograr muchos mayores niveles de ejecución.

Esto implica la toma de decisión con base en evidencia científica y mejorías radicales en el uso de los recursos, ya que si a duras penas se atienden las amenazas climáticas actuales, ¿cómo vamos a enfrentar los impactos del cambio climático?

Costa Rica promueve la mitigación del cambio climático y la carbono neutralidad. Sin embargo, en un país cuyas emisiones globales de gases de efecto de invernadero alcanzan el 0,04 %, es preocupante que no haya una inversión similar para adaptación y reducción de la amenaza de desastre.

La prevención y el control de la creación de nuevo riesgo deben volverse parámetros medulares para el desarrollo de nuestro país. Las instituciones y organizaciones públicas y privadas que promueven y efectivizan el crecimiento económico y el desarrollo deben obligatoriamente incorporar mecanismos de análisis y evaluación de riesgo, y tomar las medidas necesarias para mantenerlo en niveles socialmente aceptables.

Costa Rica tiene múltiples precedentes en la gestión correctiva y prospectiva del riesgo, como la prohibición del uso de adobe después del terremoto de Cartago (1910), la reforestación de las pendientes del volcán Irazú tras la erupción (1963) y el exitoso reasentamiento de Chinchona (2009).

Esto nos demuestra que sí es posible dar ese salto. En Centroamérica, Eta e Iota, Otto (2016), Nate (2017), Mitch (1998) y Joan (1988) nos enseñaron que los desastres y el riesgo que los antecede no son naturales, sino socialmente construidos. El costo de no actuar acorde con estas lecciones será muy caro.

La próxima década seria crucial para alcanzar los objetivos del Acuerdo de Paris

CO2

En un artículo recientemente publicado en Nature Communications se advierte sobre los esfuerzos que se deben hacer en la próxima década para aproximarse a lo establecido en el histórico Acuerdo de París de limitar el aumento futuro de la temperatura media mundial por debajo de los 2 °C y proseguir los esfuerzos para limitar aún más el aumento medio a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Sin embargo, el tiempo y los detalles de estos esfuerzos se dejaron a cada país, lo que puede ralentizar el proceso de la toma de medidas concretas.

El dióxido de carbono (CO2) y otros gases de efecto invernadero en la atmósfera pueden reducirse básicamente de dos maneras: reduciendo nuestras emisiones o eliminándolas de la atmósfera, por ejemplo, a través de la captura por parte de las plantas, el océano y el suelo.

El estudio en mención demuestra que el sistema combinado de energía y uso de la tierra debería entregar cero emisiones antropogénicas netas antes del 2040 para asegurar el alcance de la meta de 1.5 °C para el año 2100. Esto implica que el consumo de combustibles fósiles probablemente tendría que reducirse a menos del 25% del suministro mundial de energía para 2100, en comparación con el 95% actual. Al mismo tiempo, el cambio en el uso de la tierra, tales como la deforestación, debe ser disminuido. Esto conduciría a una disminución del 42% de las emisiones acumuladas para finales del siglo, en comparación con un escenario normal.

Los resultados del estudio dan una amplia explicación del dióxido de carbono en nuestra atmósfera, de dónde viene y hacia dónde se dirige, tomando en cuenta no sólo las emisiones de combustibles fósiles, sino también la agricultura, el uso de la tierra, la producción de alimentos, la bioenergía y la absorción de carbono por parte de los ecosistemas naturales. Compara cuatro escenarios diferentes para el desarrollo energético futuro, con una gama de mezclas de energías renovables y fósiles. En un escenario de «alta renovación» en el que el viento, la energía solar y la bioenergía aumentan alrededor del 5% al ​​año, las emisiones netas podrían alcanzar su nivel máximo en 2022, según el estudio. Sin embargo, sin tecnologías de emisiones negativas sustanciales, esa vía aún conduciría a un aumento medio de la temperatura a nivel mundial de 2,5 ° C, perdiendo el objetivo del Acuerdo de París.

El escenario de alta energía renovable es ambicioso, pero no imposible -la producción global de energía renovable creció 2.6% entre 2013 y 2014, según la Agencia Internacional de Energía. En contraste, el estudio concluye que la dependencia continua de los combustibles fósiles (con tasas de crecimiento de las renovables entre el 2% y el 3% al año), causaría que las emisiones de carbono sólo alcanzaran su máximo al final del siglo, causando una temperatura global estimada de aumento de 3,5 ° C hacia el 2100. Esto quiere decir que no sólo la mezcla de energía importa, sino también la cantidad total de energía consumida.

Para enfrentar tales desafíos el reciente informe publicado por la Carbon Princing Leadership Colation 2016-2017 señala la necesidad de promover cambios paralelos en la economía global para alcanzar emisiones netas y mantener el aumento de la temperatura promedio global debajo de los 2°C entre los que se encuentran;

  • La descarbonización de la producción de electricidad; necesaria para estabilizar el cambio climático, mediante el uso de energía renovable u otras formas de energía cero-carbono
  • La promoción de la electrificación mediante el aumento del uso de energía generada libre de carbono o, al menos en una fase de transición, es necesaria para los combustibles más limpios o sin carbono, en los sectores de la vivienda, la industria y el transporte;
  • La mejora de la eficiencia, mediante la mejora de la eficiencia energética y la reducción de los residuos en todos los sectores (entre otros, la manufactura, los servicios, la agricultura, el consumo de alimentos, el consumo de energía residencial y la reducción de la congestión urbana) contribuye a reducir las emisiones y facilita la transición a emisiones netas-nulas;
  • Optimizar los paisajes, preservando y mejorando los sumideros naturales de carbono, mediante la creación de paisajes «respetuosos con el clima», el manejo de los bosques y otros tipos de vegetación y suelos y los cambios en las prácticas agrícolas.

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Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente

Nubes

Artículo publicado en la Revista AMBIENTICO #258 de Junio del 2016

El último informe de evaluación sobre el cambio climático (AR5) publicado por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) llega a tres conclusiones básicas: la primera se refiere a que  “el calentamiento en el sistema climático es inequívoco y, desde la década de 1950, muchos de los cambios observados no han tenido precedentes entre los últimos decenios y milenios. La atmósfera y el océano se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado, han ocurrido cambios en algunos fenómenos climáticos extremos y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado”. La segunda conclusión se refiere a que “la influencia humana en el sistema climático es clara. Esta evidencia de la influencia humana es mayor desde que se elaborara  el Cuarto Informe de Evaluación”. Y la tercera conclusión señala que “limitar el calentamiento requerirá reducciones sustanciales y sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero” (IPCC, 2013).

Este mismo informe indica que es probable que, para fines del siglo XXI, la temperatura global en la superficie sea superior en 1,5 °C a la del período entre 1850 y 1900 para todos los escenarios considerados de trayectorias de concentración representativas (RCP), excepto para el escenario RCP2.6. Es probable que esa temperatura sea superior en 2 °C para los escenarios RCP6.0 y RCP8.5, y más probable que improbable que sea superior en 2 °C para el escenario RCP4.5. El calentamiento continuará después de 2100 en todos los escenarios RCP, excepto para el RCP2.6 y que el calentamiento continuará mostrando una variabilidad interanual y decenal, y no será uniforme entre las regiones (IPCC, 2013).

La preocupación porque la temperatura promedio de la tierra permanezca por debajo de 2 °C llevó a alcanzar finalmente la meta del acuerdo de París. Esto implica tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en el año 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI del año 2050 con relación al 2010, deben ser entre 40% y 70% menores a nivel mundial.

No obstante, el haber llegado a un acuerdo vinculante llama la atención que en su consideración número 17 (FCC, 2015) señala que se observa con preocupación que los niveles estimados de las emisiones agregadas de gases de efecto invernadero en los años 2025 y 2030 resultantes de las contribuciones previstas determinadas a nivel nacional no son compatibles con los escenarios de 2 °C sino que conducen a un nivel proyectado de 55 gigatoneladas de emisiones de gases de efecto invernadero en el año 2030, lo que implica un calentamiento de la tierra de 2,7 °C a 3,7 °C, y observa también que, para mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2 °C con respecto a los niveles preindustriales, mediante una reducción de las emisiones a 40 gigatoneladas, o por debajo de 1,5 °C con respecto a los niveles preindustriales, se requerirá un esfuerzo de reducción de las emisiones mucho mayor que el que suponen las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (INDCs, por sus siglas en inglés), esto significa que el acuerdo de París es solo el primer paso del esfuerzo de transformación mundial que se requiere.

Con un promedio acumulado casi ya de 1,0 °C (0,87 °C fue el último promedio mundial) y en un país que solo contribuye con el 0,03% (2012) de las emisiones globales, es claro que Costa Rica debe prepararse y darle más prioridad al aumento de la capacidad de adaptación a los efectos adversos del cambio climático y promover la resiliencia al clima bajo un desarrollo con bajas emisiones de gases de efecto invernadero. Lo anterior no solo por su compromiso de aportar a los esfuerzos mundiales, sino aprovechando los co-beneficios  sociales que esto implica como mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo por ejemplo, a la vez que trataría de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

El clima de la región centroamericana y por consiguiente de Costa Rica es moldeado por una serie de manifestaciones atmosféricas entre las que se encuentran; ondas provenientes del este, frentes fríos e intrusión de masas de aire frío, las oscilaciones de la zona de convergencia intertropical, el tránsito de ciclones tropicales en el océano Atlántico y el mar Caribe y los sistemas ciclónicos que viajan paralelos al istmo y México a lo largo del océano Pacífico. Cuando estas condiciones se acoplan con otras condiciones atmosféricas de otra escala de tiempo y espacio como el fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), surgen los eventos climáticos extremos que tienen lugar en la región como las fuertes lluvias, inundaciones, deslizamientos de tierra y las sequías. Por tanto, los eventos climáticos extremos en Centroamérica no son excepción, sino que son bastantes recurrentes, lo suficiente para convertirse en una situación normal para el istmo por lo que su impacto tiene importantes consecuencias sobre las condiciones sociales, económicas y ambientales de los habitantes de la región (SICA, 2006).

Durante el periodo 2005-2011, ocurrieron en el país 16 eventos intensos asociados a fenómenos hidrometeorológicos y geotectónicos, que provocaron pérdidas estimadas en    1 130,39 millones de dólares constantes del año 2011 (US$ 1,13 billones). Siendo la infraestructura vial la que sufrió más impacto, seguida por la infraestructura de generación eléctrica, la agricultura y las viviendas. Es importante destacar que el 78,2% de estas pérdidas corresponden a obras públicas, mientras que el restante corresponde a las actividades privadas (MAG-MIDEPLAN, 2013).

Proyectando las tendencias de pérdida basada en estadísticas del último Informe de Evaluación Global sobre la Reducción del Riesgo de Desastres (GAR) que emite la Oficina de las Naciones Unidas  para la Reducción de los Desastres, se estima que las “pérdidas anuales esperadas” por amenazas múltiples (terremotos, inundaciones, vientos ciclónicos, mareas de tormenta y tsunamis), en Costa Rica podrían alcanzar una suma anual de US$ 280 millones (GAR, 2015), lo que de materializarse podría tener importantes repercusiones a nivel fiscal, dado el tamaño  de la economía nacional (Comisión Nacional de Emergencias [CNE], 2015).

Otras estimaciones señalan que “de continuar por la senda de acumulación creciente de riesgos, implicará pérdidas económicas y sociales que superarán la capacidad nacional. Para el 2030 las pérdidas ascenderían a más de US$ 7 mil millones (constantes del 2006) y para el 2050 a casi US$ 30 mil millones (constantes del 2006). De mantenerse la tendencia de eventos declarados emergencias nacionales, al 2030 se habrán duplicado en el escenario de línea base que se definió, y  para el 2050 se multiplicarán en ocho veces” (CNE, 2015).

En 2015 el Gobierno de la República, a través de la CNE destinó más de ₵ 15 500 millones, de los cuales ₵ 12 000 millones salieron del Fondo Nacional de Emergencias y el resto, unos ₵ 3 500 millones son de recursos ordinarios de las instituciones que participan en las acciones de respuesta. Entre tanto, también se destinaron ₵ 75 mil millones para la recuperación de las comunidades afectadas por las inundaciones y deslizamientos (CNE, 2016).

Los números anteriores evidencian que el país aún no se ha adaptado a la variabilidad del clima actual y esto implica que está dejando de utilizar esa oportunidad de laboratorio para aprender y prepararse para los cambios climáticos futuros. Entonces es válido plantear la interrogante: si aún no nos hemos adaptado a la variabilidad climática actual ¿Cómo esperamos adaptarnos al cambio climático  futuro?

Es importante que el país haga esfuerzos para empezar la adaptación al clima actual y futuro ya que los principales cambios proyectados en relación con los fenómenos climáticos para la región centroamericana y el Caribe según el último informe del IPCC (AR5) señalan una reducción proyectada de la precipitación media, aumento de la precipitación extrema y una mayor precipitación extrema debida a ciclones tropicales. Además, existe un nivel de confianza alto en que el fenómeno ENOS seguirá siendo el modo dominante de la variabilidad climática natural en el siglo XXI, con influencias globales, y en que es probable que se intensifique la variabilidad de las precipitaciones regionales que induce (IPCC, 2013).

En relación a impactos esperados, se señala bajo niveles aún de confianza bajos, sobre inundaciones y deslizamientos de tierra en zonas urbanas y rurales debido a precipitaciones extremas, menor producción de alimentos y calidad alimentaria, mayor difusión de enfermedades transmitidas por vectores en altitud y latitud, y un aumento de la decoloración de corales, más allá de los efectos de la contaminación y las perturbaciones físicas (IPCC, 2014).

El recientemente Acuerdo de París le hace un llamado a la comunidad global para que aumente su capacidad de adaptación, fortalezca la resiliencia y reduzca la vulnerabilidad al cambio climático con miras a contribuir al desarrollo sostenible y lograr una respuesta de adaptación adecuada en el contexto del objetivo referente al tope en el aumento de la temperatura global. Se reconoce a su vez, que la adaptación es un desafío mundial que incumbe a todos, con dimensiones locales, subnacionales, nacionales, regionales e internacionales, y que es un componente fundamental de la respuesta mundial a largo plazo frente al cambio climático, cuyo fin es proteger a las personas, los medios de vida y los ecosistemas.

Así mismo, el Acuerdo hace un llamado al reforzamiento de acciones en materia de intercambio de información, buenas prácticas, experiencias y enseñanzas extraídas, en lo referente, según el caso, a la ciencia, la planificación, las políticas y la aplicación de medidas de adaptación. Específicamente se hace referencia al fortalecimiento de los conocimientos científicos sobre el clima, con inclusión de la investigación, la observación sistemática del sistema climático y los sistemas de alerta temprana, de un modo que aporte información a los servicios climáticos y apoye la adopción de decisiones de una manera eficaz.

Le queda al país la tarea aún de desarrollar su plan o planes nacionales de adaptación establecidos en el Acuerdo, por lo que tendrá que emprender procesos de planificación de la adaptación y adoptar medidas, como la formulación o mejora de los planes, políticas o contribuciones pertinentes. Se podrá incluir: a) La aplicación de medidas, iniciativas y/o esfuerzos de adaptación; b) El proceso de formulación y ejecución de los planes nacionales de adaptación; c) La evaluación de los efectos del cambio climático y de la vulnerabilidad a este, con miras a formular sus medidas prioritarias determinadas a nivel nacional, teniendo en cuenta a las personas, los lugares y los ecosistemas vulnerables; d) La vigilancia y evaluación de los planes, políticas, programas y medidas de adaptación y la extracción de las enseñanzas correspondientes; y e) El aumento de la resiliencia de los sistemas socioeconómicos y ecológicos, en particular mediante la diversificación económica y la gestión sostenible de los recursos naturales.

El Acuerdo de París en materia de daños y pérdidas señala que se debe actuar de manera cooperativa y facilitadora para mejorar la comprensión, las medidas y el apoyo; acá se podrán incluir: a) Los sistemas de alerta temprana; b) La preparación para situaciones de emergencia; c) Los fenómenos de evolución lenta; d) Los fenómenos que puedan producir pérdidas y daños permanentes e irreversibles; e) La evaluación y gestión integral del riesgo; f) Los servicios de seguros de riesgos, la mancomunación del riesgo climático y otras soluciones en el ámbito de los seguros; g) Las pérdidas no económicas; y h) La resiliencia de las comunidades, los medios de vida y los ecosistemas (FCCC 2015).

En síntesis, atender la adaptación en el país va a requerir promover esfuerzos para enfrentar los cambios en el clima basados en sólidos planes y políticas de reducción de la pobreza y desarrollo sostenible que aumente el grado en el cuál los daños y pérdidas a causa del cambio climático puedan ser evitados. Así el Acuerdo de París reviste una oportunidad para reconocer el vínculo entre la mitigación, la adaptación y los daños y pérdidas, para mejorar los esfuerzos a través de una acción climática integral a partir de la alineación de las diversas agendas sectoriales (Roberts et al., 2015).

 Referencias

-Comisión Nacional de Emergencias [CNE]. (2015). Política Nacional de Gestión del Riesgo 2016-2030. San José-Costa Rica: Comisión Nacional de Prevención de Riesgos y Atención de Emergencias. Comisión Nacional de Emergencias

-[CNE]. (2016). En el último año. CNE financió proyectos por más de ₵􀵂55.800 millones. Disponible en http://www.cne. go.cr/index.php/269-noticias/timas/1089-inversion-obras-2015. Consultado 12 Enero del 2016.

-FCCC. (2015). Acuerdo de París. Convención Marco sobre el Cambio Climático. París, Francia: Conferencia de las Partes, 21er período de sesiones.

-GAR. (2015). GAR: Evaluación global sobre la reducción del riesgo de desastres. Oficina de la Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR). New York, EE.UU

-IPCC. (2013). “Resumen para responsables de políticas. En: Cambio Climático 2013: Bases físicas. Contribución del Grupo de trabajo I al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático” [Stocker, T.F., D. Qin, G.-K. Plattner, M. Tignor, S.K. Allen, J. Boschung, A. Nauels, Y. Xia, V. Bex y P.M. Midgley (eds.)]. Cambridge UniversityPress, Cambridge, Reino Unido y Nueva York, NY, Estados Unidos de América.

-IPCC. (2014). Cambio climático 2014: Impactos, adaptación y vulnerabilidad – Resumen para responsables de políticas. Contribución del Grupo de trabajo II al Quinto Informe de Evaluación del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [Field, C.B., V.R. Barros, D.J. Dokken, K.J. Mach, M.D. Mastrandrea, T.E. Bilir, M. Chatterjee, K.L. Ebi, Y.O. Estrada, R.C. Genova, B. Girma, E.S. Kissel, A.N. Levy, S. Mac- Cracken, P.R. Mastrandrea y L.L. White (eds.)]. Organización Meteorológica Mundial, Ginebra, Suiza, 34 págs.

-MAG-MIDEPLAN. (2013). Sistematización de la Información de Impacto de los Fenómenos Naturales en Costa Rica, Período 2005- -2011. San José, San José: Ministerio de Agricultura y Ganadería, Ministerio de Planificación Nacional y Política Económica

-Roberts, E., Andrei, S., Huq, S., & Flint, L. (2015). Resilience synergies in the post-2015 development agenda. Nature Climate Change, 1024-1025.

-SICA. (2006). Impacts and Adaptation to Climate Change and Extreme Events in Central America.San José, Central America Integration System, Regional Committee on Hydraulic Resources, University of Costa Rica, Geophysical Research Center.

TOMADO DE:

Corrales Lenin. 2016. Adaptación en el contexto del Acuerdo de París: En Costa Rica un asunto pendiente. En: UNA.2016. ¡¡¡Histórico!!!. Implicaciones para Costa Rica del Acuerdo de París sobre Cambio Climático. Ambientico #258. Artículo 7.p. 43-49.Heredia-Costa Rica. ISSN 1409-214X.

Para acceder a la Revista completa hacer “click” aquí:

http://www.ambientico.una.ac.cr/pdfs/ambientico/258.pdf

Acuerdo de Paris: Un vaso medio lleno

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Columna publicada en el Suplemento de cambio climático Ojo al Clima del Semanario Universidad el 3 de Febrero del 2016

Es claro que después de 21 años de discusiones y con 6 años de atraso de la cumbre donde se debió tomar el acuerdo “Es mejor tener el acuerdo a no tenerlo”. Sin embargo, la realidad es que el verdadero esfuerzo empieza después de París y se convierte en solo un paso de un largo camino que hace que la cuesta sea menos empinada, pero que se requiere se suba con urgencia.

Alcanzar la meta del acuerdo de Paris en la que la temperatura permanezca por debajo de 2 °C en relación con los niveles preindustriales-concentraciones en 2100 entre aproximadamente 450 y 500 (ppm) de CO2eq- implican tener emisiones anuales de gases de efecto invernadero (GEI) en 2030 de aproximadamente entre 30 Gigatoneladas (GT) de CO2eq y 50 GtCO2eq. Si tomamos en cuenta que las emisiones globales en 2012 fueron de 54 GtCO2eq, podemos imaginar el esfuerzo que se debe hacer ya que el mundo necesita seguir creciendo pero con la condicionante que dentro de 15 años las emisiones deben ser menores a las del 2012. Otro dato que revela esa meta se refiere a que las emisiones globales de GEI en 2050 con relación al 2010, deben ser entre el 40% y el 70% menor a nivel mundial y al 2100 cercanos a cero GtCO2eq o negativos.

Aun cuando hubo una gran demostración de euforia política al alcanzar el acuerdo surgen algunas dudas. La primera es saber que los países, aun conociendo la urgencia de tomar medidas, presentaron contribuciones nacionales que calientan el planeta de entre 2.7°C a 3.7°C y la segunda  es leer el débil artículo 4 que señala “alcanzar un pico de emisiones de CO2 tan pronto sea posible”, como si la ciencia no hubiera ya establecido los plazos y las metas de emisiones relacionadas con la meta de los 2 °C.

La reducción de emisiones no solo debe hacerse por razones de calentamiento de la tierra sino en un país como Costa Rica que contribuye con menos del 0.04% (2012) de las emisiones globales, lo más importante es mejorar la calidad del aire y con ello los gastos en salud a causa de las enfermedades respiratorias y disminuir los tiempos que hoy se gastan en ir y venir del trabajo. Pero no hay que olvidar que se trata también de mantener la resiliencia y la integridad de fuentes de carbono, como los océanos y los bosques.

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Manuel Antonio: un Parque Nacional vulnerable a eventos climáticos extremos

Figura1A

Considerado en 2011 como uno de los 12 Parques Nacionales más hermosos del mundo por la revista Forbes (1) y una visitación anual de 379.608 visitantes (2014) el Parque Nacional Manuel Antonio (PNMA) es una de las Áreas Silvestres Protegidas de Costa Rica más visitadas y la que genera mayores ingresos dentro del Sistema Nacional de Áreas de Conservación, donde además, ha contribuido a un incremento en el desarrollo del turismo local.

Figura1El Parque Nacional Manuel Antonio se encuentra ubicado en la Región del Pacífico Central cercano a la ciudad de Quepos y nace en 1972 como “Parque Recreativo Nacional Playas de Manuel Antonio”, posteriormente en 1978 cambia su categoría a Parque Nacional. A pesar que tiene una extensión en la parte continental bastante reducida (~1800 hectáreas), es la tercer área silvestre protegida marino-costera (~55.210 hectáreas) más grande del país y es considerado como un remanente de humedales y bosque en medio de amplias extensiones de monocultivos de palma africana y desarrollos turísticos(2). La porción continental está dominada en su extensión por un 50% de humedales, 35% bosque, 2% de playas y un 13% con modificaciones de origen humano, donde se han reportado 943 especies terrestres y 237 especies en el ambiente marino para un total de 1.180 especies(3).

 IMPACTOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Procesos propios de la dinámica costera han venido aumentando de manera significativa en los últimos años tales como:

  • Entradas de ráfagas de viento de gran poder destructivo procedente del mar (Figura 1),
  • Erosión de la costa,
  • Marejadas de fondo e inundaciones temporales (Figura 2).

Estos fenómenos se verán cada vez exacerbados por los impactos previstos del cambio climático haciendo el PNMA particularmente vulnerable. De hecho, en los últimos años los eventos extremos de corta duración han provocado un cambio radical de la playa de mayor visitación del Parque.

Figura2Figura3

 

 

 

 

 

 

 

 

Algunos de estos eventos son explicados por las marejadas de fondo (oleaje) que afectan frecuentemente el pacífico centroamericano y que son producidas por tormentas originadas en el Pacífico Sur(4). Estas tormentas intensas, llamadas intertropicales, cuando llegan a Nueva Zelanda se desvían hacia la costa pacífica de Costa Rica que a diferencia de los otros países de la región como Ecuador, México, Honduras o Nicaragua donde las olas alcanza hasta 3,5 metros de altura en Costa Rica solo alcanzan los dos metros y medio gracias a que las Islas Galápagos “protegen” al país reduciendo la energía de las olas (5). Con cambios en el clima es probable que estas tormentas aumenten su influencia sobre el pacífico.

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN MANUEL ANTONIO?

Figura4En agosto del 2012 el Parque sufrió un evento extremo provocado por oleaje alto y marejadas de fondo (Figura 3), que produjo impactos importantes sobre la conformación de la playa. A pesar de que los administradores tomaron acciones para reconstruir la playa con el uso de maquinaria, durante el evento la playa perdió varios metros de vegetación destruyendo los sistemas de agua potable (Figura 4) y el sendero en la playa más visitada (Figura 5) y aumentando finalmente la vulnerabilidad del Parque a nuevos fenómenos extremo

EL FUTURO

Figura5Los efectos previstos del cambio climático en el PNMA incluyen aumento del nivel del mar(6), incremento de la temperatura ambiental(7) y superficial del mar(8), leve aumento de las precipitaciones al año 2050(9).

Estos efectos tendrán un impacto negativo en la salud de la biodiversidad del PNMA, así como una reducción probable en el número de turistas, a causa de la trasformación y erosión de las playas existentes. Finalmente, los eventos extremos tendrán un impacto significativo en la infraestructura del parque, con el riesgo concreto de destrucción de senderos y edificios para uso turístico.

Escenarios de cambio climático(10) establecen en la región del PNMA una tendencia de aumento en el nivel medio del mar de 1.95 mm/año, lo que equivaldría a un incremento de 58,61 mm al año 2040 – o sea un retroceso de la costa de 3 a 6 metros o incluso se podría llegar a 166.08 mm en presencia de un fenómeno del Niño (como pasó en 1997).

LA RESPUESTA

Los eventos de origen climático que se empiezan a documentar en el parque y bajo escenarios futuros de una mayor intensificación provocados por cambio en el clima llaman la atención sobre la necesidad de empezar a tomar acciones de adaptación que garanticen en el mediano y largo plazo el servicio ambiental de la recreación que el PNMA ofrece a los visitantes. Para lograr lo anterior algunas opciones de adaptación identificadas hasta ahora son(11):

  • Desarrollar un sistema de vigilancia y alerta temprana ante eventos extremos (por ej. marejadas de fondo, oleaje, vientos locales) producto de la variabilidad climática
  • Implementar un esquema de comunicación e información para el manejo de riesgos y la atención de contingencias resultantes de eventos meteorológicos extremos
  • Establecer zonas críticas y vulnerables para el visitante, bajo eventos extremos y establecer regulaciones para su uso
  • Mantener y conservar una línea de bosque mínima entre la zona supralitoral y los senderos en el bosque
  • Desarrollar un sistema de monitoreo de los perfiles de playa y dinámica de la playa para modelar los impactos futuros de aumento en nivel del mar y marejadas
  • Implementar un plan de desarrollo de capacidades del personal del PNMA y de otros actores estratégicos locales y regionales para la atención de los eventos extremos producidos por la variabilidad climática
  • Generar una línea base que permita dimensionar y monitorear el estado de la dinámica de la playa asociada a eventos extremos (marejadas de fondo, oleaje), consecuencias del aumento del nivel del mar y cambios en su composición por exceso de sedimentos

El documento en formato de publicación puede ser obtenido aquí:

Folleto

Publicación Manuel Antonio

REFERENCIAS

1 Jane Levere. (2011).The World’s Most Beautiful National Parks. 2 marzo 2015, de Forbes Magazine Sitio web: http://www.forbes.com/

2 Araucaria. (2003). Plan de ordenamiento territorial de la cuenca del Río Savegre. MINAE-AECI 3 SINAC. (2013). Plan de Manejo Parque Nacional Manuel Antonio 2014-2018. Área de Conservación Pacífico Central (ACOPAC). Aguirre-Costa Rica.

4 MioCimar.(2015).Condiciones de oleajes y mareas altas para estos días en el Pacífico de Costa Rica.Inforem Oceanográfico MIO01205-04-17. 17 de abril del 2015

5 Pablo Rojas. (2014). Fuerte oleaje en Centroamérica no repercutió en el país; prevén fenómeno

6 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).Dinámicas, tendencias y variabilidad climática. Efectos del cambio climático en la costa de América Latina y el Caribe. Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Ministerio de Asuntos Exteriores de España (MASEE), Instituto de Hidráulica Ambienta de la Universidad de Cantabria. Santiago-Chile

7 IMN (2008). Cambio Climático: Clima, variabilidad y Cambio Climático en Costa Rica. Instituto Meteorológico Nacional. MINAET-GEF-IMN-PNUD.

8 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).

9 IMN (2008).

10 CEPAL, MASEE, IH-UC. (2012).

11 SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) . (2015). Plan de Adaptación y Mitigación al Cambio Climático del Parque Nacional Manuel Antonio. Área de Conservación Pacífico Central (ACOPAC). Quepos-Costa Rica. 35 pags.

Figura6