Estado de los Bosques en Centroamérica y República Dominicana ( Región SICA 2025)[1]

Estado de los Bosques en Centroamérica y República Dominicana ( Región SICA 2025)[1]


En 2025, Centroamérica registra una superficie forestal estimada en 23,78 millones de hectáreas, equivalente a aproximadamente el 1 % de la cobertura forestal mundial y a cerca del 47 % del territorio regional aún cubierto por bosques. De esta extensión, se estima que alrededor del 36 % se encuentra bajo alguna categoría de protección dentro de los sistemas nacionales de áreas protegidas, lo que refleja un esfuerzo institucional relevante, aunque insuficiente frente a las presiones persistentes sobre el recurso forestal. Al incorporar la superficie forestal de la República Dominicana, la extensión total de bosques de la región SICA asciende a aproximadamente 26,04 millones de hectáreas.

Evolución de la superficie forestal en el nivel regional

Un elemento clave para la lectura regional centroamericana es la evolución de la tasa de deforestación, que evidencia una disminución sostenida entre 1990 y 2025, al pasar de 292 mil a 201 mil hectáreas por año, equivalente a una reducción cercana al 30 %. No obstante, esta desaceleración no se traduce en una recuperación de la cobertura boscosa. En el mismo período, la superficie forestal de Centroamérica se reduce de 29,626 a 23,783 miles de hectáreas, lo que implica una pérdida acumulada cercana al 20 %.

La mayor contracción se concentra entre 1990 y 2010, seguida de una moderación progresiva del ritmo de pérdida a partir de 2015. Este patrón sugiere avances graduales en políticas públicas, control y gestión forestal, pero no una reversión estructural de la tendencia histórica. En términos netos, la región continúa perdiendo bosques, lo que refuerza la urgencia de transitar desde enfoques predominantemente reactivos hacia estrategias integrales de conservación, restauración y manejo forestal sostenible con impacto a escala regional.

En la Región SICA, la superficie forestal pasa de 31,758 a 26,040 miles de hectáreas, equivalente a una reducción aproximada del 18 %. La trayectoria evidencia que la dinámica regional está dominada por las tendencias centroamericanas, sin efectos compensatorios suficientes de los demás países miembros.

Los datos sugieren que la Región SICA continua en una fase crítica de transición forestal. Sin un cambio de rumbo que combine gobernanza regional, incentivos económicos y financiamiento climático y de biodiversidad, la tendencia seguirá siendo descendente, comprometiendo la resiliencia ambiental y la competitividad territorial de la región.

Evolución forestal por país

La evolución de la superficie forestal entre 1990 y 2025 revela una región en transición, marcada por contrastes profundos: mientras algunos países han logrado estabilizar o incluso recuperar su cobertura forestal, otros continúan perdiendo bosque de manera sostenida. Esta divergencia no es solo ecológica; es también institucional, económica y política.

En términos generales, la región sigue enfrentando una presión estructural sobre sus bosques, asociada a la expansión agropecuaria, el cambio de uso del suelo, la informalidad territorial y la debilidad en la aplicación de la normativa ambiental. Sin embargo, el comportamiento no es homogéneo, y esa diferencia encierra lecciones clave para el diseño de políticas públicas más efectivas.

Países como Guatemala, Honduras y Nicaragua concentran las mayores pérdidas absolutas y relativas de superficie forestal en el período 1990 y 2025. En estos casos, la deforestación no responde a eventos coyunturales, sino a dinámicas persistentes vinculadas a modelos productivos extensivos, ocupación desordenada del territorio y limitadas capacidades de control estatal. La desaceleración observada en los años más recientes no puede interpretarse como una señal de éxito, sino como un posible agotamiento del frente de deforestación, lo que abre una ventana crítica para intervenir antes de que se consolide una pérdida irreversible del capital natural.

Belice y Panamá muestran trayectorias de pérdida más moderada, lo que sugiere una mayor capacidad institucional relativa. No obstante, la tendencia sigue siendo negativa, lo que indica que las políticas actuales han sido insuficientes para alcanzar la estabilización neta de la cobertura forestal. En estos países, el desafío es pasar de la contención parcial a estrategias explícitas de restauración y manejo sostenible.

En contraste, Costa Rica se consolida como un caso emblemático de recuperación forestal sostenida. El aumento progresivo de su superficie boscosa durante más de tres décadas demuestra que la reversión de la deforestación es posible cuando existe coherencia entre políticas públicas, incentivos económicos y gobernanza territorial. La experiencia costarricense no debe verse como una excepción, sino como un referente replicable, adaptado a los contextos nacionales de la región.

De forma similar, aunque en escalas distintas, El Salvador y la República Dominicana muestran señales claras de estabilización y recuperación. En El Salvador, donde la presión demográfica y la escasez histórica de bosques son altas, la ligera recuperación reciente es particularmente significativa. En la República Dominicana, la tendencia positiva sostenida refleja avances en manejo forestal, restauración y control del uso del suelo. Ambos casos refuerzan la idea de que incluso en contextos complejos es posible cambiar la trayectoria forestal.

Desde una perspectiva de política, estos resultados envían varios mensajes. Primero, la pérdida forestal no es inevitable: responde a decisiones —o a la ausencia de ellas— en materia de ordenamiento territorial, incentivos productivos y gobernanza. Segundo, la región requiere estrategias diferenciadas, no soluciones uniformes. Los países con pérdida persistente necesitan priorizar la detención de la deforestación antes de escalar programas de restauración; los países con avances deben consolidarlos y evitar retrocesos.

Asimismo, la superficie forestal debe asumirse como un indicador estratégico transversal, clave para el cumplimiento de compromisos climáticos, de biodiversidad y de desarrollo sostenible. Invertir en conservación y restauración forestal no es solo una decisión ambiental: es una apuesta por la resiliencia climática, la seguridad hídrica, la reducción del riesgo y la competitividad territorial.

Cambio neto anual de superficie forestal por país (2015–2025)

El cuadro 1 evidencia una marcada heterogeneidad en el desempeño forestal de los países de la Región SICA durante el período 2015–2025, con un balance regional aún negativo, pese a la presencia de casos puntuales de recuperación neta.

En el grupo de países con pérdida neta anual de cobertura forestal, Honduras destaca de manera crítica, con una reducción promedio de –66,6 mil ha/año, lo que lo posiciona como el principal foco de deforestación reciente en la región. Le siguen Nicaragua (–22,1 mil ha/año) y Guatemala (–13,6 mil ha/año), configurando un corredor de pérdida forestal estructural en el norte de Centroamérica. Estos valores reflejan presiones persistentes asociadas a expansión agropecuaria, ocupación informal del territorio y limitadas capacidades de control y gobernanza forestal.

Belice (–7,5 mil ha/año) y Panamá (–3 mil ha/año) presentan pérdidas más moderadas, lo que sugiere mayor contención institucional, aunque insuficiente para alcanzar la estabilización neta. En ambos casos, la tendencia negativa indica la necesidad de fortalecer medidas preventivas y escalar programas de restauración.

En contraste, Costa Rica (3,5 mil ha/año) y la República Dominicana (4,3 mil ha/año) muestran ganancias netas de superficie forestal, consolidándose como los principales referentes regionales de recuperación. El Salvador (0,8 mil ha/año) exhibe una estabilización con ligera recuperación, particularmente relevante en un contexto de alta presión demográfica y limitada disponibilidad de bosque remanente.

Desde una perspectiva estratégica, el cuadro revela una región fragmentada en términos de resultados forestales, donde los avances de algunos países no compensan las pérdidas severas de otros. La magnitud de la deforestación en Honduras, Nicaragua y Guatemala neutraliza los esfuerzos de recuperación y mantiene un balance regional negativo.

En conclusión, los datos subrayan la necesidad de políticas diferenciadas y focalizadas: acciones urgentes de contención y gobernanza en los países con mayores pérdidas, y consolidación y escalamiento de los modelos exitosos de recuperación. Sin este enfoque asimétrico, la Región SICA difícilmente logrará revertir la tendencia regional de pérdida de cobertura forestal en el mediano plazo.

[1] Basado en los datos de FAO. 2025. Evaluación de los recursos forestales mundiales 2025. Rome. https://doi.org/10.4060/cd6709es

¿Qué significa que las emisiones de GEI de una empresa estén alineadas con el Acuerdo de París?

En un mundo donde la presión por actuar frente al cambio climático es cada vez mayor, los compromisos empresariales en materia ambiental han dejado de ser voluntarios para convertirse en un imperativo estratégico. Uno de los conceptos más relevantes en esta transición es la alineación de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) con el Acuerdo de París. Pero ¿qué significa exactamente?

El Acuerdo de París, adoptado en 2015, establece un objetivo global: limitar el aumento de la temperatura media del planeta muy por debajo de los 2 °C y hacer esfuerzos para no superar los 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Alcanzar este objetivo requiere una transformación profunda de la economía global, donde las empresas juegan un papel central.

Cuando una empresa declara que sus emisiones están alineadas con el Acuerdo de París, está afirmando que sus operaciones, productos y cadena de valor siguen una trayectoria de descarbonización coherente con la meta de 1,5 °C. Esta afirmación, sin embargo, no puede ser genérica ni simbólica. Requiere evidencia técnica, compromisos verificables y una hoja de ruta clara.

¿Qué implica esta alineación?

  1. Reducciones absolutas de emisiones
    La empresa debe reducir sus emisiones de GEI (Alcance 1, 2 y, cuando corresponda, 3) en valores absolutos, no solo en términos relativos por unidad de producción. Las reducciones deben ser consistentes con los presupuestos globales de carbono definidos por la ciencia climática.
  2. Metas basadas en ciencia (SBTs)
    Las metas deben estar validadas o diseñadas según metodologías del Science Based Targets initiative (SBTi), que aseguran que las metas empresariales son compatibles con escenarios de 1,5 °C.
  3. Plan de transición climática
    La empresa debe contar con un plan técnico, financiero y operativo que oriente sus decisiones hacia la neutralidad de carbono. Esto incluye inversiones en eficiencia energética, energías renovables, rediseño de productos, innovación tecnológica y cambios en modelos de negocio.
  4. Transparencia y rendición de cuentas
    La medición y reporte periódico de emisiones se debe realizar según estándares internacionales como el GHG Protocol. Además, la divulgación debe ser pública y formar parte de marcos como los Estándares NIIF S2 o las recomendaciones del TCFD.
  5. Uso responsable de compensaciones
    Si bien las compensaciones pueden jugar un rol complementario, una empresa alineada con París no basa su estrategia climática en la compra masiva de créditos de carbono, sino en la reducción directa de sus emisiones.

¿Por qué es importante?

Alinear las emisiones con el Acuerdo de París no es solo una respuesta ética o ambiental; es una decisión estratégica y de competitividad. Los inversionistas, reguladores, consumidores y empleados exigen cada vez más compromisos climáticos serios, medibles y verificables. En este contexto, las empresas que no tomen medidas corren el riesgo de perder acceso a mercados, capital y legitimidad.

En contraste, aquellas que se alinean con el Acuerdo de París no solo gestionan mejor sus riesgos climáticos, sino que también acceden a oportunidades de innovación, financiamiento sostenible y liderazgo reputacional en una economía en transición.

Decir que una empresa está alineada con el Acuerdo de París no es una declaración de intenciones: es un compromiso técnico, financiero y operativo con un futuro bajo en carbono. Es, en última instancia, una muestra de responsabilidad corporativa que contribuye a garantizar un planeta habitable para las generaciones presentes y futuras.

Referencias

¿Qué es un Refugio Climático?

En un mundo donde el cambio climático avanza con rapidez y transforma los paisajes que conocemos, el concepto de refugios climáticos se ha convertido en una herramienta clave para la conservación de la biodiversidad. ¿Pero qué es exactamente un refugio climático y por qué es tan importante hoy?

De los glaciares al siglo XXI: una evolución del concepto

Tradicionalmente, los refugios climáticos eran aquellas áreas donde las especies lograron sobrevivir a eventos extremos del pasado, como las glaciaciones. Sin embargo, en la actualidad, el término se ha ampliado para incluir aquellas zonas que, pese al calentamiento global del siglo XXI, podrían seguir ofreciendo condiciones adecuadas para la vida.

Este cambio ha traído consigo nuevas interpretaciones y métodos de análisis, lo que, si bien enriquece el concepto, también puede dificultar su aplicación práctica en proyectos de conservación. Por eso es esencial comprender cómo funcionan estos refugios, dónde se localizan y cómo identificarlos de manera efectiva.

¿Qué hace a un lugar un refugio climático?

Desde una perspectiva funcional, un refugio climático es un área que mantiene condiciones ambientales relativamente estables, protegiendo así a las especies frente a las variaciones extremas del clima. Estos espacios pueden ser de dos tipos:

  • Refugios In situ: donde las especies ya viven actualmente.
  • Refugios Ex situ: nuevas zonas que podrían ser colonizadas naturalmente o mediante asistencia (como corredores biológicos o translocación).

Además, según su tamaño y nivel de detalle, los refugios pueden dividirse en:

  • Macrorefugios: grandes extensiones detectadas mediante modelos climáticos.
  • Microrefugios: pequeñas zonas con microclimas especiales, como quebradas, laderas sombreadas o áreas con alta cobertura vegetal.
  • Refugios hiperlocales: son espacios específicos como cuevas y cavernas que ofrecen condiciones térmicas estables y refugio para especies especializadas. Estos refugios cumplen un rol crítico en la conservación de fauna cavernícola o especies altamente sensibles a los cambios climáticos extremos.

Identificarlos requiere herramientas especializadas, como modelos de alta resolución o sensores térmicos.

¿Clima o hábitat? Dos dimensiones esenciales

Una de las grandes preguntas en la ciencia de los refugios climáticos es: ¿debemos enfocarnos en la estabilidad del clima o en la estabilidad del hábitat? La primera se refiere a la constancia de variables físicas como temperatura y humedad; la segunda, a la permanencia de condiciones ecológicas clave para las especies.

Ambas dimensiones no siempre coinciden, por lo que su integración es fundamental para una conservación realmente eficaz.

Factores que influyen en la efectividad de un refugio

La capacidad de un refugio para mantener la vida depende de varios elementos:

  • Su estabilidad térmica e hídrica.
  • La calidad del hábitat para permitir procesos como la reproducción y la alimentación.
  • La duración del evento climático extremo.
  • La resiliencia de las poblaciones que lo habitan.

Incluso algunas especies sobreviven en condiciones subóptimas mediante estrategias como bancos de semillas o adultos longevos. Estos casos, aunque frágiles, pueden ser clave para futuros procesos de restauración.

¿Cómo identificamos un refugio climático?

Existen diferentes enfoques para localizar estas áreas clave, cada uno con sus ventajas y limitaciones:

1. Modelos climáticos y de nicho ecológico

Utilizan herramientas como MaxEnt o Random Forest para predecir dónde podrían persistir especies bajo futuros escenarios climáticos. También permiten detectar áreas con menor velocidad de cambio climático.

2. Indicadores biofísicos

Analizan el relieve, la orientación de las laderas o la presencia de cuerpos de agua para encontrar microclimas favorables. También se evalúa la conectividad ecológica para asegurar rutas de migración hacia zonas seguras.

3. Enfoque histórico-paleoecológico

Se basa en registros fósiles, sedimentos o polen para identificar regiones que han mantenido su estabilidad durante milenios, incluso frente a eventos extremos como las glaciaciones.

4. Sensores remotos y análisis espacial

Con tecnologías satelitales y geoespaciales, se detectan áreas que conservan vegetación saludable, buen acceso al agua y condiciones térmicas estables a lo largo del tiempo.

5. Enfoque integrado multicriterio

Combina datos climáticos, topográficos, ecológicos y sociales mediante SIG para priorizar zonas con múltiples atributos favorables.

6. Enfoque socioecológico

Reconoce el valor del conocimiento local e indígena. Comunidades que han vivido por generaciones en territorios diversos poseen una sabiduría invaluable sobre áreas naturalmente resilientes. Integrar esta visión enriquece y legitima cualquier estrategia de conservación.

Una herramienta clave para planificar el futuro

Los refugios climáticos no son una receta mágica, pero sí una pieza estratégica para enfrentar el cambio climático y conservar la biodiversidad. Su identificación y protección requieren ciencia, tecnología, participación comunitaria y una mirada de largo plazo.

Proteger estos espacios es proteger también nuestra propia resiliencia como sociedad ante un planeta cambiante. Porque allí donde la vida ha encontrado refugio antes, puede encontrar esperanza nuevamente.

Costa Rica y el límite invisible del carbono

En medio del ruido político, las promesas de desarrollo y los discursos sobre sostenibilidad, hay una cifra tan pequeña como poderosa que debería guiar las decisiones de cualquier país que tome en serio el cambio climático: 2 toneladas de dióxido de carbono por persona, por año. Ese es el límite aproximado de emisiones per cápita compatible con la meta internacional de no superar los 2 °C de calentamiento global. Más allá de esa línea, los riesgos para la vida en el planeta —incluyendo la nuestra— crecen de forma descontrolada.

Este umbral no es una ocurrencia de ambientalistas radicales. Es una estimación basada en el presupuesto global de carbono, una herramienta científica que calcula cuánto CO₂ puede seguir emitiendo la humanidad sin sobrepasar ciertos puntos de no retorno en el sistema climático. Ese presupuesto, si se distribuye de forma equitativa entre la población mundial, nos da una cuota personal de aproximadamente 2.1 toneladas de CO₂ equivalente por persona al año durante los próximos 50 años. Para el escenario más seguro —mantenernos debajo de 1.5 °C de aumento— la cifra baja a 1.5 toneladas o menos, pero esta opción cada vez es más lejana.

Frente a este panorama, Costa Rica tiene una tarea pendiente. Según datos del Joint Research Centre de la Comisión Europea, nuestras emisiones per cápita alcanzan actualmente las 3,185 toneladas de CO₂ equivalente al año (2023), sin considerar el aporte positivo del balance forestal. Reducir esa cifra será cada vez más difícil si no se adoptan decisiones estructurales. El crecimiento urbano desordenado, la expansión del transporte privado, el uso intensivo de fertilizantes en la agricultura y la creciente presión sobre el uso del suelo amenazan con incrementar aún más nuestras emisiones.

Entonces, no podemos seguir por el camino que llevamos, debemos liderar. Como país pequeño, altamente vulnerable y con escasa responsabilidad histórica en la crisis climática, tenemos la legitimidad para exigir acción internacional, pero también la obligación ética de predicar con el ejemplo. Y eso pasa por establecer un camino claro para reducir nuestras emisiones per cápita por debajo del umbral de 2 tCO₂-eq/año, y ojalá acercarnos a 1.5 tCO₂-eq/año.

Eso no implica frenar el desarrollo, sino repensarlo. Requiere avanzar con más decisión en la electrificación del transporte, la transformación de nuestros sistemas alimentarios, la eficiencia energética, la innovación productiva baja en carbono, y sobre todo, en la coherencia de nuestras políticas públicas.

Porque la acción climática no se mide solo en toneladas, sino en decisiones. Y la próxima década será clave. Mientras otros países apenas se acercan a los límites seguros de emisiones, Costa Rica tiene la posibilidad —y el deber— de mantenerse dentro de ellos, y demostrar que un desarrollo con baja huella es no solo necesario, sino posible.

En la batalla global por estabilizar el clima, cada decimal de grado cuenta, y cada tonelada también. Ya conocemos nuestra cuota. El reto ahora es respetarla y, mejor aún, superarla.

Porque en la lucha climática no se trata solo de cuánto emitimos, sino de cuánto podemos permitirnos seguir emitiendo. Y esa respuesta ya la tenemos: menos de 2 toneladas por cabeza por ahora.


REFERENCIAS

European Commission, Joint Research Centre, Crippa, M., Guizzardi, D., Pagani, F., Banja, M., Muntean, M., Schaaf, E., Monforti-Ferrario, F., Becker, W.E., Quadrelli, R., Risquez Martin, A., Taghavi-Moharamli, P., Köykkä, J., Grassi, G., Rossi, S., Melo, J., Oom, D., Branco, A., San-Miguel, J., Manca, G., Pisoni, E., Vignati, E. and Pekar, F., GHG emissions of all world countries, Publications Office of the European Union, Luxembourg, 2024, https://data.europa.eu/doi/10.2760/4002897, JRC138862.

Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Informe sobre la Brecha de Emisiones 2024. No más promesas de humo, por favor. En medio de una enorme disparidad entre lo dicho y lo hecho, los países preparan nuevos compromisos climáticos. Nairobi. https://doi.org/10.59117/20.500.11822/46404

¿Cómo deben responder las empresas al llamado por la biodiversidad? El nuevo indicador del Marco de Kunming-Montreal


La pérdida de biodiversidad ya no es un asunto exclusivo de científicos y conservacionistas. Hoy, empresas, bancos e inversionistas deben asumir un papel más activo para frenar el deterioro de la biodiversidad. Así lo establece el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022 durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad. Entre sus metas, destaca un objetivo clave para el sector privado: garantizar que las empresas divulguen sus riesgos, dependencias e impactos sobre la biodiversidad.

Este compromiso está contenido en la Meta 15 del marco, que busca transformar los patrones de producción y financiamiento empresarial. Para lograrlo, se promueve que las grandes empresas, corporaciones transnacionales e instituciones financieras informen de forma periódica y transparente cómo sus operaciones y decisiones afectan a la biodiversidad.

El instrumento para medir ese avance es un nuevo indicador global: el número de empresas que divulgan públicamente información sobre sus vínculos con la biodiversidad.

¿Qué se espera de las empresas?

Este indicador no solo evalúa el número de empresas que generan reportes ambientales. Va más allá: exige que identifiquen y comuniquen tres aspectos fundamentales:

  1. Riesgos relacionados con la biodiversidad, que pueden ser ecológicos (como la pérdida de hábitats), legales (por demandas por daños ambientales) o estratégicos (vinculados a nuevas regulaciones o cambios de mercado hacia prácticas más sostenibles).
  2. Dependencias, es decir, cómo sus actividades dependen de los servicios que proveen los ecosistemas, como el agua, la polinización o la calidad del suelo.
  3. Impactos, tanto negativos como positivos, directos o indirectos, que sus operaciones generan sobre la biodiversidad y los ecosistemas.

Esta divulgación debe realizarse de forma periódica y alinearse con normas, leyes o estándares reconocidos. Entre ellos se encuentran iniciativas como el Global Reporting Initiative (GRI), el Grupo de Trabajo sobre Divulgación Financiera Relacionada con la Naturaleza (TNFD), o marcos regulatorios como la Directiva de la Unión Europea sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD).

¿Por qué es importante?

Históricamente, muchas empresas han operado desconectadas de los límites ecológicos de nuestro planeta. Esta desconexión ha contribuido a la degradación ambiental que hoy amenaza las mismas bases sobre las que se sustentan las economías. Al exigir la divulgación de riesgos e impactos, la Meta 15 introduce una lógica de responsabilidad y transparencia que permite:

  • Identificar áreas críticas donde se requieren medidas de mitigación o restauración.
  • Reducir progresivamente los impactos negativos sobre la biodiversidad y aumentar los positivos.
  • Brindar a los consumidores información útil para adoptar patrones de consumo más sostenibles.
  • Ofrecer a los gobiernos herramientas para diseñar regulaciones efectivas y direccionar inversiones hacia sectores más sostenibles.

¿Cómo se mide y quién lo reporta?

Para que una empresa cuente dentro del indicador, debe ser reconocida a nivel nacional como “grande” y publicar información clara y accesible al público sobre sus riesgos, dependencias e impactos relacionados con la biodiversidad. Este informe puede elaborarse a nivel de grupo empresarial o bien a través de subsidiarias y franquicias. Lo fundamental es que exista una divulgación formal, verificable y periódica.

Sin embargo, uno de los grandes retos es que aún no existe un sistema consolidado a nivel global que recopile esta información de forma centralizada. La mayoría de los países no cuenta con una entidad específica responsable de su seguimiento, lo cual representa una brecha significativa para monitorear avances reales.

Hacia una nueva cultura empresarial

Este indicador de la Meta 15 representa una oportunidad para que las empresas den un paso adelante en la transición hacia modelos más sostenibles y resilientes. No se trata solo de cumplir con un requisito técnico, sino de reconocer que los negocios no pueden prosperar en un planeta degradado.

La biodiversidad no es solo un bien común: es también una fuente de riesgos financieros, de ventajas competitivas y de innovación para el sector privado. Por ello, medir y divulgar cómo una empresa interactúa con la biodiversidad ya no es una opción, sino una necesidad estratégica.

Fuente: Indicadores para el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. CBD/COP/DEC/15/4 y  CBD/COP/DEC/15/5

CONSUMO Y PRODUCCIÓN SOSTENIBLE: ¿Cuánta comida estamos tirando mientras millones pasan hambre?

Cada vez que tiramos comida a la basura, no solo estamos desperdiciando un recurso valioso, sino también contribuyendo silenciosamente a una crisis global que afecta al planeta y a millones de personas. El desperdicio de alimentos es un problema económico, ambiental y social de proporciones colosales. Se estima que cada año se desperdician más de 1.000 millones de toneladas de alimentos en el mundo. Para ponerlo en perspectiva: más de un tercio de toda la comida que se produce globalmente acaba en la basura. ¿Cómo podemos justificar esta cifra cuando casi 800 millones de personas padecen hambre?

Un costo invisible en cada plato

El valor económico de los alimentos desperdiciados supera el billón de dólares anuales, pero el impacto real va mucho más allá del dinero. Este desperdicio involucra el uso de más del 28 % de las tierras agrícolas del planeta, la explotación de recursos hídricos, energía, fertilizantes y mano de obra, todo para producir alimentos que nunca se consumirán. Como si fuera poco, este ciclo genera entre el 8 y el 10 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, contribuyendo directamente al cambio climático.

La ironía es brutal: mientras se desechan toneladas de comida en supermercados, restaurantes y hogares, 150 millones de niños sufren retrasos en su desarrollo por falta de nutrientes, y millones de familias enfrentan inseguridad alimentaria crónica. En 2022, el 29,6 % de la población mundial vivía con inseguridad alimentaria moderada o grave.

Hogares: el epicentro silencioso del problema

Aunque muchas veces se señala a los supermercados o restaurantes como principales responsables del desperdicio, los datos revelan que los hogares son el mayor foco de este problema. En promedio, se desperdician 79 kg de alimentos por persona al año en las casas, lo que representa cerca del 60 % del total mundial.

En Costa Rica, se estima que cada habitante desperdicia 91 kg de alimentos al año en su hogar, cifra que equivale a más de un millón de toneladas de comida tiradas anualmente. En países vecinos, el escenario no es mejor: Guatemala también reporta 91 kg por habitante al año (más de 1,6 millones de toneladas), Honduras 90 kg (940 mil toneladas), Nicaragua 90 kg (626 mil toneladas), y El Salvador 91 kg (579 mil toneladas). En el Caribe, la República Dominicana lidera con un preocupante 160 kg de alimentos desperdiciados por persona al año, generando casi 1,8 millones de toneladas de residuos.

Estos datos —aunque sujetos a márgenes de incertidumbre— revelan una tendencia alarmante: el desperdicio de alimentos no es solo un problema de países ricos. También está presente en regiones donde el acceso a una dieta balanceada sigue siendo limitado para millones de personas.

Un objetivo global, una responsabilidad compartida

La comunidad internacional ha reconocido la urgencia del problema. La meta 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible busca reducir a la mitad el desperdicio per cápita de alimentos para 2030, tanto a nivel de consumidores como en la cadena de suministro. Paralelamente, la Meta 16 del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal llama a reducir significativamente el consumo excesivo y el desperdicio, en armonía con la naturaleza.

Lograr estos objetivos requiere más que buenas intenciones. Necesitamos marcos legales e incentivos claros que promuevan el consumo responsable, mejoras en la infraestructura de almacenamiento y transporte, programas nacionales de educación alimentaria, y sobre todo, una transformación profunda en nuestra relación con los alimentos.

Una llamada a la acción: gobiernos y empresas tienen un papel clave

Este no es solo un problema de consumidores: los gobiernos deben liderar con decisión la lucha contra el desperdicio alimentario. Es urgente crear políticas públicas que obliguen a reportar y reducir las pérdidas a lo largo de la cadena de suministro, establecer normas claras para el etiquetado de fechas de caducidad y consumo preferente, y promover leyes que incentiven la redistribución de alimentos excedentes a bancos de alimentos y organizaciones sociales.

Por su parte, el sector privado tiene una responsabilidad ineludible. Las empresas alimentarias pueden optimizar sus cadenas logísticas, innovar en empaques sostenibles y ajustarse a modelos de economía circular. Los supermercados pueden fomentar ventas de productos cercanos a su fecha de vencimiento a precios reducidos y donar los excedentes en vez de desecharlos. Además, es vital que los sectores de la restauración, hotelería y eventos incorporen criterios de eficiencia y sostenibilidad en sus operaciones.

Porque en un mundo con tanta comida, nadie debería pasar hambre

Reducir el desperdicio de alimentos no es solo una estrategia ambiental: es una acción ética, económica y socialmente inteligente. Es una oportunidad para reducir costos, combatir el cambio climático, preservar la biodiversidad y, sobre todo, garantizar que más personas tengan acceso a alimentos suficientes y nutritivos.

La lucha contra el desperdicio alimentario debe ser una prioridad nacional e internacional, con compromisos firmes de todos los sectores. Porque mientras millones de personas siguen padeciendo hambre, dejar que la comida acabe en la basura debería considerarse simplemente inaceptable.

Fuente: Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2024). Informe sobre el índice de desperdicio de alimentos 2024. Nairobi.

Biodiversidad de Costa Rica: La conocida, la desconocida y la amenazada

La biodiversidad es uno de los pilares fundamentales para mantener el equilibrio de los ecosistemas. Sin embargo, aún hay muchas especies por descubrir en varios grupos taxonómicos en Costa Rica. Por otra parte, no es posible conservar lo que no conocemos. Este artículo ofrece un análisis del estado actual del conocimiento sobre la biodiversidad, destacando los avances, las brechas pendientes y las especies amenazadas.

Gracias al esfuerzo del Proyecto Biodiversidad en Cifras de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), en colaboración con el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC) y la Comisión Nacional para la Gestión de la Biodiversidad (CONAGEBIO), en 2022 se realizó una actualización de las estimaciones sobre la biodiversidad de Costa Rica. Un ejemplo notable es el aumento en la estimación de especies de insectos, que pasó de 300,000 a 800,000. Asimismo, el número total de especies esperadas en el país se incrementó a 909,000, en comparación con la cifra de medio millón registrada en 1992 (1).

En 2023, se estima que Costa Rica alberga el 7% de las especies esperadas en el mundo y el 11,7% de la biodiversidad global descrita hasta hoy (1). Según los datos más recientes, estos porcentajes se han mantenido estables, lo que refleja la constante riqueza y diversidad biológica del país, especialmente en su lista actualizada de vertebrados.

Este esfuerzo por actualizar las estimaciones de biodiversidad subraya el compromiso de Costa Rica en la conservación y estudio de su increíble diversidad biológica, destacando la necesidad de seguir investigando y protegiendo las especies aún no documentadas y aquellas que se encuentran en peligro.

Vertebrados: Conocimiento completo

Los vertebrados han sido ampliamente estudiados, y los datos muestran una coincidencia perfecta entre las especies esperadas y conocidas en varios grupos:

El gráfico A de la figura 1 presenta las especies de vertebrados esperadas y las ya conocidas en el país, lo que evidencia una cobertura exhaustiva de este grupo. La coincidencia entre las especies identificadas y las estimaciones esperadas sugiere que la biodiversidad de vertebrados ha sido completamente documentada.

Insectos e invertebrados: El gran desafío pendiente

El panorama es muy diferente cuando observamos a los invertebrados. Existe una gran disparidad entre las especies esperadas y las conocidas (Gráfico B de la figura 1), lo que subraya la importancia de seguir explorando y documentando estos grupos:

La cifra total de especies de insectos dentro del territorio nacional aún no se ha establecido con precisión, aunque únicamente en el Área de Conservación Guanacaste ya se han identificado 150.000 especies de insectos, y se anticipa que la cifra total pueda superar las 350.000 especies, aproximadamente igual a la estimación global para el país en años previos (2).

Este grupo requiere de un esfuerzo mayor en investigación, ya que la diferencia entre lo que se espera y lo que se conoce es considerable.

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Obando, V. & Bermúdez, T. (2024)

Figura 1. Especies conocidas en Costa Rica por Grupo taxonómico 2023 (Click para ver imagen ampliada)

Hongos y microorganismos: Un territorio por explorar

Otros grupos, como los hongos, protozoarios y algas, presentan un déficit considerable en cuanto al número de especies documentadas. Por ejemplo, de las 65,000 especies estimadas de hongos, solo 5,693 han sido identificadas, dejando más de 59,000 especies sin documentar. En el caso de los briófitos, la situación es diferente, ya que, aunque no se tiene una estimación clara del número de especies esperadas, hasta la fecha solo se han documentado 800 especies. En cuanto a los protozoarios, se estima la existencia de 9,000 especies, pero solo 670 han sido identificadas, lo que deja una brecha de más de 8,000 especies por descubrir. Por último, en el grupo de las algas, de las 4,500 especies estimadas, solo 420 han sido documentadas, lo que refleja un vacío significativo de más de 4,000 especies sin identificar. Estos grupos en particular requieren mayor investigación, lo que podría revelar nuevas especies y enriquecer nuestro conocimiento de la biodiversidad (Gráfico C de la figura 1).

Plantas vasculares: Biodiversidad completamente documentada

Por otro lado, las plantas vasculares presentan un estado de documentación completo. Se estiman 11,119 especies, las cuales ya han sido identificadas, lo que refleja un exhaustivo trabajo de estudio y conocimiento en este grupo taxonómico (Gráfica D de la figura 1).

Estado de Conservación de las especies

El Índice de la Lista Roja de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) es una herramienta fundamental para medir el riesgo global de extinción de especies en todo el mundo. Este índice se basa en los datos de la Lista Roja de Especies Amenazadas de la UICN, que evalúa el estado de conservación de miles de especies, clasificándolas en distintas categorías de riesgo, desde «Preocupación Menor» hasta «Extinta» (4).

El índice refleja el grado de amenaza que enfrenta la biodiversidad global: a menor valor del índice, mayor es el riesgo de extinción de las especies evaluadas. De manera sencilla, permite seguir la tendencia de las especies a lo largo del tiempo, brindando información clave sobre si su estado de conservación mejora, permanece estable o empeora.

Este índice es también el principal indicador del Objetivo A del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que establece: “Se mantiene, mejora o restaura la integridad de todos los ecosistemas; se incrementa sustancialmente la superficie de los ecosistemas naturales para 2050; se detiene la extinción inducida por el hombre de las especies amenazadas conocidas y, para 2050, la tasa de extinción y el riesgo de todas las especies se reduce a una décima parte, mientras que la abundancia de especies nativas aumenta a niveles saludables y resilientes. Se mantiene la diversidad genética dentro de las poblaciones de especies silvestres y domesticadas, salvaguardando su capacidad de adaptación(5).

Especies amenazadas según la Lista Roja de la UICN en Costa Rica

Las observaciones del siguiente gráfico muestran que los grupos Magnoliopsida, Jungermanniopsida y Liliopsida tienen una alta proporción de especies clasificadas como «Cerca de amenaza», lo que indica una situación menos grave en comparación con otros grupos. En cambio, Insecta, Hydrozoa y Holothuroidea presentan una mayor distribución en las categorías de «En peligro» y «En peligro crítico», sugiriendo una situación más preocupante para estos grupos. Los grupos Malacostraca y Holothuroidea también muestran una significativa proporción en las categorías de «En peligro crítico» y «En peligro», indicando una alta vulnerabilidad. Por otro lado, Anfibios y Aves tienen una mayoría de especies «Cerca de amenaza», pero también una considerable presencia en otras categorías de riesgo. En general, resalta la variabilidad en el nivel de amenaza entre los diferentes grupos taxonómicos, subrayando la necesidad de implementar estrategias de conservación específicas para cada grupo (4).

Figura 2. Porcentaje de especies amenazadas según la Lista Roja de la UICN en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Corrales L. 2024

Especies amenazadas por sistema ecológico

La distribución porcentual de la fauna listada en la Lista Roja de la UICN en Costa Rica para 2024, clasificada por su sistema ecológico, revela una predominancia notable de las especies marinas, que representan el 47% del total. Esto sugiere que casi la mitad de las especies de fauna amenazadas en el país son habitantes de los ecosistemas marinos. En contraste, las especies terrestres constituyen el 26%, mientras que aquellas que ocupan ambientes tanto terrestres como de agua dulce abarcan el 13%. Las especies exclusivamente de agua dulce comprenden el 12%, y las especies de hábitats estuarinos, zonas de transición entre ríos y mares, constituyen la minoría con apenas un 2%. Esta distribución resalta la importancia crítica de enfocarse en la conservación marina y dulceacuícola, sin por ello minimizar la atención hacia la protección de los demás ecosistemas (4).

Figura 3. Distribución porcentual por sistema ecológico de fauna de la Lista Roja de la UICN en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Corrales L. 2024

La siguiente figura muestra el Índice de la Lista Roja (RLI) de supervivencia de aves, anfibios, peces, mamíferos, plantas, reptiles y tiburones en Costa Rica para el año 2023. De acuerdo con el gráfico, las especies de tiburones son las que están avanzando más rápidamente hacia un mayor riesgo de extinción, mientras que los anfibios son, en promedio, el grupo animal más amenazado en comparación con otros vertebrados y las plantas. Los demás grupos de especies muestran una disminución más moderada en su RLI.

De lo anterior, se puede afirmar que, aunque el cambio climático probablemente representa la mayor amenaza para los anfibios, en el caso de los tiburones, la principal amenaza es la pesca. En Costa Rica, el 77% de los desembarques corresponden a especies de tiburones clasificadas como vulnerables en la Lista Roja de la UICN, lo que implica que enfrentan un alto riesgo de extinción si continúan las tendencias actuales. Esto evidencia que las prácticas pesqueras vigentes ejercen una presión significativa, subrayando la necesidad urgente de implementar medidas de gestión y conservación para evitar que estas especies avancen hacia categorías de mayor amenaza (3).

Un valor de RLI de 1.0 indica que todas las especies están clasificadas como de Preocupación Menor (es decir, no se espera su extinción en el futuro cercano), mientras que un valor de 0 representa la extinción total de todas las especies del grupo. Un RLI constante a lo largo del tiempo sugiere que el riesgo global de extinción para el grupo no ha cambiado. Si se lograra reducir la pérdida de biodiversidad, el RLI mostraría una tendencia ascendente.

Figura 4. Índice de la Lista Roja (RLI) de supervivencia de especies de peces, aves, mamíferos, reptiles, plantas anfibios y tiburones de la Lista Roja de la UICN con distribución en Costa Rica 2024 (Click para ver imagen ampliada)

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la Lista Roja de UICN 2024 (4)

En conclusión, Costa Rica ha logrado avances importantes en la documentación de su biodiversidad, alcanzando un conocimiento completo en ciertos grupos taxonómicos, como los vertebrados y las plantas vasculares. Sin embargo, todavía existen grandes brechas de conocimiento en grupos como los insectos, hongos y protozoarios, lo que resalta la necesidad de continuar con la investigación y documentación. El país alberga aproximadamente el 7% de la biodiversidad mundial, pero muchos grupos de especies, especialmente en ecosistemas marinos y terrestres, siguen bajo amenaza, tal como lo indican los datos de la Lista Roja de la UICN. Estos desafíos evidencian la urgencia de implementar estrategias de conservación específicas y de enfocarse en la protección de especies y ecosistemas vulnerables, particularmente en los ambientes marinos y dulceacuícolas.

REFERENCIAS

  1. Obando, V. & Bermúdez, T. (2024).  Resultados del proceso de actualización de datos taxonómicos de la biodiversidad en Costa Rica. II Etapa Proyecto Biodiversidad en Cifras. Escuela de Ciencias Biológicas, Universidad Nacional, Heredia Costa Rica. 
  2. Bermúdez T., y Obando V. (2023).  Biodiversidad en cifras: avances en el conocimiento de especies en Costa Rica. Presentación PowerPoint
  3. Corrales, L. (2024). Tendencias, riesgos e implicaciones de la gestión de la biodiversidad en Costa Rica. Investigación de base para el Informe Estado de La Nación en Desarrollo Humano Sostenible 2024. Programa Estado de la Nación. San José-Costa Rica
  4. IUCN. (2024). The IUCN Red List of Threatened Species. Version 2021-3. https://www.iucnredlist.org. Accessed on [15 April 2024].
  5. UN Environment Programme World Conservation Monitoring Centre (UNEP-WCMC). (2024). Indicators for the Kunming – Montreal Global Biodiversity Framework. https://gbf-indicators.org/

Cuyamel-Omoa: el Sitio Ramsar que se esta llevando el mar en Honduras

“Lo que el mar le está haciendo al sitio Ramsar Cuyamel-Omoa en Honduras muestra lo que el cambio climático podría hacerle, en algún momento, a la costa y a las economías de los poblados costeros del país”

El sitio Ramsar Cuyamel-Omoa se encuentra en la región del Caribe norte de Honduras, en el Departamento de Cortes, Municipio de Omoa, conocido localmente como Valle de Cuyamel y Sierra de Omoa. Fue designado como sitio Ramsar en febrero de 2013 por la Convención de Ramsar, cubriendo un área de 30,029 hectáreas que se dividen en 8,145 Hectáreas de área marina y 21,884 hectáreas de área terrestre (1).

La importancia de este sitio Ramsar se sustenta en que su sistema de humedales se basa en su función como hábitat de especies amenazadas como el manatí antillano (Trichechus manatus), el ave jabirú (Jabiru mycteria), el pez guaso (Epinephelus itajara), el cocodrilo (Crocodylus acutus) y las especies de tortugas marinas Dermochelys coriacea y Eretmochelys imbricate. Este Sitio Ramsar también es vital para las especies acuáticas, especialmente durante sus primeras etapas de vida, ya que contribuyen a las pesquerías del Sistema Arrecifal Mesoamericano que son la base de la economía local. Además, este sistema de humedales mantiene poblaciones de aves acuáticas residentes y migratorias. El humedal entre otros servicios ecosistémicos contribuye a proveer de alimento a las comunidades, regular el flujo de agua, prevenir la intrusión de agua salada y contaminación de acuíferos para las comunidades costeras, protección contra eventos naturales, entre otros. Entre los efectos adversos principales a los que se enfrenta este Sitio están la expansión de la ganadería y el cultivo de palma africana (1).

IMPACTOS DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

El aumento del nivel del mar constituye uno de los indicadores más importantes del cambio climático, porque incorpora la variación de diferentes componentes del sistema climático. Sus impactos físicos son más fáciles de ver y medir que otros impactos del cambio en el clima sobre otros sistemas naturales como los bosques. A lo largo de las costas centroamericanas, en las dos últimas décadas, el Mar Caribe ha mostrado tendencias de expansión térmica (2)- o sea el incremento en el volumen del agua marina a medida que aumenta su temperatura- lo que ha resultado en afectaciones sobre las costas y de manera muy evidente en el Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa.

El aumento del nivel del mar está vinculado a tres factores principales (3):

Expansión térmica: Gran parte del calor en la atmósfera es absorbida por los océanos, los cuales se expanden de acuerdo con las leyes básicas de la física. A mayor calentamiento mayor expansión.

El deshielo de los glaciares y de los casquetes polares:  los glaciares y los casquetes polares se derriten naturalmente en verano. Pero en invierno, las precipitaciones en forma de nieve compensan las pérdidas. Sin embargo, las altas temperaturas que están siendo provocadas por el calentamiento global provoca que cada verano se derrita más hielo y a la vez disminuya la aparición de la nieve, se retrasen lo veranos y se adelanten las primaveras. Ese desequilibrio provoca que el nivel del mar se eleve al llegar esa agua al océano.

Pérdida de hielo en Groenlandia y en la Antártida Occidental: Al igual que con los glaciares y con los casquetes de hielo, el aumento del calor está provocando que las enormes placas de hielo que recubren Groenlandia y la Antártida se derritan a un ritmo acelerado aportando agua a los Océanos como se describió anteriormente.

No obstante, visto desde la tierra, la “expansión térmica” es uno de los contribuyentes más importantes de la subida del nivel del mar el cual actualmente muestra un acumulado de 103 (± 0.4) mm (4) lo que significa un incremento de +3.54 mm (± 0.4) mm/yr al año (5) a nivel global. Este proceso de ascenso puede incrementar varios impactos físicos en las costas, entre ellos:

  • La trasgresión o retroceso de la línea de ribera (erosión de playas y retroceso de acantilados);
  • La ampliación o migración tierra adentro de los terrenos sujetos a inundación mareal, o marismas, con posibilidad de provocar salinización de humedales costeros y acuíferos y de perder hábitats costeros, como playas de anidación de tortugas marinas, por ejemplo;
  • Ampliación de los efectos de las marejadas ciclónicas

Las inundaciones causadas por tales procesos pueden ser temporales o permanentes, lo que depende de la combinación del ascenso del nivel del mar con otros factores como las mareas meteorológicas y astronómicas y los cambios en el oleaje, conduciendo a que las costas sean particularmente vulnerables a dicho proceso porque la mayoría de la actividad económica, la infraestructura y los servicios están localizados en la costa o muy cerca de ella, y las economías locales están concentradas en pocos sectores, como el turismo y la pesca (6).

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN CUYAMEL?

En análisis de las tendencias de aumento del nivel medio del mar a partir de mareógrafos, se observó un cambio en la tendencia lineal evaluada para el intervalo 1948-1968 en Puerto Cortés, Honduras, reflejando un aumento de 9.23 ± 1.05 mm/ año. mientras que para el período 1992- 2012 utilizando datos provenientes de satélites altimétricos, los valores de aumento del nivel en Puerto Cortés muestran una tendencia de aumento de ~1.76 mm/año (7).

El cambio en el nivel medio del mar frente a la costa del sitio Ramsar paso de 0.0337 m/año en noviembre de 1992 a 0.0893 m/año en enero del 2019 (Figura 1) (8) lo que evidencia que las costas del sitio Ramsar se encuentran sufriendo transformaciones producto del proceso de la expansión térmica del mar y deshielo de los casquetes polares, entre otras, producidas por el calentamiento global del planeta (9).

En la zona del sitio Ramsar se ven efectos de erosión costera y salinización de tierras y humedales que podrían tener diversas causas que van desde la geodinámica local provocada por el movimiento de placas, la migración de la desembocadura del río Motagua, el probable aumento de los vientos, la construcción de infraestructura cerca de la costa y el aumento del nivel del mar como se muestra en la figura siguiente.

Figura 1. Anomalía de nivel de mar frente a las costas del Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa en el período 1992-2019

EL FUTURO

Temperatura ambiental

Los escenarios de cambio climático para la microcuenca del río Cuyamel presente en el Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa muestran aumentos de temperatura media anual al año 2030 con un rango de variación de 0,98 C a 1,27 C dependiendo del escenario, mientras que la temperatura mínima presenta un rango de variación de 0.91 a 1.16 C y la temperatura máxima presenta variaciones en el orden de 1.03 C a 1.13 C. Para el año 2050 la variación de la temperatura media estaría en un rango del 1.18 C a 2.12 C, la temperatura mínima mostraría valores entre 1.10 C y 2.00 C y la temperatura máxima de 1.25 C a 2.24 C dependiendo del escenario (10).

Precipitación

Los escenarios de cambio climático para la microcuenca del río Cuyamel presente en el sitio muestran variaciones de la precipitación al año 2030 con un rango de variación de -0.7% de disminución a 2.4% de aumento dependiendo del escenario, y una variación de disminución de -3.0% a un aumento de 2.1% dependiendo del escenario al año 2050 sobre una línea base de precipitación de 2175 mm anuales (10).

En síntesis, los resultados de las simulaciones muestran cambios que varían de acuerdo con el escenario donde hay aumentos y disminuciones, con pequeñas reducciones bajo los escenarios más pesimistas (RCP 6.0 y RCP 8.5) tanto para el año 2030 como para el 2050 (10).

En materia de estrés hídrico en 2030 el mismo podría alcanzar una reducción del 10% y en 2040 del orden del 10 a 20% de agua disponible para los usuarios condicionando cada vez más una competencia entre los usuarios del agua (11).

Nivel del mar

El nivel global del mar ha estado aumentando durante décadas en respuesta a un clima más cálido, y múltiples líneas de evidencia indican que el aumento se está acelerando (12).

La tendencia del aumento del nivel del mar en la costa del Sitio Ramsar Cuyamel-Omoa para el año 2030 tienen una variación de aumento de 0.20 a 0.21 metros, de 0.29 a 0.32 metros en 2040 y de 0.30 a 0.44 metros en 2050 dependiendo del escenario (Figura 2).

Figura 2. Escenarios de aumento del nivel del mar en la costa caribe de Honduras para el período 2020 a 2100 relativas al período 1995-2014 según escenarios de cambio climático del sexto informe de cambio climático del IPCC

Nota: Sobre la base de aumento del nivel del mar de Puerto Cortés

En síntesis, el sitio Ramsar en el futuro cercano presentara mayor intrusión salina, un clima más cálido y una reducción en la disponibilidad de agua dulce que llega al humedal sumado a las presiones antropogénicas lo que conllevara a una transformación del ecosistema como lo conocemos hoy.

LA RESPUESTA

Algunas opciones iniciales de adaptación podrían estar dirigidas a:

  • Enpoderamiento climático de las comunidades con el objetivo de que esten debidamente informados sobre los riesgos y se unan a participar en acciones de adaptación al cambio climático
  • Desarrollar un sistema de vigilancia y alerta temprana ante eventos extremos (por ej. ciclones tropicales, oleaje, vientos locales) producto de la variabilidad climática donde no solo se incluya el Sitio Ramsar sino también las comunidades vecinas,
  • Implementar un esquema de comunicación e información para el manejo de riesgos y la atención de contingencias resultantes de eventos meteorológicos extremos,
  • Identificar zonas críticas y vulnerables para el visitante y los pobladores, bajo eventos extremos y establecer regulaciones para su uso
  • Desarrollar un sistema de monitoreo de los perfiles de playa y dinámica de la playa para modelar los impactos futuros de aumento en nivel del mar y marejada
  • Promover la erradicación de residencias humanas permanentes cercanas a la costa
Río Cuyamel

Referencias

-(1) Ramsar (2022). Sistema de Humedales Cuyamel-Omoa. Servicio de Información sobre Sitios Ramsar. Sitio web: https://rsis.ramsar.org/es/ris/2133?language=es

-(2) BIOMARCC-USAID 2013. Vulnerabilidad y escenarios bioclimáticos de los sistemas marino-costeros a nivel del caribe centroamericano. San José, Costa Rica.

-(3) National Geographic. (2010). El aumento del nivel del mar. https://www.nationalgeographic.es/medio-ambiente/el-aumento-del-nivel-del-mar

-(4) NASA. (2022). Global Climate Change, Vital Signs of the Planet; Sea Level. 3 diciembre 2022, de NASA’s Jet Propulsion Laboratory Sitio web: http://climate.nasa.gov/vital-signs/sea-level/

-(5) AVISO+. (2022). Satellite Altimetry Data. CNES. Sitio web: https://www.aviso.altimetry.fr/en/data/products/ocean-indicators-products/mean-sea-level.html

-(6) Andrade, J. M. (1996). Análisis de la vulnerabilidad de la zona costera ante el ascenso del nivel del mar por un cambio climático global. Costa del Pacífico de Costa Rica. Informe final. Proyecto Centroamericano sobre Cambio Climático-Comité Regional de Recursos Hidráulicos;

-(7) Ballestero, D. y Salazar, P. (2012). Variabilidad y Cambio del Nivel del Mar en Costa Rica. Informe Técnico preparado por el Laboratorio de Oceanografía y Manejo Costero de la Universidad Nacional. Costa Rica:

-(8) NASA Sea Level (1 diciembre 2022). Descarga de datos https://coast.noaa.gov/

-(9) IPCC, 2021: Summary for Policymakers. In: Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Contribution of Working Group I to the Sixth Assessment Report of the Intergovernmental Panel on Climate Change [Masson-Delmotte, V., P. Zhai, A. Pirani, S.L. Connors, C. Péan, S. Berger, N. Caud, Y. Chen, L. Goldfarb, M.I. Gomis, M. Huang, K. Leitzell, E. Lonnoy, J.B.R. Matthews, T.K. Maycock, T. Waterfield, O. Yelekçi, R. Yu, and B. Zhou (eds.)]. Cambridge University Press, Cambridge, United Kingdom and New York, NY, USA, pp. 3−32, doi:10.1017/9781009157896.001.

-(10) Navarro-Racines, C., Monserrate, F., Llanos-Herrera, L, Obando, D. Córdoba, J. (2018). Desarrollo de los Escenarios Climáticos de Honduras y Módulo Académico de Capacitación. Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT); Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD); Dirección Nacional de Cambio Climático de MiAmbiente.

-(11) Hofste, R., S. Kuzma, S. Walker, E.H. Sutanudjaja, et. al. 2019. “Aqueduct 3.0: Updated Decision- Relevant Global Water Risk Indicators.” Technical Note. Washington, DC: World Resources Institute. Available online at: https://www.wri.org/publication/aqueduct-30.

-(12) IPCC 6th Assessment Report Sea Level Projections (12 noviembre 2021). Descarga de datos https://sealevel.nasa.gov/

Una ciudad verde requiere reglas de arborización y espacios verdes

“Este artículo es una publicación original realizada en el Blog Infraestructura Verde del Suplemento Ojo al Clima del Semanario Universidad, del 12 de agosto del 2021

Es innegable que los bosques urbanos son cruciales para dar respuesta a los desafíos esenciales actuales como el calentamiento global, el cambio climático, la degradación del ambiente y la pandemia COVID-19. Lo anterior ha provocado que en los últimos años se esté adquiriendo mayor conciencia de la importancia de los árboles urbanos en el bienestar de los habitantes de la ciudad y, por otra parte, la pandemia ha provocado un despertar sobre la importancia de los espacios verdes. De hecho, numerosos estudios en todo el mundo han demostrado el aumento del uso de la naturaleza urbana durante la pandemia.

Pero, la meta de arborizar la ciudad debe pasar por directrices claras y específicas, más si consideramos que en nuestro medio se busca no solo obtener beneficios directos como el enfriamiento de la ciudad sino contar con una mayor biodiversidad urbana, por lo que se hace necesario establecer algunas reglas básicas para desarrollar un programa forestal urbano exitoso, considerando que cada ciudad es diferente, lo que hace que sea difícil establecer objetivos transferibles entre ellas a través de varios contextos y configuraciones.

La regla de biodiversidad urbana 10-20-30

Los esfuerzos que se hacen en el país conllevan a preguntarse si la arborización, que actualmente se lleva a cabo, contribuye efectivamente a aumentar la biodiversidad de la ciudad o solo estamos llenando la ciudad de árboles sin consideraciones de tipo estructural, de composición y riqueza de especies.

Desde hace varias décadas, el ecólogo forestal urbano Frank Santamour propuso la regla 10-20-30 para garantizar la diversidad de especies en el bosque urbano. La norma establece que ninguna especie arbórea debe componer más del 10% del bosque urbano de un municipio, ningún género debe tener una cuota superior al 20%, y ninguna familia debe componer más del 30% del bosque urbano. Aunque esta regla ha sido debatida a lo largo de los años, se ha hecho ampliamente conocida y adoptada, lo que muy probablemente ha tenido un efecto positivo en la estructura y diversidad de los bosques urbanos. Una regla importante de valorar en las ciudades de un país tan diverso en términos de biodiversidad como el nuestro.

La regla anterior está enfocada en lograr la promoción y el mantenimiento de una biodiversidad arbórea razonable, sin embargo, probablemente debido a que su formulación ocurrió en la década de los 90, no tenía un enfoque que considerara los bienes y servicios proporcionados por la arborización urbana, pero que sí ha contribuido a mantener en contexto la biodiversidad en la ciudad. Actualmente se nos han añadido otras urgencias en los ámbitos de cambios en el clima y la salud pública por lo que han surgido nuevas propuestas de reglas que conduzcan a garantizar que los residentes de las ciudades tengan acceso a los árboles, espacios verdes y beneficios que estos proporcionan en el bienestar humano.

Tomando en consideración lo anterior, recientemente en un artículo publicado en Biophilic Cities Journal ,el ecólogo forestal urbano Cedes Konijnendijken propone la incorporación en las ciudades de una regla complementaria a la de Santamour: la 3-30-300; basándose en numerosas investigaciones relacionadas con los vínculos entre los bosques urbanos y la salud, el bienestar, el cambio climático y el trabajo de organizaciones mundiales influyentes como la Organización Mundial de la Salud.

Sus principales argumentos parten de lograr una meta de llevar los árboles y la naturaleza hasta los barrios de las personas, las calles y las puertas de sus residencias para capitalizar sus muchos beneficios. Es claro considerar que, por el estado de desarrollo de las ciudades, esto no se logre distribuir uniformemente, más si consideramos que las poblaciones más marginadas de la ciudad generalmente son las menos favorecidas de presencia de árboles y espacios verdes, pero que lo que debemos hacer es buscar las oportunidades para mejorar y aumentar esos espacios necesarios donde sea posible.

Además, debemos tomar en cuenta que promover grandes espacios verdes en la ciudad a través de parques como La Sabana, el Parque del Este o el Parque de la Paz son solo segmentos de lo que debemos hacer porque realmente lo que debemos buscar es integrar la infraestructura verde en todos los rincones donde vivimos, trabajamos y nos recreamos para que la naturaleza este a la vista y de fácil acceso de todos sus habitantes.

La regla de los espacios verdes 3-30-300

  • 3 árboles por cada hogar

El primer elemento de la regla es que cada ciudadano debe ser capaz de ver al menos tres árboles (de un tamaño decente) desde su casa.

La pandemia, a través del teletrabajo, nos ha atado a nuestros hogares o barrios de manera directa, dando aún mayor importancia a los árboles cercanos y a otros espacios verdes como jardines y vegetación a lo largo de las calles. Ver el verde desde nuestras ventanas nos ayuda a mantenernos en contacto con la naturaleza y sus ritmos. Proporciona descansos importantes de nuestro trabajo y puede inspirarnos y hacernos más creativos.

A ello debemos de sumarle el hecho de que probablemente el teletrabajo, en alguna medida, continuará siendo parte de nuestra vida laboral. En este apartado debemos preguntarnos cuántos árboles quisiéramos ver desde nuestras casa o apartamentos para solicitarle al municipio una política de arborización congruente con nuestras necesidades.

  • 30% de cubierta de dosel de árboles en cada barrio

Konijnendijken menciona que cada vez más estudios recientes han demostrado una asociación entre el dosel del bosque urbano y el enfriamiento de la ciudad (algo que también hemos demostrado en estudios en Costa Rica), mejores microclimas, salud mental y física y posiblemente también la reducción de la contaminación del aire y el ruido.

En Australia es donde se ha demostrado científicamente que el 30% es un umbral importante, un porcentaje de cobertura de dosel mínimum que asegura que los residentes se beneficien en términos de su salud y bienestar, lo que promueve una mejora en la salud social al sacar a la gente de sus casas a pasar más tiempo libre e interactuando con sus vecinos debido al clima agradable que provoca la sombra de los árboles en las calles y espacios verdes. Este porcentaje tendrá que acomodarse a la situación actual de las ciudades, pero se vuelve muy importante su consideración en los nuevos desarrollos o en aquellos lugares donde predomina el clima seco.

  • A 300 metros del parque o espacio verde más cercano

¿Qué tan cercano debe estar un espacio verde de mi residencia? Konijnendijken propone una distancia de 300 metros basado en resultados de investigaciones. Además, menciona -por ejemplo- que la Oficina Regional Europea de la Organización Mundial de la Salud recomienda que sea una distancia máxima de 500 metros hasta el espacio verde más cercano o que esté de 5 a 10 minutos de caminata segura.

La otra exigencia es que estos espacios verdes sean de alta calidad, un problema fundamental al menos en Costa Rica en estos momentos y abriendo la mente a que estos no necesariamente tienen que ser parques como los conocemos sino pueden ser también corredores para bicicletas o senderos para caminar que atraviesen o circunden la ciudad.

Idealmente, los espacios verdes públicos deben ser, según el autor de la regla, de 1 hectárea de tamaño, algo probablemente difícil de alcanzar en el estado actual de las ciudades, pero señala que entonces un tamaño decente debería ser de al menos 0,5 hectáreas. Aquí no debemos detenernos bajo el argumento de que ya no hay espacios en la ciudad para hacer esto, porque si somos capaces de eliminar escuelas o expropiar parte de barrios para construir una vía de circunvalación para la movilidad de automóviles deberíamos ser capaces de expropiar para crear nuevos espacios verdes en la ciudad.

Implementación de las reglas en ciudades de Costa Rica

Los valores presentados en los párrafos anteriores están basados en investigaciones realizadas en diversas partes del mundo, probablemente tengamos que discutir los valores para las ciudades de Costa Rica, por lo que deberíamos de promover la investigación en esta línea, ya que es claro que tener reglas de este tipo para las ciudades del país permitirá la evaluación comparativa ( a nivel nacional e internacional) así como el fácil seguimiento sobre el progreso de la conversión o creación de ciudades verdes, lo que ayudará a mejorar y expandir el bosque urbano y, con eso, promover la salud, el bienestar, la gestión del riesgo y la resiliencia ante el cambio climático.

Finalmente, no podemos hablar de ciudades verdes si la arborización de estas o la creación de otros espacios verdes no estén basados en reglas provenientes de la ciencia de la ecología urbana. Sembrar un árbol en la ciudad es un acto heroico y muy loable, pero debemos garantizar que, en el futuro, en sus etapas de madurez, estará contribuyendo con el mantenimiento de la biodiversidad de la ciudad y con la resiliencia de la ciudad y los cambios en el clima.

Motivos para conservar la biodiversidad urbana

“Este artículo es una publicación original realizada en el Blog Infraestructura Verde del Suplemento Ojo al Clima del Semanario Universidad, del 2 de diciembre del 2020”

El crecimiento de las ciudades y la expansión de la urbanización inherente plantean una serie de desafíos para quienes pretenden conservar la biodiversidad urbana, básicamente porque para alcanzar metas de conservación se debe lidiar con varios problemas logísticos.

En primer lugar, las zonas urbanas tienen limitaciones de espacio disponible. El precio de la tierra varía dependiendo de su ubicación, que en muchos casos las hace  muy costosas; hay muchos propietarios con múltiples intereses diferentes; algunos de los cuales contradicen una o más de las motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana.

En segundo lugar, el medio ambiente urbano difiere de las zonas silvestres en sus procesos ecológicos y en los desafíos que la flora y fauna enfrentan en los procesos de sobrevivencia y reproducción. Por ejemplo la contaminación acústica y lumínica pueden causar que la fauna cambie sus patrones de actividad, los contaminantes urbanos pueden causan estrés fisiológico y la pérdida de los depredadores superiores puede causar un desbalance en la poblaciones que se pueden convertir luego en plagas en la ciudad.

En tercer lugar, las zonas urbanas no pueden dar cabida a todos los instrumentos de gestión y prácticas utilizados en entornos rurales tradicionales. Esto último lo debemos tener claro para lo cual se deben crear nuevos instrumentos y prácticas que consideren la realidad de la vida urbana y la interacción con la biodiversidad.

Tomando el contexto anterior, conservar la biodiversidad urbana demanda la toma de medidas estudiadas y cuidadosas. Lo primero que debemos hacer es demostrar porque la biodiversidad urbana debe ser conservada, cuáles son sus funciones para el bienestar de los habitantes de la ciudad y cuales especies pueden contribuir a las funciones del ecosistema urbano y a la satisfacción de los habitantes.

Teniendo en mente  los desafíos descritos, consideramos siete motivaciones para la conservación de la biodiversidad urbana:

1. Conservación de una biodiversidad reducida y única.

La mayoría de la población costarricense habita principalmente en una franja altitudinal con buenas condiciones climáticas, al menos hasta ahora, para la agricultura y el asentamiento humano. Esta franja altitudinal resguarda lo que se ha conocido como el Bosque Húmedo Premontano (BHP), el cual -después del bosque tropical seco- es el tipo de bosque más alterado y reducido en Costa Rica. Hace 24 años se reportaba que este tipo de bosque estaba representado por tan solo el 1,75% (9.000 ha) de su cobertura original y con alta tendencia hacia su fragmentación.

Esta destrucción casi total del bosque original pone de relevancia lo reducido y único que puede estar la biodiversidad y plantea la necesidad de tratar de regenerar al menos alguna parte de la misma para recuperar su aporte a los beneficios ambientales que podría ofrecer.

2. Construir redes para la vinculación natural.

El ecosistema urbano se caracteriza porque no contiene bloques de hábitat lo suficientemente grandes para sostener poblaciones viables de la mayoría de fauna y flora, lo que obliga a diseñar estrategias de conservación no tradicionales.

En este sentido es difícil hablar en las ciudades de corredores biológicos porque son difíciles de encajar en las limitaciones del paisaje urbano, lo que sugiere que los diseños deben estar centrados en redes de conectividad basados en la diversidad de parches que aún se mantienen donde los grandes parques urbanos y los reductos de parches grandes ofrecen una clave como nodos y para ello las aves son grandes indicadores de esa conectividad a través de su movimiento en la matriz urbana.

Este desafío de regenerar la biodiversidad en las ciudades puede dar muchas lecciones para la conservación de la biodiversidad hacia el futuro en diversos ambientes dominados por la especie humana.

3. Resiliencia en la ciudad.

La permanencia de espacios verdes en la ciudad contribuye con los procesos naturales del ciclo del agua evitando inundaciones no deseadas y sobre todo produciendo efectos de enfriamiento de la ciudad causados por el exceso de infraestructura gris y asfalto, convirtiéndose así en una de las medidas más económicas y con mayor cantidad de co-beneficios en un mundo cada vez más cálido.

Además, las poblaciones naturales tendrán que adaptarse a la futura urbanización. La protección de las áreas naturales dentro de la matriz urbana puede ayudar a suavizar esta transición y proporcionar una oportunidad para saber más sobre las respuestas desconocidas de la biodiversidad a una serie de regímenes de gestión.

En un sentido más amplio, los ecosistemas urbanos pueden servir como modelos para comprender y mitigar los efectos del inminente cambio ambiental en zonas no urbanas, así el estudio del ecosistema urbano puede ayudar a los conservacionistas a anticipar y mitigar los efectos del cambio climático. Además, la conservación de las zonas urbanas en la actualidad puede proporcionar un refugio para especies o genotipos únicos que se adapten mejor al estado futuro de los entornos no urbanos actuales.

4. Conectar a la gente con la naturaleza.

El futuro de la conservación de la biodiversidad se decide en las ciudades, donde se concentran los poderes políticos y económicos que no están regularmente expuestos a los ecosistemas naturales. Además, las zonas urbanas ofrecen una oportunidad para sensibilizar y educar a grandes cantidades de personas, incluyendo aquellas que carecen de los medios o la motivación para  viajar a zonas no urbanas, donde la exposición basada en la educación sobre conservación de la biodiversidad se ha ubicado tradicionalmente.

Más allá de estas cuestiones de educación ambiental básica, las zonas urbanas también pueden ofrecer oportunidades para una participación más activa en la regeneración ecológica y la vigilancia del deterioro ambiental. Aparte de esta necesidad de educación, las experiencias personales darán forma a los valores, y los valores darán forma a las decisiones políticas. Por lo tanto, los responsables de las políticas deben tener una visión positiva directa a partir de sus experiencias con la biodiversidad de la ciudad, lo que puede llevar a una retroalimentación positiva basada en la experiencia y practicada en la política.

5. Servicios ecosistémicos.

Los residentes urbanos obtienen muchos beneficios de los ecosistemas tanto naturales como los gestionados dentro de los límites urbanos. Los servicios de los ecosistemas son de varios tipos: uno de ellos es conocido como servicios de provisión, en los cuales se incluye los alimentos, el agua y materias primas. Aunque la mayoría de los alimentos que se consumen en la ciudad son importados, algunos son producidos en tierras agrícolas dentro de la ciudad o, por ejemplo, el agua que es consumida en la ciudad y que proviene en muchos casos de cuencas locales.

Un segundo tipo son los servicios de regulación, que son muy importantes para mantener la vida y mantener un ambiente equilibrado. La vegetación ayuda a hacerle  frente al calentamiento urbano y al riesgo de inundación. Además, sirve como barrera para controlar la dispersión de la contaminación y el ruido producido por el intenso tráfico. Otro ejemplo surge con los pequeños humedales que pueden mejorar la hidrología urbana absorbiendo los contaminantes o amortiguando las inundaciones.

Un tercer tipo de servicios del ecosistema apoya el funcionamiento de la polinización y el reciclaje de nutrientes en el ecosistema. Algunos insectos y aves de la ciudad pueden ser claves como polinizadores, dado el creciente interés en la promoción de la agricultura urbana a pequeña escala.

Por último están los servicios culturales, que comprenden una combinación de beneficios incluyendo el bienestar mental y físico, la educación y el patrimonio cultural. Así, por ejemplo, los parques públicos son un espacio importante para la recreación y relajación, proporcionando oportunidades para numerosas actividades recreativas. Diversos estudios han demostrado que el uso de los espacios verdes en la ciudad trae consigo importantes beneficios para la salud. 

6. Espacios verdes para los habitantes.

Cada vez hay más evidencia científica de que los espacios verdes urbanos son importantes para el bienestar físico y mental de las personas. En parte por esta razón, las autoridades municipales deberían hacer grandes inversiones en el mantenimiento de estos espacios y en su mejoramiento, a la vez que se deberían proponer y construir más en la ciudad.

La gente usa los espacios verdes de la ciudad para una amplia variedad de actividades, incluyendo la relajación, las excursiones familiares, el arte, la fotografía y el ejercicio físico. Esto significa que las preferencias por determinados tipos de espacios verdes están fuertemente influenciadas por los intereses y necesidades individuales, esto conlleva a que su mejoramiento o diseño debe contar con la participación de los usuarios.

El uso recreativo de los espacios verdes es una consideración importante al planificar los espacios verdes en la ciudad, pero también deben considerarse otros tipos de valor y uso. Entre ellos figuran el valor para la conservación (por ejemplo, la biodiversidad, el patrimonio cultural), la conectividad de la red (por ejemplo, para el transporte, la ecología, la hidrología, el turismo) y la calidad estética.

A menudo hay que hacer concesiones entre estos diversos usos, por lo que el diseño y establecimientos de estos deben considerar estudios técnicos que ayuden a los planificadores y diseñadores a tomar mejores decisiones.

7. Cumplir con las responsabilidades éticas.

Tenemos una obligación ética de convivencia con todos los seres vivos que comparten este planeta con nosotros, por lo que debe ser una razón directa la conservación de la biodiversidad. En muchas tradiciones filosóficas, religiosas y seculares, hay una responsabilidad de ser buenos administradores del planeta. La conservación de la biodiversidad en las zonas urbanas podría facilitar el cumplimiento de estas obligaciones morales porque las oportunidades de conservación están localizadas cerca de nuestros barrios y viviendas.

Esta proximidad geográfica nos permite experimentar más fácilmente nuestros mandatos éticos o religiosos. Para los habitantes que aún no tienen conciencia de esta responsabilidad ambiental, la exposición a la biodiversidad urbana (en particular a través de programas educativos) puede ayudar a inculcar una conservación ética.

Finalmente, los problemas de la conservación de la biodiversidad urbana no son insuperables, pero el éxito requiere de una planificación cuidadosa y basada en ciencia. Debemos partir de la pregunta del por qué la biodiversidad urbana debe ser conservada y qué especies o funciones del ecosistema son los que deseamos mantener y qué podemos lograr de nuestro entorno urbano.

Sin una meta de partida, la implantación de las acciones no serán efectivas y los limitados recursos destinados para la conservación de la biodiversidad urbana pueden ser desperdiciados.