En 2025, Centroamérica registra una superficie forestal estimada en 23,78 millones de hectáreas, equivalente a aproximadamente el 1 % de la cobertura forestal mundial y a cerca del 47 % del territorio regional aún cubierto por bosques. De esta extensión, se estima que alrededor del 36 % se encuentra bajo alguna categoría de protección dentro de los sistemas nacionales de áreas protegidas, lo que refleja un esfuerzo institucional relevante, aunque insuficiente frente a las presiones persistentes sobre el recurso forestal. Al incorporar la superficie forestal de la República Dominicana, la extensión total de bosques de la región SICA asciende a aproximadamente 26,04 millones de hectáreas.
Evolución de la superficie forestal en el nivel regional
Un elemento clave para la lectura regional centroamericana es la evolución de la tasa de deforestación, que evidencia una disminución sostenida entre 1990 y 2025, al pasar de 292 mil a 201 mil hectáreas por año, equivalente a una reducción cercana al 30 %. No obstante, esta desaceleración no se traduce en una recuperación de la cobertura boscosa. En el mismo período, la superficie forestal de Centroamérica se reduce de 29,626 a 23,783 miles de hectáreas, lo que implica una pérdida acumulada cercana al 20 %.
La mayor contracción se concentra entre 1990 y 2010, seguida de una moderación progresiva del ritmo de pérdida a partir de 2015. Este patrón sugiere avances graduales en políticas públicas, control y gestión forestal, pero no una reversión estructural de la tendencia histórica. En términos netos, la región continúa perdiendo bosques, lo que refuerza la urgencia de transitar desde enfoques predominantemente reactivos hacia estrategias integrales de conservación, restauración y manejo forestal sostenible con impacto a escala regional.
En la Región SICA, la superficie forestal pasa de 31,758 a 26,040 miles de hectáreas, equivalente a una reducción aproximada del 18 %. La trayectoria evidencia que la dinámica regional está dominada por las tendencias centroamericanas, sin efectos compensatorios suficientes de los demás países miembros.
Los datos sugieren que la Región SICA continua en una fase crítica de transición forestal. Sin un cambio de rumbo que combine gobernanza regional, incentivos económicos y financiamiento climático y de biodiversidad, la tendencia seguirá siendo descendente, comprometiendo la resiliencia ambiental y la competitividad territorial de la región.

Evolución forestal por país
La evolución de la superficie forestal entre 1990 y 2025 revela una región en transición, marcada por contrastes profundos: mientras algunos países han logrado estabilizar o incluso recuperar su cobertura forestal, otros continúan perdiendo bosque de manera sostenida. Esta divergencia no es solo ecológica; es también institucional, económica y política.
En términos generales, la región sigue enfrentando una presión estructural sobre sus bosques, asociada a la expansión agropecuaria, el cambio de uso del suelo, la informalidad territorial y la debilidad en la aplicación de la normativa ambiental. Sin embargo, el comportamiento no es homogéneo, y esa diferencia encierra lecciones clave para el diseño de políticas públicas más efectivas.
Países como Guatemala, Honduras y Nicaragua concentran las mayores pérdidas absolutas y relativas de superficie forestal en el período 1990 y 2025. En estos casos, la deforestación no responde a eventos coyunturales, sino a dinámicas persistentes vinculadas a modelos productivos extensivos, ocupación desordenada del territorio y limitadas capacidades de control estatal. La desaceleración observada en los años más recientes no puede interpretarse como una señal de éxito, sino como un posible agotamiento del frente de deforestación, lo que abre una ventana crítica para intervenir antes de que se consolide una pérdida irreversible del capital natural.
Belice y Panamá muestran trayectorias de pérdida más moderada, lo que sugiere una mayor capacidad institucional relativa. No obstante, la tendencia sigue siendo negativa, lo que indica que las políticas actuales han sido insuficientes para alcanzar la estabilización neta de la cobertura forestal. En estos países, el desafío es pasar de la contención parcial a estrategias explícitas de restauración y manejo sostenible.

En contraste, Costa Rica se consolida como un caso emblemático de recuperación forestal sostenida. El aumento progresivo de su superficie boscosa durante más de tres décadas demuestra que la reversión de la deforestación es posible cuando existe coherencia entre políticas públicas, incentivos económicos y gobernanza territorial. La experiencia costarricense no debe verse como una excepción, sino como un referente replicable, adaptado a los contextos nacionales de la región.
De forma similar, aunque en escalas distintas, El Salvador y la República Dominicana muestran señales claras de estabilización y recuperación. En El Salvador, donde la presión demográfica y la escasez histórica de bosques son altas, la ligera recuperación reciente es particularmente significativa. En la República Dominicana, la tendencia positiva sostenida refleja avances en manejo forestal, restauración y control del uso del suelo. Ambos casos refuerzan la idea de que incluso en contextos complejos es posible cambiar la trayectoria forestal.
Desde una perspectiva de política, estos resultados envían varios mensajes. Primero, la pérdida forestal no es inevitable: responde a decisiones —o a la ausencia de ellas— en materia de ordenamiento territorial, incentivos productivos y gobernanza. Segundo, la región requiere estrategias diferenciadas, no soluciones uniformes. Los países con pérdida persistente necesitan priorizar la detención de la deforestación antes de escalar programas de restauración; los países con avances deben consolidarlos y evitar retrocesos.
Asimismo, la superficie forestal debe asumirse como un indicador estratégico transversal, clave para el cumplimiento de compromisos climáticos, de biodiversidad y de desarrollo sostenible. Invertir en conservación y restauración forestal no es solo una decisión ambiental: es una apuesta por la resiliencia climática, la seguridad hídrica, la reducción del riesgo y la competitividad territorial.
Cambio neto anual de superficie forestal por país (2015–2025)
El cuadro 1 evidencia una marcada heterogeneidad en el desempeño forestal de los países de la Región SICA durante el período 2015–2025, con un balance regional aún negativo, pese a la presencia de casos puntuales de recuperación neta.

En el grupo de países con pérdida neta anual de cobertura forestal, Honduras destaca de manera crítica, con una reducción promedio de –66,6 mil ha/año, lo que lo posiciona como el principal foco de deforestación reciente en la región. Le siguen Nicaragua (–22,1 mil ha/año) y Guatemala (–13,6 mil ha/año), configurando un corredor de pérdida forestal estructural en el norte de Centroamérica. Estos valores reflejan presiones persistentes asociadas a expansión agropecuaria, ocupación informal del territorio y limitadas capacidades de control y gobernanza forestal.
Belice (–7,5 mil ha/año) y Panamá (–3 mil ha/año) presentan pérdidas más moderadas, lo que sugiere mayor contención institucional, aunque insuficiente para alcanzar la estabilización neta. En ambos casos, la tendencia negativa indica la necesidad de fortalecer medidas preventivas y escalar programas de restauración.
En contraste, Costa Rica (3,5 mil ha/año) y la República Dominicana (4,3 mil ha/año) muestran ganancias netas de superficie forestal, consolidándose como los principales referentes regionales de recuperación. El Salvador (0,8 mil ha/año) exhibe una estabilización con ligera recuperación, particularmente relevante en un contexto de alta presión demográfica y limitada disponibilidad de bosque remanente.
Desde una perspectiva estratégica, el cuadro revela una región fragmentada en términos de resultados forestales, donde los avances de algunos países no compensan las pérdidas severas de otros. La magnitud de la deforestación en Honduras, Nicaragua y Guatemala neutraliza los esfuerzos de recuperación y mantiene un balance regional negativo.
En conclusión, los datos subrayan la necesidad de políticas diferenciadas y focalizadas: acciones urgentes de contención y gobernanza en los países con mayores pérdidas, y consolidación y escalamiento de los modelos exitosos de recuperación. Sin este enfoque asimétrico, la Región SICA difícilmente logrará revertir la tendencia regional de pérdida de cobertura forestal en el mediano plazo.
[1] Basado en los datos de FAO. 2025. Evaluación de los recursos forestales mundiales 2025. Rome. https://doi.org/10.4060/cd6709es
